Kandahar, donde la sombra del mullah Omar sigue al acecho
Su paradero continúa siendo un misterio
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KANDAHAR.- "El mullah Omar está por acá y los norteamericanos seguro saben dónde se encuentra. En cualquier momento puede volver... Como quizá también Osama ben Laden, que está vivo."
Aunque la dictadura religiosa de los estudiantes del Corán, seguidores del mullah Omar, terminó, en esta ciudad que fue su bastión durante más de seis años el fantasma de los talibanes y de su amigo Osama ben Laden sigue al acecho.
Mohammad Qasim, un comerciante de 58 años, con tres mujeres, 16 hijos y 4 nietos, no tiene dudas de que es posible un regreso del mullah Omar, o incluso del multimillonario terrorista saudita al que hospedó, Osama ben Laden: "¿Cómo puede ser que los norteamericanos, que usaron a ambos para cumplir su objetivo de tener una base estratégica en nuestro país, no puedan atraparlos?", se pregunta, mientras ofrece un té verde y frutas secas en el living de su casa, por suerte dotada de ventilador de techo.
¿Alguna vez vio al mullah Omar o a Ben Laden en Kandahar? "A Osama, nunca -contesta-, pero al mullah, que en verdad no era un mullah, sino un hombre simple, analfabeto, lo vi dos veces: una, cuando mostró el manto del profeta Mahoma (N. de la R.: se trata de las únicas imágenes televisivas que hay de él), y otra, un viernes, cuando de repente vino a dar el sermón en la mezquita."
En Kandahar, una ciudad de 700.000 habitantes donde hay entre 400 y 500 templos islámicos -no por nada fue la primera ciudad conquistada por los estudiantes del Corán, en 1994-, hay dos que son más que especiales. Uno es el que comenzó a construir el mullah Omar, en el centro de la ciudad: allí aún se levantan una enorme grúa, pilares de cemento y esqueletos de inmensos minaretes. En el cartel donde está el dibujo del proyecto de la inmensa mezquita, el nombre de Omar ha sido tachado. La otra mezquita, denominada "de Osama ben Laden", porque él fue quien la financió en señal de agradecimiento por la protección talibana, tiene una cúpula celeste impresionante. Y queda en la periferia, en una colina muy cercana a la que fue casa del mullah Omar, hoy en manos de las fuerzas especiales estadounidenses.
Rodeada de un parque enorme, donde han plantado miles de árboles como para crear un oasis en medio del desierto, la mezquita también está a medio terminar, según cuenta Shafiq, uno de los seis jardineros del sitio. "Nunca lo vi a Osama, pero sí venían sus representantes. En cambio, lo vi al mullah Omar varias veces, porque venía seguido", cuenta a LA NACION este joven de 20 años. Como muchos habitantes de Kandahar (y la mayoría de los afganos), Shafiq es ambiguo a la hora de opinar acerca del régimen anterior: "Había talibanes buenos y talibanes malos", afirma.
De talibanes a policías
En el único cuarto de su paupérrima vivienda de barro de la periferia de Kandahar, donde la inseguridad es total, Assadullah saca de una bolsa de plástico su shelwa (la típica túnica afgana), impresionantemente manchada de sangre seca. Se levanta un mechón de pelo negro, muestra una cicatriz, fruto de un golpe de Kalashnikov, y acusa: "Fue hace once días, cuando un grupo de ex talibanes que ahora están en la policía vino a golpearme". ¿Por qué? "Porque mi mujer trabaja."
Si bien los capos máximos han huido, otros han sido detenidos -en muchos casos, en las prisiones norteamericanas en Cuba- y otros han muerto, lo que se podría definir como "la tropa" de los talibanes se ha reciclado. Se ha quitado el turbante, se ha cortado la barba y se ha adaptado al gobierno de transición de Hamid Karzai, puesto a punto por Estados Unidos, en el que volvieron a circular los televisores, a escucharse la música, y a verse fotos de mujeres dentro de taxis destartalados.
"Todos los talibanes de rango medio se han puesto uniformes de policía, pero yo los reconozco: uno que antes me cortaba el pelo (N. de la R.: para comunicarse mejor con Dios cuando uno reza) y me controlaba el largo de la barba, ahora es funcionario del gobierno en la alcaldía", dice Assadullah. Talatbek Masadykov, encargado del departamento de asuntos políticos de la ONU en Kandahar, una ciudad famosa por su conservadurismo (aquí por tradición las mujeres casi no salen a la calle, y si lo hacen, por supuesto es con burka), confirma que es difícil tener un panorama claro de la situación.
"En este momento es imposible saber quién es quién, si hay gente de Al-Qaeda, talibanes, o qué, y en cualquier momento puede pasar cualquier cosa, porque todavía estamos en guerra", explica. "En este cuadro de inestabilidad política e inseguridad -agrega-, si no llega el dinero prometido por la comunidad internacional pronto, que genere trabajo, infraestructura y educación, nadie dejará los cientos de armas que siguen existiendo en Afganistán, y volverá el caos."
“Como Harlem o el Bronx”
KANDAHAR (De una enviada especial).– Entre los miembros del nuevo gobierno de Hamid Karzai hay muchos “yanquis”. Es decir, muchos afganos que, como él, vivieron la mitad de su vida en los Estados Unidos.
Uno de ellos es Khalid Pashtun, ministro de Relaciones Exteriores de la provincia de Kandahar. Pese a que informes tanto de la ONU como de las fuerzas internacionales aquí presentes hablan de una total inseguridad en esta zona, Pashtun los minimiza.
“La provincia de Kandahar es la más segura de todas”, dice a LA NACION. Además, califica de “incidente” el atentado que ocurrió aquí contra Karzai hace un mes. “Aún no tenemos evidencia de que estuvo vinculado con Al-Qaeda... Además, también hubo atentados en Egipto, contra Sadat, o en Estados Unidos, contra Reagan”, agrega.
¿Y los robos, asaltos, y bandas armadas? “Después de 23 años de guerra, es normal que no haya seguridad. Por otra parte, tampoco en Nueva York se puede ir al Bronx o a Harlem después de las siete de la noche.”
El "sí" a Saddam
- BAGDAD (ANSA).- Un referéndum popular en Irak buscará hoy prolongar otros siete años en el poder al presidente Saddam Hussein, cuyo gobierno considera que un triunfo del "sí" será un duro revés para los planes anglonorteamericanos en contra de Bagdad. "Las amenazas de Estados Unidos y los sionistas le han dado una nueva dimensión a la consulta", señaló ayer el ministro iraquí de Información, Mohamed Said al Sahaf, para quien el resultado será "un duro golpe contra ese atajo de criminales". La campaña de movilización finalizó ayer con fuegos artificiales, cantos, danzas folklóricas e himnos de fidelidad al líder iraquí, además de un partido de fútbol realizado en el Estadio del Pueblo, en Bagdad. La consulta popular convocará a 11 millones de iraquíes.
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