
Insólita "guerra" por la vestimenta papal
Varios sastres se disputan la atención del Pontífice, cuya imagen se vio renovada
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ROMA.- ¿Benedicto XVI viste exclusivos mocasines rojo fuego de Prada?
Mientras arrecia el compás de espera por supuestos cambios en puestos clave del Vaticano, algunos medios han puesto la lupa en un aspecto más mundano del nuevo pontificado de Joseph Ratzinger: su look, muy a la moda, que habría dado lugar a una "guerra de sastres".
Así, la prensa británica no sólo reveló que los famosos mocasines rojos que calza el Pontífice son de la elegantísima y carísima casa Prada -que no confirmó ni desmintió el dato-, sino también que al sucesor de Pedro utiliza costosos anteojos para sol, de moderno diseño, durante audiencias demasiado soleadas.
Los mocasines rojos de Benedicto XVI -muy distintos de los marrones que solía usar Juan Pablo II-, fueron vistos y fotografiados por primera vez pocos días después de su elección, cuando Ratzinger tuvo la primera audiencia pública con periodistas en el Aula Pablo VI. Era el sábado 23 de abril, y entonces llamó muchísimo la atención lo corta que le quedaba la casulla blanca, evidentemente mal cosida luego de un cónclave relámpago.
Así fue como, según las indiscreciones, habría nacido una virtual "guerra de sastres" alrededor del Pontífice.
Benedicto XVI, de hecho, habría decidido quebrar la larguísima tradición -iniciada por Pío VI, Giovanni Angelo Braschi, en 1793- de que los jefes de la Iglesia Católica se vistieran en Gammarelli, una casa de ropa para eclesiásticos del barrio del Pantheon, en el corazón de Roma, que había preparado los tres nuevos trajes papales -small, medium, large-, que en los días anteriores al cónclave ostentaba en la vidriera.
El ex custodio de la ortodoxia católica habría optado por Mancinelli, una tienda más pequeña y joven -pues tiene apenas 20 años-, que prepara casullas más cómodas y quizá mejor confeccionadas. "Los hábitos de Gammarelli están cosidos en violación de todas las reglas del arte de la sastrería", dijo Raniero Mancinelli a la prensa alemana. "El Papa no estaba visiblemente cómodo en esos trajes, y entonces nos llamó a nosotros, rompiendo la tradición", agregó.
Furioso, Gammarelli negó semejantes declaraciones, que consideró "vulgarmente falsas", y aseguró: "Estamos siempre en contacto con la oficina del Santo Padre, que quizá recibió algún regalo [de parte de su rival Mancinelli]".
Lo cierto es que el Corriere della Sera embarró aún más las cosas, al asegurar que en verdad Benedicto XVI abandonó tanto Gammarelli como Mancinelli, y optó por Alessandro Cattaneo. Un tercer sastre en disputa, al que en realidad Ratzinger solía comprarle ropa en la tienda Euroclero, cuando era cardenal.
Mientras desde los palacios vaticanos reina el silencio sobre la "guerra de los sastres" -¿cómo hablar de cosas tan terrenales?-, la revista Panorama aseguró que los modistos papales llegaron a un acuerdo de no beligerancia: "Gammarelli conserva el título de sastre pontificio, pero el Papa Ratzinger sigue comprando los suministros más corrientes en Euroclero".


