
Italia: ola de violencia contra gitanos
Crece la tensión en Nápoles, donde incendiaron tres campamentos de rumanos
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ROMA.- "Todos estamos temblando: después de lo que pasó en Nápoles tememos que también vengan a atacarnos a nosotros." Pollera larga, trenza negra, grandes aros redondos, Donizade Costacke, una gitana de origen rumano que vive en el campo nómade de Muratella, en la periferia de Roma, lucía ayer aterrada.
"Si alguien cometió un delito tienen que castigarlo, pero no es justo que nos culpen a todos. Tienen que diferenciar a los que somos honestos y trabajamos. No pueden ponernos a todos en la misma bolsa", decía a LA NACION mientras un helicóptero sobrevolaba la zona.
El temor de Donizade, que vive, hacinada, junto con 67 familias en 64 contenedores en un asentamiento nómade parecido a un gueto, era explicable. Una alarmante ola de violencia contra gitanos se ha desatado en los últimos días en Nápoles. Y el gran miedo es que esta virtual caza de brujas se expanda al resto de Italia.
Todo comenzó después de que una gitana de 16 años intentó presuntamente secuestrar a un bebe de seis meses en Ponticelli, periferia de Nápoles, el sábado pasado.
La gitana debió ser protegida por la policía para no ser linchada por la gente del lugar, que luego tomó represalias, primero con golpizas y pedradas y después lanzando bombas molotov que incendiaron cinco campos nómades de la zona.
Ayer, los bomberos tuvieron que apagar tres incendios y evacuar distintos asentamientos. Mientras fueron vistos grupos de italianos que celebraban las llamas cantando y bailando, la violencia obligó a trasladar a todos los gitanos a un mismo campamento bajo protección policial, con paradero desconocido.
Pese a que la misma alcaldesa de Nápoles, Rosa Russo Iervolino, y todo el mundo político, asociaciones culturales y grupos católicos condenaron estos hechos "violentos y racistas" en forma unánime, en los campos de gitanos de esta capital era palpable el miedo. Y hasta reinaba un clima de sospecha.
"Para mí, la joven gitana de Nápoles entró a robar, la agarraron, le dieron una paliza y para justificarlo inventaron lo del rapto del bebe", dijo a LA NACION Ion Bambalau, jefe del campo de gitanos de Muratella.
"Nosotros los gitanos robamos dinero, relojes de oro, cadenitas, pero nunca niños", agregó Ion, que reside legalmente en Italia y trabaja como chofer de un ómnibus que lleva a los niños del asentamiento a un colegio de la comuna.
Más allá de los graves incidentes de Nápoles, los gitanos -que en Italia son unos 500.000, la mayoría procedente de los Balcanes- temen el giro a la derecha que ha dado la Península.
Odio y miedo
El ex fascista Gianni Alemanno, que fue recientemente elegido alcalde de esta capital, prometió desmantelar todos los campos nómades que hay aquí y expulsar a 20.000 inmigrantes ilegales. El flamante ejecutivo de Silvio Berlusconi, en el cual la xenófoba Liga Norte tiene un gran peso, por otra parte, se apresta a aprobar, la semana próxima, un paquete de seguridad que incluye medidas durísimas contra los inmigrantes clandestinos, en especial contra los rumanos, que desde 2007 son miembros de la Unión Europea.
"La gente está muy nerviosa, tiene mucho miedo, vive mal esta situación", explicó a LA NACION Natalia Cherubini, asistente social de gitanos. En el campo nómade de Castel Romano, un asentamiento en medio de la nada, veinte kilómetros al sur de Roma, también reinaba un clima de terror. Incluso se veía un auto de la policía en la entrada de este campo de casillas prefabricadas en las que viven siete personas en dos cuartos, donde no hay agua potable.
"Los italianos están fomentando odio en contra nuestra, quieren hacer una limpieza étnica", denunció Cismic Odissei, un gitano con grandes bigotes de origen bosnio.
Si los gitanos que residen legalmente en Italia estaban aterrados, los ilegales casi no tenían palabras. "Siempre vivimos con miedo de que la policía venga y nos eche", dijo Daniella, una mujer de 40 años de un grupo que vive en condiciones infrahumanas en el barrio de Magliana. "Pero acá estamos mejor que en Rumania", confesó.






