La agitación política se expande y agrava las dificultades de América Latina

Miles de personas volvieron a manifestarse ayer en las calles de Quito
Miles de personas volvieron a manifestarse ayer en las calles de Quito Fuente: AFP - Crédito: Martín Bernetti
Como Ecuador, otros países sufren situaciones conflictivas, marcadas por la desaceleración económica, la polarización, la debilidad institucional y la intolerancia con la corrupción
Beth Sheridan
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12 de octubre de 2019  

WASHINGTON.- En Perú, el presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso. En Ecuador, las protestas se volvieron tan caóticas que el gobierno de Lenín Moreno tuvo que abandonar la capital, Quito. En Honduras, su mandatario, Juan Orlando Hernández, combate acusaciones de que recibió sobornos de narcotraficantes. En Haití, los manifestantes amenazan con derrocar al gobierno. Y en Venezuela, una crisis de dimensiones históricas provocó la huida de casi cinco millones de personas (más del 10% de la población).

En América Latina están irrumpiendo crisis políticas que agravan las dificultades de una región que ya lucha con una emigración masiva y grandes problemas económicos. "Donde uno mire, hay mucha incertidumbre y desorden", dice Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, en Washington.

La crisis llega luego de una década de éxitos considerables: explosión sostenida del crecimiento, expansión de la clase media (ahora representa un tercio de la población) y consolidación de la democracia en una región conocida antaño por sus dictadores militares y sus rebeldes marxistas.

Entonces, ¿por qué surge la ola de agitación actual?

Aunque son distintas de un país a otro, las crisis tienen algunos patrones comunes. La economía de gran parte de América Latina se desaceleró. Las instituciones democráticas aún son débiles. La opinión pública es mucho menos tolerante de la corrupción y de servicios deficientes. Y la polarización está en aumento.

Todo eso lleva a situaciones explosivas como la de Ecuador, donde la decisión de Moreno de quitar los subsidios al combustible generó tantas protestas en Quito que el gobierno se vio obligado a trasladarse a Guayaquil.

La turbulencia preocupa mucho más allá de América Latina. La región incluye al primer socio comercial de Estados Unidos, México, que es una de sus principales fuentes de inmigrantes y drogas.

Uno de los elementos fundamentales de la rebelión es que las economías se estancaron. "Estamos viendo una caída importante del crecimiento económico en casi todas partes de América Latina", señala el excanciller mexicano Jorge Castañeda.

La primera década de este siglo estuvo caracterizada por un incremento repentino del crecimiento de la región. En promedio, desde 2004 a 2011, sus economías se expandieron más de 4% anual, arrastradas en parte por los altos precios de las commodities. Pero después vino el colapso. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2019 se espera que el crecimiento sea solo de 0,6%.

Hace una década, Ecuador funcionaba bien gracias al aumento del precio internacional del petróleo. Pero sufrió un duro revés con la caída de los precios, que se inició en 2014. Como Moreno recortó el gasto público, los grupos que habían llevado adelante las manifestaciones callejeras de las décadas de 1990 y comienzos de 2000 -sindicatos y pueblos indígenas- volvieron a movilizarse.

Ecuador y la Argentina tienen el desafío de estabilizar sus economías tras la salida de líderes populistas que se apoyaban en un fuerte gasto público. Moreno y su par argentino, Mauricio Macri, impusieron duros programas de austeridad para manejar las enormes deudas de sus países. Ahora Moreno enfrenta la mayor amenaza contra su presidencia, y Macri podría perder su reelección.

De lejos, el mayor desastre de la región es Venezuela. Desde 2013, su economía se hundió más de la mitad debido a la caída de los precios del petróleo y a la mala gestión de la crisis.

"La desaceleración económica genera tensión en una región donde las instituciones políticas, los partidos y la Justicia son débiles", afirma Kenneth Roberts, director del programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Cornell.

Muchos países carecen de reguladores y sistemas judiciales independientes y sólidos, lo que favorece la expansión de la corrupción en las campañas políticas y en las contrataciones gubernamentales. Los últimos cuatro presidentes de Perú fueron arrestados o estuvieron investigados por corrupción (Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski).

Incapacidad

El politólogo Jo-Marie Burt, de la Universidad George Mason, dice que el hecho de tener instituciones débiles hace que los problemas sean más difíciles de tratar. En algunos países, "hay una incapacidad para procesar el conflicto social a través de los canales políticos normales. Así que terminan teniendo protestas callejeras o la disolución del Congreso".

Otro de los ejes de la inestabilidad es que los ciudadanos de América Latina se sienten cada vez más frustrados por la corrupción, y en los últimos años salieron a las calles para presionar por la salida de los gobiernos de Brasil y Guatemala.

En Haití, las manifestaciones antigubernamentales se desencadenaron por el intento del gobierno de terminar con los subsidios al combustible. Pero la protesta cada vez se vuelca más hacia la inflación y hacia lo que los manifestantes llaman la corrupción del presidente Jovenel Moïse. El mandatario negó las acusaciones. Haití, el país más pobre del hemisferio occidental desde hace décadas, padece inestabilidad crónica.

Cientos de kilómetros hacia el oeste, el presidente de Honduras, Hernández, también lucha contra acusaciones de corrupción. Hace meses que está asediado por protestas debido a propuestas para privatizar los sistemas de salud y de educación. Y el mes pasado, su hermano Tony fue a juicio en una corte federal de Nueva York, acusado de traficar cocaína a Estados Unidos.

Las enormes cantidades de lavado de dinero por drogas intensificaron la corrupción, lo que avivó la violencia y la inestabilidad política en países desde Colombia hasta México.

"Esas concentraciones de dinero mal habido son imposibles de aislar del proceso político", explica Roberts. "Tienen un efecto altamente disruptivo y distorsionador sobre la política democrática".

Traducción de Jaime Arrambide

The Washington Post

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