La despedida de África, en una mezquita

El Papa rezó junto a un imán, en un gesto a un país con violencia interreligiosa
Elisabetta Piqué
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1 de diciembre de 2015  

En el último día de la gira, el Papa visitó a miembros de la comunidad musulmana en una escuela en Bangui
En el último día de la gira, el Papa visitó a miembros de la comunidad musulmana en una escuela en Bangui Fuente: AFP - Crédito: Gianluigi Guercia

ROMA (De nuestra corresponsal).- Nunca antes un imán se había subido al papamóvil y había dado una vuelta junto a un Papa. Créase o no, eso ocurrió ayer en Bangui cuando, tal como estaba previsto, antes de partir de regreso a esta capital, el Papa visitó la mezquita de Koudoukou. Se encuentra en una de las zonas más calientes de Bangui, en el denominado barrio del kilómetro 5, que se convirtió en una suerte de enclave musulmán desde que comenzaron las masacres y los enfrentamientos entres las milicias Seleka (musulmanes) y los anti-balaka (cristianos) que colapsaron al país.

El Papa llegó hasta la mezquita en papamóvil, en medio de un clima de guerra. Había decenas de cascos azules de la ONU armados hasta los dientes, blindados patrullando cada cuadra, gendarmes del Vaticano. Adentro del templo, muy simple, con cuatro minaretes, lo recibieron cinco imanes.

Al darle la bienvenida, el imán Tidiani Moussa Naibi, agradeció al Papa esta visita que volvió a poner bajo los reflectores a la olvidada República Centroafricana. Y destacó que lo que está pasando ahora es fruto de maniobras que deberán terminar. "Los responsables de los problemas podrán retrasar tal o cual proyecto de interés común o comprometer por un tiempo tal o cual actividad, pero nunca, inshallah [si dios quiere], ellos podrán destruir los lazos de fraternidad que unen tan sólidamente nuestras comunidades. Sí, los cristianos y musulmanes de este país están condenados a vivir juntos y a amarse", dijo.

"Cristianos y musulmanes somos hermanos", dijo su turno Francisco, que coincidió con el imán en destacar que, los últimos sucesos y la violencia que golpearon República Centroafricana no tenían "un fundamento precisamente religioso".

"Quien dice que cree en Dios ha de ser también un hombre o una mujer de paz. Cristianos, musulmanes y seguidores de las religiones tradicionales, han vivido juntos pacíficamente durante muchos años. Tenemos que permanecer unidos para que cese toda acción que, venga de donde venga, desfigura el Rostro de Dios y, en el fondo, tiene como objetivo la defensa a ultranza de intereses particulares, en perjuicio del bien común", agregó.

"Juntos digamos «no» al odio, a la venganza, a la violencia, en particular a la que se comete en nombre de una religión o de Dios. Dios es paz, salam", sentenció. Conceptos similares expresó en la misa que celebró enseguida después en un centro deportivo ante unas 30.000 personas que lo aclamaron como un héroe.

Francisco agradeció especialmente al imán el hecho de haber formado, junto a un pastor protestante y a un obispo católico, una "plataforma de confesiones religiosas del Centroafrica" que está teniendo un papel de mediación crucial en esta difícil etapa de transición del país.

Fiel reflejo de esa voluntad de tender puentes, terminados los discursos, el Papa le pidió a su anfitrión si podían rezar juntos, cosa que hicieron acercándose al mihrab (que señala la dirección hacia La Meca) quedándose cada uno en silencio. Luego, como en el patio de la mezquita hay un virtual campamento de refugiados que debieron irse de sus casas por la guerra civil, que también querían saludar al huésped ilustre, el Papa propuso ir a saludarlos a una suerte de mini estadio de una escuela islámica adyacente.

Entonces, como reveló el mismo Papa ayer en el avión, el imán cumplió un sueño. Se subió al papamóvil para dar la vuelta junto a él, para deleite de todos los presentes. "Un pequeño gesto", según dijo el Papa, pero sin precedente.

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