La profecía optimista de Stiglitz

Andrés Oppenheimer
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9 de agosto de 2011  

MIAMI.- El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, una estrella de rock para la izquierda progresista de todo el mundo, no se mostró nada pesimista sobre el futuro de América latina, Asia y otras economías emergentes, cuando lo entrevisté la semana pasada sobre la posibilidad de una nueva recesión mundial.

Mientras hablábamos el 4 de agosto, Wall Street había caído más de 300 puntos; los portales de Internet publicaban alarmantes titulares sobre un posible derrumbe financiero de España e Italia, y mi columna del Miami Herald de esa mañana había citado a varios economistas que pronosticaban que la desaceleración económica de Estados Unidos tendrá un impacto negativo en China y América latina.

A diferencia de la mayoría de sus colegas, que creen que una desaceleración económica norteamericana y europea arrastrará a todo el mundo -incluidas las economías emergentes-, Stiglitz me dijo que probablemente tenga "un efecto relativamente pequeño" en China, Brasil, Chile y otros países latinoamericanos.

Cuando le pregunté si el acuerdo del presidente Barack Obama con el Congreso sobre la deuda norteamericana conducirá a una desaceleración económica o a algo peor, como una recesión, Stiglitz dijo: "Existe un significativo riesgo de otra recesión global".

Pero agregó: "No creo que sea tan grave como la recesión de 2008". A su juicio, esta vez no tomará al mundo por sorpresa como ocurrió tres años atrás.

"¿China no va a sufrir el impacto y, por extensión, también los países sudamericanos, que deben gran parte de su crecimiento a las compras de materias primas por parte de China?", le pregunté.

Le recordé que el economista de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini -que adquirió fama mundial por haber pronosticado acertadamente la crisis económica de 2008- predijo recientemente que es probable que la economía china se derrumbe en 2013.

Stiglitz dijo que lo más probable es que China "siga teniendo índices de crecimiento de siete, ocho o nueve por ciento durante otra década", debido al auge de su mercado local y a su creciente interacción con otros mercados emergentes. "No soy tan pesimista como Roubini respecto de China", agregó.

Cuando hablamos sobre América latina, Stiglitz dijo que es muy optimista respecto de la región, especialmente en los casos de Brasil y Chile. "Veo un gran crecimiento allí y en muchos de esos países. Realmente tiene bases sólidas", explicó.

"Pero ¿ese crecimiento no es en gran parte una burbuja basada en los altos precios mundiales de las materias primas? ¿Acaso muchos de los países de la región no están desperdiciando su mayor oportunidad de invertir en educación e infraestructura, y de diversificar sus economías?", le pregunté.

"Tiene razón. Pero al mismo tiempo, ha habido grandes progresos", dijo, citando el caso de los avances de Brasil en la reducción de la desigualdad de ingresos, y de su éxito en el desarrollo de la industria del etanol y de la aviación?

"De todos modos, es muy importante que América latina haga inversiones para diversificar su economía, y no se limite a las materias primas, de manera que si hay algún problema tengan una base más diversificada para continuar con su éxito económico", agregó.

Mi opinión: Stiglitz no tiene muchos fans entre sus colegas más tradicionales, quienes lo consideran un académico demasiado volcado a la izquierda que habla para sus fans de los países en desarrollo.

Pero también hay que decir que casi todos los economistas tradicionales se han equivocado muchas veces en los últimos años, y estaban dormidos cuando estalló la crisis del 2008.

En mi caso, tiendo a estar de acuerdo con aquellos que, como Roubini, creen que China no seguirá creciendo con tanta rapidez como en las últimas décadas, y que la expansión de América latina se verá afectada por las monedas sobrevaluadas, la creciente inflación, una excesiva dependencia de las materias primas y la falta de inversión en una educación de calidad. Más que en sesudas teorías económicas, mis temores se basan en lo que veo a mi alrededor: brasileños, venezolanos, argentinos y otros latinoamericanos que llegan a Miami y compran todas las propiedades que pueden, lo más rápidamente posible.

Me recuerdan a esos pescadores de Tailandia que corrieron hacia las montañas cuando presintieron que se aproximaba un tsunami que tragaría a sus aldeas en la costa.

Al igual que ellos, muchos latinoamericanos adinerados están corriendo a protegerse en tierras más seguras, porque temen una nueva crisis económica en sus países. Ya hemos vimos esta película varias veces, y casi siempre resultaron tener razón.

No obstante, el mundo será un lugar mejor si la actual desaceleración de Estados Unidos y Europa no arrastra a las economías emergentes, y por lo menos la mitad del planeta sigue creciendo como si no hubiera pasado nada.

En ese sentido, ojalá que Stiglitz esté en lo cierto, y el resto de nosotros esté equivocado.

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