La salida de Andrés de la vida pública, otro capítulo del nuevo annus horribilis de la reina

La reina participó ayer de una entrega de premios de la Chatham House, en Londres
La reina participó ayer de una entrega de premios de la Chatham House, en Londres Fuente: Reuters
El príncipe estaba vinculado con el millonario Jeffrey Epstein, acusado de abuso sexual
Luisa Corradini
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21 de noviembre de 2019  

PARÍS.- La noticia no fue el mejor de los regalos el mismo día que la reina Isabel II festejaba sus 72 años de matrimonio: acosado por el escándalo de su amistad con el depredador sexual norteamericano Jeffrey Epstein, el príncipe Andrés anunció ayer su retiro de la vida pública.

"Ha quedado claro que mi antigua relación con Jeffrey Epstein se ha transformado en un grave obstáculo para el trabajo de mi familia y el importante esfuerzo de las organizaciones de ayuda que tengo el orgullo de patrocinar", dijo el hijo preferido de la soberana en un comunicado. "En consecuencia, solicité a Su Majestad que me permitiera retirarme de la vida pública y ella dio su autorización", concluyó.

Ese anuncio fue, sin duda, el último capítulo de una larga serie de contratiempos que afectaron este año a la familia real británica, constituyendo, muy probablemente, el segundo annus horribilis, que soportó Isabel II de Inglaterra en su largo reinado de 67 años.

Los príncipes Guillermo y Harry, peleados; Meghan y Harry, decididos a instalarse en Los Ángeles; el príncipe Andrés empantanado en el escándalo Epstein; su esposo, el príncipe Felipe, cada vez más debilitado; sin contar con un primer ministro, Boris Johnson, que la indujo a autorizar una suspensión "ilegal" del Parlamento, anulada poco después por la Justicia. Este fin de año, la soberana de 93 años, cada vez más aislada y sola, no parece contar con ningún motivo de satisfacción.

Por eso annus horribilises la expresión latina que está furiosamente a la moda entre los editorialistas británicos para calificar 2019. Nadie sabe si la reina volverá a utilizarla durante su tradicional discurso de Navidad, como lo había hecho en noviembre de 1992 al término de un año marcado por la separación del príncipe Carlos y lady Diana, la implosión del matrimonio del príncipe Andrés con Sarah Ferguson, el divorcio de la princesa Anne y Mark Phillips e incluso el incendio de su castillo de Balmoral, en Escocia.

Para algunos cronistas reales, el culpable del actual aislamiento de Isabel II no sería otro que el príncipe Carlos, quien la habría privado de un precioso consejero.

"Históricamente, la mala suerte golpea a aquellos monarcas constitucionales privados de sabios consejeros", anotó el periódico Daily Mail esta semana.

En el caso de Isabel II, la renuncia de sir Christopher Geidt habría provocado todas estas catástrofes. Sin ese secretario fiel, "hombre de sentido común", la reina parece "a la deriva", escribe el diario británico, recordando que la "evacuación" en 2017 de Geidt, tras diez años de leales servicios, es imputable al príncipe de Gales.

"El equipo del futuro rey de Inglaterra se opuso a la voluntad de Geidt de reducir la autonomía de Carlos y de Guillermo, y ?centralizar' las acciones de la familia real", relata el Daily Mail.

Pero, con casi 70 años, ser infantilizado aún más era impensable para el hijo mayor de la reina. Un año antes, sin embargo, el príncipe de Gales había anunciado su voluntad de limitar las funciones reales solo a sus hijos y sus esposas en su futuro reinado, provocando la ira de su hermano, el príncipe Andrés.

En medio de ese caos familiar, resultado de sordas luchas intestinas por celos y ambiciones, la soberana se ha retirado al castillo de Windsor y trata de permanecer impasible.

"Una reserva fortalecida por su voluntad de preservar a su esposo, el príncipe Felipe", precisa la cronista y biógrafa real Katie Nicholl.

Con casi 99 años, después de haber decidido dejar la vida pública en 2017, Felipe siguió aconsejando a la reina, como lo hizo durante las últimas siete décadas, a pesar de numerosos rumores de infidelidad.

Pero el duque de Edimburgo se habría visto particularmente afectado -física y mentalmente- por un accidente de automóvil que él mismo provocó en enero de este año.

Ahora, Felipe vive recluido en el castillo de Sandringham.

"Su salud declina. Hace unas semanas fue víctima de violentos vértigos y no ha conseguido recuperar su vigor", afirma un allegado a la pareja real, citado por el diario sensacionalista The Sun. "Su cabeza funciona. Pero ya no está en condiciones de acompañar a la reina en el duro ejercicio de sus funciones", concluyó.

A su vez, la cronista real Sara Gristwood confirma: "La soberana siempre pudo contar con el príncipe Felipe para apoyarla, pero ahora, disminuido, eso se terminó".

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