La desesperanza le da fuerza al chavismo

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24 de febrero de 2017  

CARACAS.- La escasez de alimentos en Venezuela es tal que decenas de miles de personas pasan hambre o están famélicas. La tasa de homicidios está entre las más altas del mundo. La economía está tan paralizada que el comprador medio pasa 35 horas al mes haciendo cola, tres veces más que en 2014. Y aunque el país es cada vez más inhabitable, su gobierno socialista está más arraigado ahora de lo que ha estado en años. Una sensación de desesperación se asentó sobre la que en su día fue una de las naciones más ricas de la región, con la creencia de que nada cambiará realmente.

Para entender por qué la gente se dio por vencida, Jhorman Valero y su familia son un ejemplo. Hace tres años, Valero arrastró a su primo, de 24 años, Bassil da Costa, a unirse a los miles de personas que protestaban contra el gobierno de Nicolás Maduro. Horas más tarde, Da Costa sangraba en sus brazos, el primero de los más de 40 asesinados en semanas de disturbios.

Valero recuerda ahora cómo vio abrirse el cráneo de su primo bajo su gorra de béisbol por una bala disparada por la policía. Él y la hermana de Bassil, Yenicer da Costa, ya no se molestan en protestar ni en el aniversario de las marchas de 2014. "¿Por qué protestar si te matan en las calles? ¿Y qué pasa? Nada. Y ahora, después de tres años, todo está peor'', señaló Yenicer.

El temor inspirado por la represión de 2014 tiene mucho peso en el presente, con un gobierno que es selectivamente represivo. Según grupos de derechos humanos, muchos de los más de 100 presos políticos que fueron arrestados ese año siguen encarcelados. La mayoría están incomunicados en los sótanos de El Helicoide, un edificio modernista que se construyó durante el auge del petróleo en los 50 para ser un centro comercial y que ahora es la sede de la todopoderosa policía de inteligencia Sebin, en Caracas.

La creación, el mes pasado, de un "comando antigolpe de Estado", encabezado por el vicepresidente Tareck El Aissami, alimentó el temor a nuevas redadas. Esta unidad ya detuvo a tres miembros del partido de Leopoldo López, el opositor encarcelado de más alto perfil.

El gobierno de Maduro se volvió cada vez más represivo a medida que la caída del precio del petróleo dejó al descubierto años de mala gestión. Purgó instituciones estatales de potenciales traidores, alejó a los periodistas extranjeros, detuvo a empresarios y declaró nulas todas las decisiones tomadas por el Congreso, controlado por la oposición.

Como resultado, las nuevas generaciones, que serían el combustible natural de cualquier movimiento de protesta, no salen a la calle. En las manifestaciones hay más abuelos que jóvenes. Uno de los motivos es que muchos optaron, simplemente, por irse del país.

Una encuesta reciente arrojó que el 88% de los jóvenes quiere emigrar. El año pasado, los venezolanos fueron los que más solicitudes de asilo presentaron en Estados Unidos (más de 18.000). La cantidad de pedidos de pasaportes es tal que el gobierno se quedó sin suministros y tuvo que frenar su emisión.

"El gobierno tiene una estrategia inteligente. Nos mantienen en alerta, ocupados buscando comida y medicinas y en cómo salir del país. No tenemos tiempo para protestar'', señaló Diego Cerboni, presidente del sindicato de alumnos de la universidad privada Santa María.

El manifestante Marcello González (69 años) dijo que sus 15 nietos y siete de sus diez hijos se fueron del país. "Aquí hay una campaña del terror. El gobierno está usando gases lacrimógenos y detenciones para intimidar a los jóvenes y hacer que se queden en sus casas", alertó.

Desde luego, las calles no están siempre tranquilas. En dos ocasiones el año pasado, la oposición movilizó a cientos de miles de personas para protestar contra Maduro. Pero a pesar de que los movimientos populares ayudaron a derrocar gobiernos en lugares como Egipto y Ucrania, las protestas de Venezuela parecen tener poco efecto sobre los que ocupan el poder.

"Desde la caída del Muro de Berlín, mucha gente tiene en mente el mito de que si sacas suficientes personas a la calle, los gobiernos caerán. Y eso no es verdad'', dijo Steven Levitsky, profesor de la Universidad de Harvard especializado en América latina.

La pérdida de esperanzas está vinculada también a la incapacidad de la oposición para presentar una alternativa de gobierno. Está perennemente dividida y absorta en sus propias batallas internas de egos.

El gobierno aprovechó los vacíos de poder legales para poner trabas a la oposición sin generar demasiadas protestas en la comunidad internacional. "La oposición necesita convencer a la elite gobernante de que hay vida después de Maduro. De que si permiten una transición, no van a terminar en la cárcel o en el exilio. Si la elite del régimen sigue unida, no hay nada en un movimiento de protesta que los obligue a marcharse", explicó Levitsky.

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