
La hija de Cristina Onassis, desde hoy la adolescente más rica
Hereda 3000 millones de dólares
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MADRID.- Athina Roussel, la última descendiente del millonario Aristóteles Onassis, cumple hoy 18 años y con eso pasa a disponer en forma directa de un fondo estimado en 3000 millones de dólares legado por su madre, hasta ahora en manos de albaceas griegos que lo administraron en su nombre.
Se convierte en la adolescente más rica del mundo con un juicio revelador de su edad: "Quemaría el dinero", dijo, en uno de sus pocos comentarios sobre el futuro de esa inmensa fortuna que podría cubrir la cuota de deuda externa de varios países africanos. Un poco más serena, reveló el plan B: quedarse con "sólo" 20 millones y donar el resto.
¿Quién sabe? Pero lo cierto es que mucho cambia hoy para ella. Y, posiblemente, para varias empresas del patrimonio donde se ignora qué traerá esta etapa a la que Athina llega tras haber vivido entre la puja de sus administradores griegos y su padre, el francés Thierry Roussel, que la aisló en las montañas suizas donde, según dijo, poco conoce de la Grecia de su madre, de su abuelo y de su fortuna. Ni siquiera su idioma, en el que apenas si se defiende.
"Quiero olvidar el apellido Onassis. Es la causa de todos los problemas", insistió. Miles de argentinos oyeron de ella por primera vez hace 15 años, cuando aún era una niña. Fue el 19 de noviembre de 1988: su madre, Cristina Onassis, apareció muerta en el baño de una quinta en Buenos Aires, a donde llegó invitada por una familia amiga, también ligada a la actividad naviera, los Dodero.
Buenos Aires ya se había cruzado en el destino de los Onassis. En 1923, el carismático fundador del emporio descendió en Puerto Madero procedente de Esmirna. Sin oficio, relaciones ni dinero, Ari tenía 16 años y hambre. Trabajó de lo que pudo, tuvo su golpe de suerte y 10 años después partió para Londres en primera clase y con un millón de dólares depositados en Europa. Era el comienzo.
Medio siglo más tarde, su hija Cristina llegó para refugiarse de la droga y de la depresión entre amigos. Era rica, tenía 37 años, una hija a la que veía poco, pero cuyas muñecas vestía con miniaturas de Dior, y había pasado por cuatro maridos sin que ninguno se quedara. Roussel, el padre de Athina, fue el último: llegó a Ezeiza en una nube de guardaespaldas y se llevó el cuerpo de su ex mujer para enterrarlo en Grecia. Desde entonces se propuso que la pequeña hiciera una vida "normal" junto con los tres hijos que tuvo con su nueva mujer, la sueca Gaby Landhage. Se la llevó con ellos a la villa suiza de Lussy-sur-Morges, la anotó en un colegio público y le fijó una cuota semanal, como a cualquier chico.
¿Elecciones equivocadas?
Pero la parodia hace agua. Athina se mueve en un Mercedes-Benz blindado, con siete guardaespaldas, y se afirma que hizo su primer testamento a los 10 años. Alta y espigada, no sufre el sobrepeso que acercó a su madre a los barbitúricos, pero sí heredó de ella una mirada triste y cansada. Y, por más que luche contra la tragedia que rodeó a su familia griega, hay quienes temen que empiece a equivocarse en sus elecciones. Así se juzga en Grecia a su compañero sentimental, un brasileño 12 años mayor que ella, separado y padre de una niña, con quien comparte su única pasión conocida: la equitación.
Desde hoy millonaria con poder y propiedades desperdigadas por el mundo: villas en Saint Moritz; Montecarlo; Atenas, y Skorpios, su propia isla en el Egeo, pero apenas si la conoce. Vive tras un muro invisible, alto como el de una cárcel, y que a veces parece querer saltar.






