
La guerrilla acepta negociar con Pastrana
Samper ofreció garantías para que pueda realizarse la reunión; habrá conversaciones separadas con los paramilitares.
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BOGOTA.- El presidente electo de Colombia, Andrés Pastrana, acaba de recibir de los protagonistas del conflicto armado que atormenta a su país una señal alentadora de que existe un camino posible para cerrar el capítulo más sangriento de la historia colombiana. La guerrilla y los paramilitares manifestaron, por primera vez en forma explícita, su disposición a iniciar conversaciones que conduzcan a la paz en la nación más convulsionada del continente.
La paz, el mayor anhelo de los colombianos y el más grande desafío para el gobierno que habrá de iniciarse el 7 de agosto próximo, aparece ahora como una referencia posible en un horizonte todavía lejano, pero no inalcanzable. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), los grupos insurgentes más poderosos del país, y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), la organización de paramilitares más sombría que conoció Colombia, señalaron su intención de alcanzar un acuerdo.
Manuel Marulanda Vélez, alias "Tirofijo", líder máximo de las FARC; Francisco Galán y Felipe Torres, voceros autorizados del ELN, y el dirigente liberal Max Alberto Torres, que actúa como intermediario entre las AUC y el gobierno del presidente Ernesto Samper, indicaron la aceptación de la propuesta de Pastrana de reunirse en mesas de conversaciones separadas. Y aunque los tres plantearon condicionamientos incompatibles, la decisión de Pastrana de acudir personalmente al diálogo desbloqueó aproximaciones que hasta hace dos semanas parecían imposibles.
Alejo Vargas Velásquez, uno de los más profundos conocedores de la problemática insurgente colombiana, indicó a este enviado que un encuentro de ese nivel "creará confianza entre las partes" y "puede generar acuerdos finales". Por otro lado, Alfredo Rangel, ex asesor de la Consejería para la Seguridad Nacional de la presidencia, afirmó que una reunión de esa naturaleza "marcará una diferencia absoluta" con respecto a lo que ha sido hasta el momento el manejo de la paz por parte de los gobiernos de Colombia.
Nueva dinámica
Para reunirse con la guerrilla, el presidente Samper planteó como condición indispensable el denominado "diálogo útil", que consistía en que las conversaciones debían llevar a "resultados ciertos". Hoy, la estrategia de Pastrana es tender puentes sin condiciones previas y con otorgamientos básicos. Un ejemplo de ello es que Samper, en línea con el pensamiento castrense, siempre se opuso a conceder la desmilitarización de zonas rurales para sentarse a conversar, a lo que Pastrana accedió sin objeciones. De este modo, el mandatario electo reconoció el carácter político que debe tener el tratamiento de la problemática insurgente e imprimió una nueva dinámica a la búsqueda de acuerdos.
Rangel señaló que la posición de Samper "hizo que las FARC, en cuatro años, nunca aceptaran reunirse con un representante del gobierno y Pastrana, en sólo una semana, logró la perspectiva de poder hacerlo incluso antes de jurar en el cargo. Ahora, por lo menos en el mediano plazo, los contactos y el diálogo con el nuevo gobierno podrían ser más fluidos y menos traumáticos". A juicio del ex funcionario, la intención de Pastrana no es lograr un entendimiento espectacular en lo inmediato, sino abrir todos los caminos posibles para concretar mecanismos de negociación sólida en el futuro.
El politicólogo Gonzalo de Francisco tuvo una apreciación similar. De Francisco dijo a este enviado que el interés del mandatario electo en concretar encuentros personales con la guerrilla "demuestra, en primer lugar, su compromiso con el avance de negociaciones serias", aunque no puede interpretarse más que como "un gesto" para alentar las futuras gestiones, que "obligadamente serán difíciles".
La dificultad básica
El principal obstáculo que deberá afrontar Pastrana es que tanto las FARC como el ELN exigen, para llevar adelante las reuniones posteriores con los representantes del nuevo gobierno, una "desarticulación absoluta" de los aparatos paramilitares. Esta exigencia no se incluye como condición para un encuentro inicial con el mandatario electo, que "podría concretarse la semana próxima", según indicó ayer el propio Pastrana. Luego de esta declaración, el gobierno de Samper se precipitó a adelantar su disposición a entregar "salvoconductos" a los guerrilleros que acudirían a la cita.
Pero la gran dificultad para el futuro es que las AUC no están dispuestas a abandonar sus armas "hasta que el último subversivo no haya hecho entrega de las suyas". Ayer, esta aclaración de los paramilitares fue el condicionamiento básico que acompañó la afirmación de las AUC en el sentido de que "el gobierno de Pastrana no va a tener ningún tropiezo para alcanzar la paz total que tanto han anhelado los colombianos". Pero ese tropiezo existe desde el comienzo y atiende, nada menos, al interrogante de quién estará dispuesto a desarmarse primero. Ello puede depender de la "confianza entre las partes" que pueda despertar Pastrana, a la que Vargas Velásquez hizo alusión.
En la posible respuesta a este interrogante hay que tener en cuenta que en las elecciones del domingo último uno de los ganadores fue la guerrilla. Al hacer un guiño indirecto para sugerir con cuál de los dos candidatos prefería dialogar, allanó el camino hacia la iniciación de conversaciones, que a pesar de resultar conflictiva serán conversaciones. Porque Pastrana, cuando pidió una cita con "Tirofijo", concedió a la insurgencia un status que ningún otro mandatario se había atrevido a sugerir.
Y además accedió a que las mesas de acuerdos sean separadas, excluyendo a los paramilitares de posibles entendimientos comunes con una insurgencia que siempre se negó a aceptarlos como interlocutores por considerarlos una simple extensión del ejército.
Las cifras de la violencia
BOGOTA (De un enviado especial).- No en vano la paz es el mayor anhelo de los colombianos, como señaló Andrés Pastrana en una conferencia de prensa. Una dimensión de la inseguridad la dan estadísticas del último año hechas por fuerzas militares.
Se produjeron 3221 secuestros políticos y extorsivos, 656 cometidos por las FARC y 673 por el Ejército de Liberación Nacional (ELN). A su vez, la Disidencia del M-19, la del Ejército Popular de Liberación (EPL), el Ejército Revolucionario Guevarista (ERG), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y las Milicias Populares (MP) secuestraron a 99 personas.
En tanto, 605 personas fueron secuestradas por delincuentes comunes y 43 por paramilitares de derecha. Hubo 1145 secuestros perpetrados por "autores desconocidos"y 192 desaparecidos.
Estos hechos afectaron a políticos en 282 casos, a menores en 391, a comerciantes en 378, a funcionarios en 146, a ganaderos en 202, a ingenieros en 109, a turistas en 88 y a otros en 1625:el cuadro más grave en 10 años.
Entre 1997 y 1998 un millón de personas fue desplazado a raíz de las lucha entre grupos insurgentes y paramilitares. Más de 100 fueron asesinadas sin motivo aparente por las fuerzas de seguridad y los paramilitares, y por lo menos 140, retenidas por las FARC y el ELN,durante los comicios. Fueron baleados 11 miembros de organismos defensores de los derechos humanos y 8 de la Fiscalía General. Hubo unas 100 masacres perpetradas por guerrilleros y paramilitares, y las minas antipersonales se cobraron la vida de 45 civiles y 55 militares. La guerrilla atacó en unas 2000 oportunidades, dejando 1000 muertos y cientos de millones de dólares en pérdidas materiales. ¿Se entiende por qué la paz es el mayor anhelo de los colombianos?
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