
La ley islámica, vigente en cuatro países
Desde 1997 hubo cuatro lapidaciones
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LAGOS.- Medio centenar de países tienen mayoría de población musulmana, pero no en todos se aplica la sharia, la ley islámica. Tampoco los castigos corporales como pena judicial son exclusivos de países musulmanes. Sin embargo, los más crueles (amputaciones o lapidación) sólo se dan en algunos de esa confesión.
Las últimas condenas de lapidación se produjeron en Sudán (conmutada por azotes tras la presión internacional), en Irán (1997 y 2001), en Emiratos Arabes Unidos (2000) y en Afganistán (1997).
Desde 1997, Amnistía Internacional documentó casos de flagelación judicial en 14 países y de amputación en siete. Otros 10 amparan castigos corporales, entre ellos Bahamas o Zimbabwe. Contra la tendencia a abolir estas penas (cuatro países lo hicieron desde 1997), 12 de los 36 Estados de Nigeria las reintrodujeron hace dos años.
Mientras la minoría cristiana se opuso a esta ley, muchos de los musulmanes del norte de Nigeria, decepcionados por la mala gestión de los gobiernos militares sucesivos y por la del régimen civil del presidente Olusegun Obasanjo, acogieron positivamente la instauración de la sharia.
La ley islámica ya había sido aplicada durante siglos en el Norte, pero durante el régimen colonial británico y en los de postindependencia sólo se habían conservado algunos de sus preceptos en el Código Penal.
Relaciones controladas
La ley islámica, que rige las relaciones sociales entre hombres y mujeres y deja la justicia en manos de los tribunales islámicos, prohíbe la venta y consumo de alcohol y los transportes públicos mixtos y castiga severamente el adulterio y el robo.
La sharia, inspirada en el Corán, prescribe la ejecución mediante lapidación para las personas -hombres y mujeres- reconocidas culpables de relaciones extramatrimoniales.
El código islámico describe detalladamente los criterios tanto para infligir una condena como para las modalidades del castigo. Los adúlteros deben ser sorprendidos en el delito, que debe, además, estar confirmado por el testimonio de cuatro hombres, una prueba casi imposible de conseguir.
Cada testigo bajo juramento de sexo masculino equivale a dos femeninos, ya que en muchos países islámicos el testimonio de una mujer en un tribunal vale la mitad que el de un hombre.
La ejecución tiene lugar generalmente en público, previo entierro en arena o tierra hasta la cintura, los hombres, y hasta las axilas, las mujeres. Si consiguen librarse y escapar, deben ser perdonados y pueden irse.
Las diferentes modalidades de sepultura castigan siempre a las mujeres, que difícilmente logran liberarse con el cuerpo casi totalmente cubierto en la tierra.
Las piedras no deben ser ni demasiado grandes, para evitar una muerte muy rápida, ni demasiado pequeñas, para no prolongar excesivamente la tortura. Entre un lanzamiento de piedras y otro deben recitarse versos coránicos.






