
La experiencia de vivir en Irak
John Walsh, ciudadano norteamericano nacido en la Argentina, llegó hace dos meses a Bagdad para trabajar en la reconstrucción de la ciudad y contó a LA NACION LINE sus vivencias en Medio Oriente
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Nació en la Argentina, es ciudadano norteamericano y hoy, por elección, vive en Irak, una de las zonas más peligrosas del mundo. John Walsh llegó hace dos meses a Bagdad para trabajar en la reconstrucción de la ciudad.
Junto con catorce ingenieros civiles iraquíes y tres norteamericanos, se dedica a realizar proyectos sobre la infraestructura de la ciudad, especialmente, trabajos relacionados con la electricidad y el agua.
"Tomé la decisión de venir a Irak hace 50 años cuando entré al ejército norteamericano. Durante dos años serví al país, pero como eran tiempos de paz, nunca arriesgué mi vida, por lo tanto, siempre busqué una oportunidad para completar el servicio a mi patria", explicó Walsh, que dejó la localidad bonaerense de Olivos a los quince años para radicarse definitivamente en los Estados Unidos.
Su vida cambió abruptamente cuando llegó a Medio Oriente. Dejó lo que él llama su "vida real", donde trabajaba como jefe en una agencia de publicidad en Newport, Rhode Island, a 90 kilometros de Boston, para transmitir su experiencia sobre los negocios en Bagdad, donde hasta los detalles de su vida cotidiana cambiaron. Ahora casi no puede salir de su casa y, si lo hace, debe estar siempre armado y movilizarse en auto a alta velocidad para evitar cualquier ataque.
Vive junto con otras cuatro personas en una casa de mármol en Kharkh Governorate, en el centro de Bagdad. Unos cuarenta guardias de la ciudad de Kurdistán, al norte de Irak, custodian su vivienda y la de al lado, que es la de la cadena de televisión norteamericana CNN.
En su tiempo libre mira televisión y navega en Internet. "No hay mucho para hacer, es una vida aburridísima, ya que no se puede salir, no hay bares, ni cines", contó.
Testigo de los ataques
Pero la vida monótona que describe Walsh se interrumpió varias veces como consecuencia de los ataques. Hace dos semanas, mientras estaba desayunando, un atacante suicida se inmoló con explosivos a cien metros de su casa y mató a trece personas.
También presenció un ataque con un mortero cuando estaba en camino al aeropuerto, uno de los lugares más peligrosos de la ciudad. "Estábamos a 200 metros de la entrada cuando de repente hubo una explosión a 25 metros de donde nos encontrábamos", relató Walsh. Tras el incidente, todos los automovilistas que estaban allí comenzaron a disparar sus ametralladoras en respuesta al ataque, que causó la muerte de un niño de 10 años.
Los insurgentes aprovechan el congestionamiento vehicular que se produce en la ciudad para realizar los ataques.
El sonido de las bombas
Al describir el lugar donde vive, Walsh transmitió: "Bagdad no es una ciudad tranquila, tiene todos los sonidos de una gran ciudad. Pero también tiene un sonido que la caracteriza: el sonido de los coches bomba que estallan con el único propósito de matar. El sonido de estas bombas es impresionante, es como si te tomara la garganta y no te largara".
En la ciudad no hay semáforos y la gente maneja muy rápido. "Todos parecen Juan Manuel Fangio", contó.
"Los iraquíes tienen una vida muy difícil, muchas veces no pueden llegar al trabajo porque las calles están cortadas como consecuencia de las bombas. Son personas fantásticas, inteligentes y, a pesar de todo, tienen un sentido del humor increíble", describió sobre sus nuevos vecinos.
Walsh lleva dos meses viviendo en Irak y en junio próximo regresará por dos semanas con su familia: "Al principio mis hijos estaban muy enojados conmigo por la decisión que tomé, pero ahora aceptan que estoy aquí porque es lo que quiero y creo que estoy haciendo algo bueno por Irak y por los Estados Unidos".





