
La centroderecha y el M5E empiezan a cortejar al Partido Democrático para ganar el poder
1 minuto de lectura'


ROMA.– Llamadas telefónicas, reuniones secretas, encuentros subterráneos, declaraciones cruzadas, partidos al borde de un ataque de nervios, haciendo números, en busca de alianzas antes impensadas.
Italia, un país partido en dos después de las elecciones del domingo pasado –dominado al norte por la xenófoba Liga Norte y al centrosur, por el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5E)–, volvió a entrar ayer en ese tormentoso período de tratativas poselectorales necesarias para la "misión imposible": formar un nuevo gobierno.
Tal como sucedió en las elecciones generales de 2013, tampoco esta vez una fuerza política ganó con los votos necesarios para tener una mayoría en el Parlamento. Mientras en el Partido Democrático (PD), que sufrió una derrota histórica, volaban cuchillos, los grandes ganadores, el M5E (que obtuvo más del 32% de los votos), de Lugi Di Maio, y la Liga Norte, de Matteo Salvini (más del 17%), que anteayer reivindicaron su derecho a gobernar, empezaron a maniobrar para alcanzar su objetivo.
Las dos agrupaciones –que jamás podrían juntarse en una alianza, vistas sus diferencias–, subterráneamente comenzaron a cortejar al PD.
El partido que gobernó durante los últimos cinco años es, de hecho, el único bien visto por los mercados y por la Unión Europea, donde ven con pavor el ascenso de fuerzas anti-establishment y euroescépticas. Solo el PD podría darle un viso de confiabilidad a cualquier nueva coalición de gobierno.
Si bien anteayer el expremier y líder del PD Matteo Renzi, el "padre de la derrota", aseguró que su partido jamás haría acuerdos con los "partidos extremistas" de Di Maio y Salvini, sino que pasaría a la oposición, las aguas se están moviendo para que todo cambie y pueda en cambio haber un pacto con un PD ya despojado de Renzi. Para impedir este escenario es que anteayer el exalcalde de Florencia, en una movida que enfureció a sus correligionarios y dio inicio a una verdadera guerra interna, anunció que dejará la jefatura del partido solo después de que se forme el gobierno.
"Como ha reiterado el jefe político, Luigi Di Maio, el M5E está abierto al diálogo con todas las fuerzas que estarán presentes en el Parlamento", indicó un comunicado de los grillini, que ya habrían comenzado a seducir a miembros del PD ofreciéndoles la presidencia de una de las dos cámaras del Parlamento.
También Salvini, de la Liga Norte, la fuerza más importante de una coalición de derecha que obtuvo el 37% de los votos, pareció guiñarle el ojo al PD: "Estamos abiertos a la izquierda que mira la Liga", dijo.
En este clima político al rojo vivo, el presidente, Sergio Mattarella, garante máximo de la Constitución, se preparaba para pilotear una crisis política según todos los analistas inédita en la historia. De un panorama hasta ahora tripolar (con tres bloques principales, la centroizquierda, el M5E y la centroderecha), de hecho, las urnas certificaron el regreso de un virtual bipolarismo, con el M5E y la centroderecha como fuerzas mayoritarias. Pero una fuerza es considerada menos peligrosa que la otra.
Así el establishment italiano salió a respaldar al M5E. "El M5E no da miedo, evaluamos las medidas, estamos hablando de partidos democráticos, lo importante es asegurarle al país un gobierno", dijo Vincenzo Boccia, el presidente de Confindustria (la UIA local).
Le hizo eco Sergio Marchionne, el CEO del grupo Fiat Chrysler Automobiles, que al margen de asegurar que confiaba en el futuro del país, sin pelos en la lengua, comentó: "No conozco ni a Di Maio ni a Salvini, pero no me asustan. Hemos visto cosas peores".



