La hija del magnate de la TV defendió a sus captores

Tras ser liberada, criticó las desigualdades que vive el país
Tras ser liberada, criticó las desigualdades que vive el país
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29 de agosto de 2001  

SAN PABLO.- "A los secuestradores los perdono. Pero a la policía le diría: vayan a atrapar a los responsables de la corrupción en este país. Mi secuestro ocurrió porque los gobiernos no cuidan al pueblo mientras los corruptos roban millones."

Patricia Abravanel, de 24 años, había sido liberada apenas diez horas antes, cuando se asomó por el balcón de su mansión con un discurso entrelazado por citas bíblicas y reclamos sociales. Hija de Silvio Santos (seudónimo de Senor Abravanel), magnate de medios, poseedor de una fortuna de 400 millones de dólares, Patricia había sido secuestrada una semana atrás en el garaje de su casa, en el barrio de Morumbí. Ayer, la policía antisecuestros detuvo a dos de sus captores.

El hecho mantuvo en vilo a la sociedad brasileña. El presidente Fernando Henrique Cardoso llamó varias veces al empresario para prestarle solidaridad. Santos, uno de los hombres más ricos y poderosos del país, fue vendedor ambulante en su adolescencia, y construyó su fortuna con una lotería popular llamada El Baúl de la Felicidad.

Los secuestradores pidieron dos millones de dólares por su liberación, pero Patricia asegura que no se pagó un centavo, a pesar de que la policía lo desmienta. "La policía se está equivocando. Les aseguro que no se pagó rescate. Ellos me liberaron porque se arrepintieron de lo que hicieron", afirmó la estudiante a los medios, en la conferencia de prensa improvisada desde su balcón.

"No me tocaron, me llamaban princesa, me compraron ropa y me servían té o lo que les pidiera", contó, sonriente. "Jugábamos a las cartas y al dominó", agregó. Le dejaban prender la televisión y elegir el canal, pero ella sólo miraba la TV Gospel, de programación evangelista. Ella y su madre son evangelistas. Su padre, Abravanel, es judío.

Llanto y pedido de perdón

Los secuestradores, que serían entre 4 y 6, eran según Patricia "muy jóvenes". La estudiante dijo que era el primer secuestro que ellos cometían. "El primer día uno de los secuestradores lloró. Dijo que no sabía lo que estaba haciendo, y se fue. El último día, uno de ellos me pidió perdón. Dijo que no aguantaban más, y que si no les pagaban el rescate me liberarían igual. En la madrugada, sin pago de rescate, me liberaron." Según su versión, fue trasladada en su automóvil hasta una autopista, donde sus secuestradores la pasaron al volante, se bajaron y le dijeron que podía irse. Entonces, Patricia manejó hasta su casa.

Sonriente, dijo que durante su cautiverio sentía que todo lo que estaba pasando eran "señales de Dios". "Me sentía como en la película "La vida es bella". Una guerra alrededor y yo feliz." Según su descripción, durante su cautiverio no estuvo en una favela, sino en el garaje de una casa de clase alta, también en el barrio de Morumbí. Los secuestradores se mantuvieron durante todo el tiempo con máscaras y se comunicaban con la familia llamando a un teléfono celular pre pago, que habían dejado en la casa del empresario.

Ayer, presa de lo que parecía ser el llamado "síndrome de Estocolmo", en que el secuestrado crea afinidad con el secuestrador, le preguntó a un periodista que la entrevistaba desde la vereda: "Si tus hijos pasan hambre, ¿vos qué harías? Esta gente está desesperada, porque hay algunos que tienen mucho y muchos que tienen poco y no quieren dar nada".

Una curiosidad: en 1974, en Estados Unidos, otra Patricia, también hija de un magnate de los medios (William Hearst), fue secuestrada y filmada semanas después asaltando un banco junto con sus secuestradores, a los que se unió. La Patricia brasileña dijo ayer, cuando le preguntaron qué castigo quería para los secuestradores, que "lo que tiene que ser castigado es la corrupción. El pueblo es bueno".

La desigualdad de ingresos en Brasil es una de las peores del mundo (10% de la población tiene más del 50% de todas las riquezas brasileñas, según el último relevamiento). Patricia Abravanel, que a pesar de la fortuna de su padre no tenía guardaespaldas ni usaba auto blindado, dijo que continuará así.

Debido al pedido expreso de Santos, los medios y la policía se mantuvieron alejados del caso hasta que fuera resuelto. Ayer, el magnate se asomó por un momento al balcón con su hija, agradeció, y le recomendó a todas las familias de secuestrados que le presten confianza total a la policía en estos casos. "Ellos saben cómo actuar", dijo.

"Estocolmo"

  • En 1973, en un asalto bancario en Estocolmo, los ladrones retuvieron a los empleados del banco durante varios días. Al momento de la liberación, un periodista fotografió el instante en que una de las rehenes y uno de los captores se besaban. Este hecho sirvió para bautizar como "síndrome de Estocolmo" ciertas conductas que demuestran afecto entre los secuestradores y sus rehenes.
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