
Irakli Kurashvili: “Rusia sigue siendo una amenaza para Georgia”
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Georgia tiene una vieja deuda de gratitud con Buenos Aires. Hace un siglo, el Estado argentino, presidido entonces por Hipólito Yrigoyen, fue la primera nación del mundo que reconoció a la primera Republica de Georgia como país independiente.
El actual embajador Irakli Kurashvili, que llegó hace cinco meses, no se cansa de explicar a LA NACION las similitudes entre la Argentina y esta exrepública soviética sobre el Mar Negro, con cuatro millones de habitantes y una superficie similar a la provincia argentina de Formosa. Menciona desde el "carácter jovial" de ambos pueblos, hasta una fuerte industria vinícola que, en el caso georgiano, es considerada la más antigua del mundo tras el reciente descubrimiento de restos de toneles de 8000 años de antigüedad.
La economía de Georgia viene creciendo a un ritmo sostenido de casi el 4% anual, figura en el noveno lugar del ranking del Banco Mundial Doing Business, y sueña con potenciar su crecimiento integrándose plenamente a la Unión Europea. Pero a la vez quiere formar parte de la OTAN porque siente que su seguridad está bajo la amenaza de Rusia. La semana pasada se cumplieron diez años de que el poderoso vecino del norte libró una cruenta guerra que terminó desalojando a las fuerzas georgianas de Abjasia y Región de Tskhinvali-Osetia del Sur. Pese a que esos territorios se declararon "independientes", Kurashvili recuerda que "desde las fuerzas que ocupan la región, hasta muchos de los ministros de su 'gobierno' e incluso su moneda, son rusos".
-En México hay una histórica frase que dice "tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos". ¿En Georgia sería: "tan lejos de Bruselas y tan cerca de Rusia"?
- Yo diría que Georgia está muy cerca de Bruselas. Históricamente mantuvimos una fuerte conexión cultural y económica con el resto de Europa. Y los europeos también lo perciben así. De hecho, luego del Acuerdo de Asociación con la a Unión Europea (UE) que entró en vigencia en 2016, Georgia figura en todos los mapas de Europa. Cuando hicimos el referéndum en 2008 para ingresar a la OTAN, más del 75% de los georgianos votaron a favor. Y hace pocos días el gobierno anunció su "programa renovado" que insiste en nuestra aspiración "europea y euroatlántica", porque lo vemos como una garantía para nuestra seguridad.
- ¿Y cuáles son hoy las amenazas a su seguridad?
- En la guerra de agosto de 2008 Rusia ocupó el 20% de nuestro territorio en Abjasia y Región de Tskhinvali-Osetia del Sur, y aún hoy mantiene allí sus bases militares. Duele mucho que a pocos kilómetros de nuestra capital, Tbilisi, los georgianos no podamos cruzar la línea de ocupación porque hay fuerzas rusas. La gente que vive en la zona cercana no puede ir a visitar a sus parientes. El sentimiento es de rabia y de impotencia. Sigue siendo una herida abierta.
- ¿Cuál es la situación de los desplazados por el conflicto? Se estima en casi 300.000 personas. ¡Casi la décima parte de la población de Georgia está desplazada!
- Nosotros presentamos todos los años nuestro reclamo en la ONU y cada vez crece más el número de países que apoya el derecho a lo que se llama "regreso digno" a sus tierras. El problema es que hay pueblos enteros que han sido destruidos por las fuerzas de ocupación, así que muchos desplazados ni siquiera tienen adonde volver. Además no se permite el ingreso de observadores internacionales, sólo de la Cruz Roja. Lo que ocurre allí es un verdadero agujero negro.
¿Cuál es entonces la estrategia de su gobierno respecto de esa región y las relaciones con Rusia?
-Desde 2009 tenemos las Conversaciones de Ginebra. Aunque quizás el único logro hasta ahora fue que se mantuvo una relativa paz. Y con Rusia estamos aplicando lo que llamamos "acercamiento pragmático". Nuestros dos pueblos tienen un intenso intercambio. Rusia consume mucho vino georgiano y anualmente casi un millón y medio más de rusos vienen todos los años a nuestras playas del Mar Negro y a las montañas de Georgia. No hay hostilidad hacia el pueblo ruso. Pero desde el punto de vista político hay una línea roja en la que nunca vamos a ceder y es la defensa de nuestra integridad territorial que incluye las regiones de Abjasia y la Región de Tskhinvali-Osetia del Sur.


