
La libertad cultural, el desafío de los gobiernos para este siglo
El documento de la ONU insta a respetar la diversidad Exhorta a las autoridades a integrar minorías y cuidar sus identidades por medio de las políticas públicas Se destaca la postura argentina sobre bienes culturales
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Un polémico debate se extendió a principios de año en Francia alrededor de la prohibición del velo islámico y otros símbolos religiosos en las escuelas públicas; mientras unos sostenían que vedarlos era atentar contra la libertad de culto, otros afirmaban que permitirlos interfería con el laicismo del Estado francés.
El caso es un claro ejemplo de los desafíos que enfrentan los gobiernos en el siglo XXI, según el último Informe de Desarrollo Humano de la ONU, que se presenta hoy en Bruselas. Se trata de cómo enfrentar la diversidad de forma tal de respetar la libertad cultural, cómo integrar las diferentes etnias, lenguas, religiones y razas sin discriminarlas ni intentar asimilarlas a la cultura dominante, en el escenario de un mundo cada vez más globalizado, donde las migraciones crecen día tras día.
El Informe sobre Desarrollo Humano 2004, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), advierte que una peligrosa ola de intolerancia cultural está creciendo, pero, lejos de suscribir a la teoría de que el "choque de civilizaciones" es inevitable, señala que la diversidad cohesiona a las sociedades multiculturales. Lo que genera conflictos -dice- es intentar reprimir la identidad cultural.
El informe explica que la libertad cultural constituye una parte fundamental del desarrollo de las personas y afirma que es un derecho humano. Esto implica poder elegir la propia identidad sin ser discriminado ni afrontar desventajas.
Prácticamente todos los países son hoy sociedades multiculturales: las casi 200 naciones del mundo contienen cerca de 5000 grupos étnicos. En ellas, cerca de mil millones de personas pertenecen a grupos que enfrentan discriminación y exclusión.
El informe hace un fuerte énfasis en la necesidad de que los gobiernos pongan en práctica enérgicas políticas públicas que amparen las identidades culturales y la diversidad y las reconozcan en sus leyes. Estas deben ser políticas multiculturales, como por ejemplo educación bilingüe o pluralismo legal y político.
En los casos en que se dan movimientos que buscan la dominación cultural por parte de un grupo, lo mejor no es reprimirlos, lo que en muchos casos sólo los potencia, sino dejarlos participar del juego democrático, para que así queden expuestas sus agendas intolerantes. Un ejemplo son los partidos de derecha, como el Partido de la Libertad de Austria, que, al participar en elecciones, debió moderar sus posiciones.
En el contexto actual de globalización, el comercio de bienes culturales es un tema que impulsa a algunos gobiernos a levantar barreras para proteger a sus industriales audiovisuales. El informe aconseja adoptar otro tipo de políticas, como las que rigen en la Argentina, Brasil o Francia: no restringir la entrada de producciones extranjeras (que enriquecen la experiencia cultural), sino apoyar la industria nacional con subsidios. En tanto, para asimilar a los inmigrantes, se recomienda respetar la diversidad, reconocer las múltiples identidades y crear lazos con la comunidad local.


