
La economía palestina, asfixiada
La presión israelí sobre Gaza tiene paralizadas las actividades
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CIUDAD DE GAZA (De una enviada especial).- Ayed Abu Ramadan es gerente de Ped (Palestine Economic Development Company), una empresa privada creada con fondos financieros palestinos, que desde septiembre último, tras la retirada israelí de la Franja de Gaza, tomó en sus manos los prósperos viveros agrícolas que existían en los asentamientos dejados por 8000 colonos que allí vivían.
En una economía colapsada como la de Gaza, donde la desocupación ronda el 70%, con un total de 300 hectáreas a lo largo de un territorio desértico de 360 kilómetros cuadrados que no llega al doble de la ciudad de Buenos Aires, su compañía hasta hace unos meses era una de las pocas que aquí funcionaban. Exportaba a Israel y a la Unión Europea frutillas, tomates, tomates cherry, arvejas y morrones (rojos y amarillos), cultivados en centenares de viveros que les daban empleo a 5000 personas.
Pero como Israel desde principios de año ha mantenido la mitad del tiempo cerrada la frontera de Karni -único punto de salida y entrada de las importaciones y exportaciones palestinas-, su negocio se encuentra totalmente paralizado.
"Nuestra proyección era producir 17.000 toneladas por un valor de 20 millones de dólares, pero produjimos 14.000 toneladas, de las cuales pudimos exportar solamente el 10% debido al cierre de la frontera. Nosotros teníamos una producción de más de 120 toneladas por día, algo equivalente a 20 cargas de camiones, pero desde abril último sólo logramos hacer pasar un camión. El resto se echó a perder o lo donamos", afirma durante una entrevista con LA NACION en su despacho de esta ciudad.
Un arma
"Desde principios de año, la frontera de Karni estuvo abierta 36 días. En abril, sólo 6 días... por lo que casi no pudimos exportar. Tuve que despedir a las 5000 personas de la empresa porque no podía pagarles más los sueldos, y me quedé solamente con 400 guardianes y 30 empleados", agrega. "Israel dice que cierra la frontera por seguridad, pero es un arma económica; es evidente que quiere estrangular la economía palestina", denuncia.
Si la situación ya era grave, la crisis provocada por el secuestro del soldado israelí no hizo más que empeorar las cosas. "Como el tiempo de la cosecha va de septiembre a junio, en este momento deberíamos estar planeando las siembras, comprando semillas, pero no podemos porque no sabemos si vamos a poder exportar, irrigar, comprar afuera lo que necesitamos", dice, aludiendo al bloqueo ahora total de la frontera, y la falta de luz y agua que sufre Gaza desde que la aviación israelí destruyó la única central eléctrica al comenzar el martes último la ofensiva militar para lograr la liberación del soldado Gilat Shalit.
Como la mayoría de los palestinos, para Ayad, que tiene 44 años y estudió ingeniería en Estados Unidos, este secuestro fue "sólo un pretexto para poner a punto un plan que apunta a desmantelar el gobierno de Hamas".
"No entiendo cómo esto puede contribuir a la paz: la gente sufre la ausencia de agua, de medicamentos, de electricidad, sin mencionar el castigo colectivo que significan las explosiones que causan los jets cuando superan la barrera del sonido, para asustarnos", afirma.
El colmo de una situación desesperante es que su hermano, que es ciudadano estadounidense y vino con su familia a visitarlo, está bloqueado, sin poder volver a Syracuse, Estados Unidos, donde vive, desde hace una semana.
-¿Nunca pensó imitar a su hermano e irse a vivir afuera?
-Lo pienso todos los días, con cada explosión supersónica, con cada corte de luz, con cada funeral, con cada ataque. Pero digo no; éste es mi hogar y aquí me quedo.




