
La buena noticia de Brasil
Por Rodrigo Mallea Para lanacion.com
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Independientemente de quién triunfe hoy en Brasil, hay una buena noticia para la democracia brasileña: desde 1994 a la fecha, todos los presidentes han terminado su mandato según los plazos que establece la Constitución, y la oferta de candidatos con posibilidades de éxito para alcanzar la presidencia se ha ordenado en dos opciones: el PT y el PSDB.
A diferencia de la mayoría de sus vecinos en la región, que sufrieron –y aún sufren– un alto grado de inestabilidad política luego de la redemocratización, el último trauma político que vivió Brasil desde el fin de los gobiernos militares en 1985 fue con la renuncia y posterior destitución de Fernando Collor de Mello en 1992. Cabe resaltar que este episodio traumático se dio dentro de los mecanismos institucionales, y desde entonces todos los presidentes brasileños terminaron su mandato en los plazos que determina la Constitución.
El otro examen al que se sometió su democracia y que sorteó con éxito fue en el episodio posterior a la elección indirecta de 1985, que consagró la fórmula Neves-Sarney. Tancredo Neves, histórico dirigente del Movimiento Democrático Brasileño y protagonista indiscutido del proceso de redemocratización brasileña, falleció antes de asumir la presidencia, cargo que debió ser ocupado por su vicepresidente, José Sarney. En un contexto político sumamente frágil y con una fuerte crisis económica signada por la hiperinflación, no hubo un retroceso al autoritarismo.
Aún con el PT y el PSDB mostrándose como opciones estables para ocupar la presidencia brasileña, hay varios interrogantes que su sistema partidario deberá resolver. Uno de ellos radica en la institucionalización de sus partidos, que a diferencia de varios países latinoamericanos, no cuentan con más de 25 años, dado que la gran mayoría de ellos se fundó tras la redemocratización. En este sentido, el PT y el PSDB –que en términos históricos sólo ocuparon dos presidencias cada uno– serán puestos a prueba a futuro sin los liderazgos de Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso.
No deja de ser llamativo que en la elección actual, tanto el candidato del PSDB como la del PT –Serra y Rousseff respectivamente– no hayan legitimado sus candidaturas en elecciones internas, siendo impuestos por su conducción partidaria.
El otro interrogante está en el comportamiento del PMDB, un partido central en la redemocratización brasileña (heredero del MDB) y que en la actualidad se caracteriza por su pragmatismo (en el 2002 apoyó a Serra contra Lula y hoy apoya a Dilma contra Serra). La peculiaridad del PMDB radica en que pese a ser el mayor partido político de Brasil a juzgar por gobernadores, intendentes, y legisladores, desde 1994 a la fecha no presenta un candidato a la máxima institución política brasileña.
Dado su tamaño y gravitación en el sistema político brasileño, el PMDB hoy actúa como un partido de centro que puede moverse al centro-izquierda o centro-derecha, constituyéndolo de alguna forma, en el garante de la gobernabilidad en Brasil bajo su singular sistema político que lleva el rótulo de "presidencialismo de coalición".
Aún con sus singularidades, la democracia brasileña está en un franco proceso de maduración, acercándose más, en términos de institucionalización, al modelo chileno y uruguayo. Superó con éxito su mayor examen político cuando Lula, un fenómeno único y probablemente irrepetible en la historia de Brasil, tomó la decisión de no reformar la Constitución para mantenerse un mandato más en el poder.
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