
La conquista de la tierra prometida
Sorpresivo: con un ataque relámpago, Israel puso fin a la amenazante presencia de las tropas egipcias, sirias y jordanas en su frontera.
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Todavía estaba oscuro. Eran las 5 de la mañana cuando los aviones israelíes despegaron de sus bases y se dirigieron a sus objetivos volando al ras del suelo para no ser detectados por los radares. En un ataque relámpago, sorprendieron a la fuerza aérea egipcia en tierra. La guerra, que duraría tan sólo seis días, ya estaba ganada.
Los resultados de este conflicto bélico, que comenzó el 5 de junio de 1967, cambiaron el mapa de Medio Oriente. Israel se apoderó de la península del Sinaí, Gaza, Cisjordania, el sector oriental de Jerusalén y la meseta del Golán. Las consecuencias aún se sufren hoy, treinta años más tarde.
Desde la creación de Israel los conflictos con sus vecinos árabes se repitieron sin cesar. Dos veces, en 1948 y en 1956, se llegó a la guerra. Soldados egipcios y sirios realizaban incursiones y entrenaban a los refugiados palestinos en técnicas de sabotaje.
El blitzkrieg del 67 fue una reacción calculada de Israel a los movimientos intimidatorios de Egipto. A mediados de mayo, Nasser había solicitado el retiro de la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas de la caliente frontera entre Egipto e Israel. El entonces secretario general de la UN, U Thant, accedió. Desconcertados, los israelíes veían que los cascos azules eran reemplazados por el ejército egipcio.
Las provocaciones egipcias continuaron. El 22 de mayo, Nasser ordenó el cierre del golfo de Akaba, impidiendo así el acceso de Israel al Mar Negro. Luego, el rey Hussein de Jordania puso sus tropas bajo el mando egipcio. Poco después, Irak se sumó a la alianza jordano-egipcia.
En Tel Aviv, el moderado primer ministro Levi Eshkol respondió nombrando al general de línea dura Mo-she Dayan ministro de Defensa. Israel no iba a esperar ser atacado.
La impresionante velocidad y eficacia con que los aviones israelíes incursionaron en el Sinaí es todavía materia de admiración en los colegios militares. Destruyeron aeropuertos y dejaron tras de sí más de 800 tanques humeantes.
Con el techo cubierto, el ejército comenzó su avance. Inmediatamente, los ataques se sucedieron en los otros frentes. Al Nordeste con Siria y al Este con Jordania. Luego de la toma de Jerusalén oriental y Cisjordania por las fuerzas israelíes, el rey Hussein abandonó la lucha. La UN hizo un llamado al cese del fuego y las dos superpotencias presionaron a las partes. Sin embargo, el enfrentamiento continuó en la elevada frontera con Siria.
Tras cruentos combates, Israel se apoderó de la meseta del Golán. Para cuando los refuerzos iraquíes llegaron a Siria, la guerra había terminado. Israel contaba ahora con un territorio cuatro veces mayor al anterior. Había reconquistado la "tierra prometida".
El éxito militar de Israel se debió a la alta preparación de sus fuerzas, a la rápida capacidad de movilización de tropas de reserva y al sorprendente espíritu nacionalista de la población. Del lado árabe, en cambio, quedó al desnudo la falta de coordinación.
Hecho consumado
En noviembre, el Consejo de Seguridad adoptó la resolución 242, que obligaba a Israel a retroceder de los territorios ocupados, pero no reconocía las demandas de los palestinos, que no eran considerados como una nación sino tan sólo como refugiados.
Israel, aplicando la política del "hecho consumado", hizo caso omiso de las exigencias de la UN y se limitó a sostener su posición de "vivir en paz, en fronteras seguras".
En 1973, Egipto intentó retomar el Sinaí y atacó a Israel en pleno Día del Perdón . Pero fue en vano. Sólo en 1979, con la mediación del presidente norteamericano Jimmy Carter, Egipto firmó la paz por separado con Israel y recuperó posteriormente el Sinaí. El presidente egipcio Anwar El Sadat, que selló el acuerdo, fue asesinado por fanáticos musulmanes en 1981.
Las intenciones de paz también costaron la vida al primer ministro Yitzhak Rabin, en 1995 -irónicamente había sido el comandante en jefe del ejército en la Guerra de los Seis Días-. Dos años antes, Rabin había firmado los acuerdos de Oslo, que comprometían a Israel a otorgar la autonomía a los palestinos en Gaza y Cisjordania.
Sin embargo, el actual primer ministro Benjamin Netanyahu se ha mostrado reticente a prescindir de su "colchón de seguridad" frente a los palestinos -Cisjordania y Gaza- o a los sirios -las Alturas del Golán-.
Seis lustros no han bastado para resolver los problemas que dejó la Guerra de los Seis Días.
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