La joven apasionada en guerra contra el cambio climático

Greta, ayer, durante su discurso en Nueva York
Greta, ayer, durante su discurso en Nueva York Fuente: AP - Crédito: Edgardo Muñoz
Agencia AFP
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21 de septiembre de 2019  

ESTOCOLMO.- A sus 16 años, la activista sueca Greta Thunberg, convertida en ícono de la lucha contra el cambio climático, genera tanto esperanzas como controversia, dando voz a una generación preocupada por su futuro.

La adolescente, cuyo nombre suena en las quinielas para el Nobel de la Paz 2019, logró forjarse su propio nombre en menos de un año, más allá de las fronteras suecas.

Su combate comenzó en agosto del año pasado, cuando empezó a faltar a clase los viernes para apostarse a las puertas del Parlamento sueco con un cartel y la consigna "Huelga escolar por el clima".

Desde entonces, la joven, hija de una cantante lírica y un actor convertido en productor, con sus características largas trenzas, copó las tapas de los grandes diarios del mundo.

"Planeo continuar hasta que Suecia se conforme al Acuerdo de París sobre el clima, y eso puede llevar un tiempo", dijo a finales de 2018 durante una entrevista con el canal televisivo de la agencia AFP.

Su combate, llamado "Fridays For Future" ("Viernes por el Futuro") se expandió después por todos los continentes, y miles de jóvenes activistas celebraron sus propias protestas. Thunberg dio discursos ante líderes mundiales y fue tapa de revistas como Time y Vogue, no sin generar ciertas críticas.

En enero pasado habló frente a los líderes del planeta que se reunieron en el Foro Económico Mundial en Davos.

"Nuestra casa está en llamas. Estoy acá para decirles que nuestro hogar está ardiendo", leyó Thunberg en esa cumbre.

"No están obligados a escucharnos, después de todo solo somos niños", ironizó durante un discurso ante el Parlamento francés en julio, en respuesta a quienes ponían en duda su legitimidad para encarnar el combate contra el cambio climático.

Recientemente usó sus vacaciones de Pascua para hacer una gira por Europa, siempre en tren, ya que se niega a viajar en avión para reducir su huella de carbono.

Tras decidir tomarse un año sabático tras la secundaria, en agosto cruzó el Atlántico en un velero para limitar la huella de carbono de su viaje.

El barco en cuestión, Malizia, pertenece a la familia real de Mónaco, los Grimaldi, y estuvo capitaneado por el hijo mayor de la princesa Carolina, Pierre Casiraghi.

Ayer, Greta se encontraba en Nueva York para participar en una huelga escolar de carácter mundial por el clima que se perfilaba como uno de los llamados a la movilización con más seguimiento jamás organizados.

Pasado mañana asistirá a la cumbre mundial de la ONU sobre el clima, también en Nueva York.

Apagar las luces

A Greta Thunberg le llegó el interés por el cambio climático en la escuela, cuando tenía "ocho o nueve años".

"Mis profesores me dijeron que debía ahorrar papel y apagar las luces. Les pregunté por qué y me dijeron que era porque había algo llamado cambio climático y calentamiento global, provocado por los humanos", contó Thunberg.

Entonces dejó de comer carne, beber leche y comprar cosas nuevas, a no ser que fuera "absolutamente necesario". "Son tan solo algunos pequeños cambios en mi vida diaria", comenta.

Toda la familia de la joven, que vive en un espacioso y acogedor departamento en el centro de Estocolmo, se adaptó a su nuevo estilo de vida. Su madre, Malena Ernman; su padre, Svante Thunberg, y su hermana pequeña, Beata, tomaron conciencia del combate de Greta cuando esta cayó en depresión.

Atormentada por la causa climática y las amenazas que el calentamiento global entraña, la joven cayó enferma a los 11 años.

Dejó de comer, empezó a faltar a clases e incluso dejó de hablar, explica su padre.

Su madre, que solía viajar por todo el mundo, dejó de tomar aviones y ya solo actúa en los países nórdicos.

A los 12 años se le diagnosticó síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista.

"Mi cerebro funciona un poco diferente, así que veo el mundo desde otra perspectiva", explicó Thunberg. "Soy muy directa, digo las cosas como son, y cuando decido hacer algo lo hago sin dudar", añadió, considerando que su diagnóstico es una fortaleza.

La activista terminó la educación secundaria obligatoria en junio y tuvo que seguir sus estudios desde el extranjero debido a sus numerosos viajes.

Pero eso no le impidió obtener las mejores notas en todas las asignaturas, salvo educación física y economía del hogar.

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