
La nación más antigua de Europa
Por Narciso Binayán Carmona
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Es la nación más antigua de Europa. Esto no se discute. Hace unos 7000 años que su tipo racial adquirió los caracteres actuales. Tampoco se discute que su idioma es el único sobreviviente de las lenguas habladas antes de la invasión indoeuropea. Ambos aspectos dan a los vascos una gran originalidad dentro del continente y, aislados en sus montañas, mantuvieron en su sociedad características arcaicas.
Los únicos parientes y aún muy lejanos parecen ser, por idioma, los pueblos caucásicos (georgianos, chechenos, circasianos y, un poco, los armenios, por lo que han guardado de la lengua anterior el indoeuropeo que hablan hoy).
Tanto por su territorio como por su población (3.000.000 de habitantes) son un pueblo pequeño y políticamente están repartidos entre España (Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y casi toda Navarra) y Francia (Laburdi, Zuberoa y Baja Navarra). El destino de cada una de estas facetas ha quedado marcado desde siglos, pero -dato importantísimo- los reyes absolutos respetaron escrupulosamente las leyes locales -derechos, no privilegios-, los fueros, y no tuvieron problemas con los vascos ni con los vascos como tales.
Nacen los problemas
Ultracatólicos y conservadores, los vascos al borde de los Pirineos fueron las primeras víctimas de la "modernidad" encarnada en las ideas jacobinas: idioma único para cada Estado, impuestos generales, servicio militar obligatorio. Los hermanos Garat fueron adelantados del nacionalismo vasco al pedir a Napoleón que creara una Vasconia independiente. Recibieron una negativa categórica. Por lo demás, y naturalmente, perdieron sus fueros y se los sometió a un operativo de "afrancesamiento" intensivo.
En el País Vasco del Sur eso se dio con la Constitución de Cádiz de 1812 y todo el siglo XIX fue de luchas y discusiones (y se acabó con los fueros). Sabino de Arana Goiri fundó en 1895 el Partido Nacionalista Vasco (PNV), y se iniciaron los reclamos de autonomía y de retorno a los fueros.
Se volvió a pedir la separación (1931), pero la izquierda no la quería por el catolicismo de los vascos y la derecha por el españolismo. Finalmente, en plena Guerra Civil, se concedió a regañadientes la autonomía a tres provincias (Navarra no la aceptó). Duró muy poco y con la victoria de Franco empezó una represión severa a todo brote vasquista, político o no. En 1959, en un ambiente enrarecido, se fundó ETA y en 1967 comenzaron los atentados.
Doce años más tarde, en 1979, se concedió la autonomía a las mismas tres provincias. Se legalizó la bandera vasca, se oficializó la enseñanza primaria y secundaria en vasco, se reconoció el bilingüismo y, finalmente, el año pasado ETA abandonó el terrorismo (Pacto de Estella).
Pero seguían pendientes la independencia y la unificación. La primera -debe señalarse- se reclama dentro del marco de una Europa unida, y las primeras conversaciones para este sueño se hicieron en París, en la sede del gobierno vasco en el exilio. El año último, en Estella firmaron el PNV, Eusko Albartsuna, escindida, u Herri Batasuna, brazo político de ETA, que con sus 14 diputados aseguró la gobernabilidad de la región.
En Estella los partidos vascos acordaron dejar la puerta abierta para que se incorporaran tanto Navarra como las tres provincias del Norte (bajo control francés). Lo atacaron por ello tanto el Partido Popular como el partido Socialista Español (PSOE).
Ahora, abandonada la tregua desde la medianoche del último jueves, el gobierno vasco está en sesión permanente esperando el próximo paso, es decir, el primer ataque.
De la gravedad de esta nueva etapa depende el futuro inmediato, ya que Madrid puede suspender el Estatuto de Guernica, que concedió la autonomía (1979) y el ejército podría intervenir desde que el artículo 8 de la Constitución del reino tiene como uno de sus deberes mantener la unidad española. De paso, cuando se la sometió a referendum ganó por 54% a 46% en Navarra (en especial en el sur castellanizado) y el "Sí" fue minoritario en las otras, frente al "No" y a las abstenciones.
Salvo en el rechazo prácticamente unánime de los vascos a la violencia, el pronóstico no da lugar al optimismo.




