La trama secreta del compromiso de Máxima

Ella misma negoció las condiciones
Silvia Pisani
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10 de diciembre de 2001  

AMSTERDAM.- La vida de palacio no es un cuento de hadas. En los casi 70 días transcurridos entre el 19 de enero y el 30 de marzo último, la argentina Máxima Zorreguieta fue investigada a fondo y asistió a una dura negociación para ser aceptada como futura princesa de Orange.

También fue ella quien, ante el fracaso de gestiones oficiales anteriores, tuvo que pedirle a su padre, Jorge Zorreguieta, que no asistiera el próximo 2 de febrero a su casamiento con Guillermo Alejandro, el heredero de la corona holandesa. Y de una de las mayores fortunas del mundo.

Así lo revelaron a LA NACION fuentes cercanas a la negociación en Amsterdam. Su información fue coincidente con la publicada en estos días por diarios holandeses, entre ellos, el influyente NRC Handelsblad.

Con la reina Beatriz como fogonera en la sombra, la negociación movilizó a la familia real, al Parlamento holandés y al primer ministro, Wim Kok, el primero en convencerse de que el deseo del príncipe Guillermo de casarse con la argentina podría derivar en una crisis institucional que afectara a la corona.

Movilizó también a la familia Zorreguieta y, sobre todo, al padre de la novia, cuyo pasado como ex funcionario del régimen militar fue el disparador del problema: a fines del año último, el Ejecutivo holandés tuvo certeza de que el Parlamento no aprobaría la boda a menos que se ofreciera algo a cambio.

El precio -dicen en Holanda- lo fijó el primer ministro Kok y fue ofrecer que el "señor Z" -como le dicen aquí a Zorreguieta- no asistiera a la boda, que se realizará en la Nieuwe Kerk de esta ciudad.

La cuestión era cómo llegaban a ese punto. Ante el fracaso de todos los emisarios, la que tuvo que hacerlo fue su propia hija. Según los que siguieron la negociación, el 10 de marzo último, la futura princesa pidió a su padre que no asistiera a la boda ante la alternativa, si lo hacía, de que su futuro marido perdiera la corona. Guillermo Alejandro también estaba presente.

La conversación tuvo lugar en un hotel de San Pablo. Hasta allí llegaron dos emisarios enviados por La Haya para persuadir a Zorreguieta. Fue en vano. Varias fuentes dijeron que, por entonces, el padre de la novia tenía aún esperanza de poder asistir a la boda. "Algo lógico, y más en un casamiento como éste", dijo el periodista Jan Thielen, autor de la biografía autorizada de Zorreguieta.

Fue un momento difícil. Zorreguieta pidió hablar a solas con su hija y el príncipe. Hasta ahora nadie sabe en qué términos transcurrió la reunión, pero puede suponerse que no fue un momento sencillo. Una hora después, quedó por escrito lo acordado: Zorreguieta no asistiría al casamiento. Por decisión propia, su mujer, María del Carmen Cerruti -la madre de Máxima- tampoco. Guillermo se casaría con su novia y no tendría que resignar la corona a favor de su hermano, Johan Friso.

Vida de espías

Veinte días más tarde, el 30 de marzo, la reina Beatriz presentó formalmente el compromiso de su hijo con "miss Zorreguieta". La imagen positiva de la corona saltó de la tibieza a un caluroso 90% gracias a la "maximanía", como se bautizó el entusiasmo popular que despierta la sonriente y expansiva novia argentina.

Sin todavía haber ingresado formalmente en la familia Orange, Máxima había zanjado ya una crisis institucional en Holanda y catapultado la imagen de la corona. Empezaba su vida en una corte moderna. Pero corte al fin. Con todo lo que eso significa. Entre otras cosas, que su vida sea blanco de investigaciones y espionaje.

* * *

Todo empezó en abril de 1999, cuando Guillermo Alejandro de Holanda y Máxima Zorreguieta, por entonces agente de cuenta de un banco en Nueva York, coincidieron en la Feria de Sevilla. Quienes en Holanda gustan de las historias románticas dicen que, poco después de ese primer encuentro, el príncipe envió a su madre, la reina Beatriz, una foto de la joven con la leyenda "es ella". Su elección estaba hecha. Fue el primer gesto firme en lo que se veía como un camino difícil.

Se asegura que para la reina la primera noticia fue un balde de agua fría, por varios motivos. El primero, el objeto de la elección. "¿No podrías haber escogido algo más sencillo?", dicen que fue el reproche. El segundo, porque hasta entonces había podido influir en la vida sentimental de su hijo.

Se afirma en Holanda que Beatriz echó de palacio a Emilie Bremers, la anterior novia de Guillermo. La chica es hija de un dentista holandés que se fue a Bélgica para evadir impuestos. "No sólo fue ese escándalo, sino que no la consideró apta para ser reina", explicó un periodista especializado en temas de la corona.

El 31 de agosto de 1999, casi cinco meses después de iniciada, la prensa supo de la relación entre Guillermo y Máxima. A comienzos del año siguiente, la joven pasó sus vacaciones cerca de la familia real, en la India. Dicen que allí comenzaron las tensiones por el futuro de la pareja. El primer ministro Kok admitió públicamente que la relación "de amistad" existía.

La Constitución holandesa responsabiliza al gobierno por los actos de la corona. De modo que se puso en marcha una primera investigación no sólo sobre la familia de Máxima, sino sobre su vida privada. "Es probable que la tarea haya corrido por cuenta de algún servicio de inteligencia extranjero. Aquí no había cómo hacerlo", dijo un analista local.

Por entonces, el compromiso del heredero noruego Haakon Magnus con una plebeya con pasado "salvaje" de drogas y promiscuidad alentó búsquedas de todo tipo. La prensa amarilla procuró hasta el cansancio una foto escandalosa de Máxima. Y no pudo encontrarla.

Lo único que obtuvo fue un video de una fiesta de casamiento en la que Máxima aparece exultante y -tal vez- algo desinhibida a fuerza de brindis.

"Lo vendió un amiguito de Buenos Aires", dijo un comentarista del prestigioso diario NRC. "Pero su efecto fue fantástico. A la gente le encantó que la futura reina fuera capaz de divertirse en una fiesta como una persona normal", añadió.

Durante el primer semestre de 2000, la vida afectiva de Máxima fue objeto de evaluación entre la reina Beatriz y el primer ministro Kok. En septiembre, fue evidente que el compromiso era más que probable y el gobierno encaró la negociación con Zorreguieta.

Kok hizo entonces otra movida de ajedrez. Convocó en secreto al profesor Michiel Baud, un experto en temas de América latina y, tras algunos rodeos, le encargó la tarea. Lo central era saber hasta qué punto el padre de la novia estaba involucrado en la desaparición de personas.

"No tiene mucho tiempo. Sólo cuatro meses. Y no podrá decirle de esto a nadie", le advirtieron a Baud. La razón era sencilla: el príncipe Guillermo había hecho saber ya en su familia que estaba dispuesto a renunciar a la corona si bloqueaban su relación con la argentina por el pasado de su padre. El asunto pasó a tener la mayor consideración institucional.

* * *

En la helada mañana del 19 de enero último ocurrieron dos cosas decisivas. Mientras patinaban sobre hielo, Guillermo le pidió a Máxima que se casaran, pasara lo que pasase. A pocos kilómetros, el profesor Baud entregó al gobierno holandés un informe en el que responsabilizó a Zorreguieta de haber callado las desapariciones en la Argentina, de las que -dijo- no podía haber estado al margen.

El premier Kok movilizó entonces a una pieza clave, el ex canciller Max van der Stoel, a quien le pidió que se encontrara con Zorreguieta en Nueva York para negociar su ausencia en la boda. Era la carta que quería jugar para obtener con el menor costo político posible la necesaria aprobación parlamentaria del casamiento.

El 15 de febrero y acompañado por un asistente -Rob Visser-, el negociador se reunió con Zorreguieta en un hotel cercano a Central Park. También estuvo allí el profesor Baud.

"La reunión empezó de modo cordial -dijo a LA NACION uno de los asistentes-. Pero no llegamos a buen término." Zorreguieta aseguró allí que no supo de las desapariciones hasta 1984. Y las calificó como "excesos". Tal posición resultó inaceptable para los holandeses.

Marzo fue el mes decisivo. El tiempo apremiaba. Máxima y Guillermo se reunieron a solas con Zorreguieta en San Pablo. La negociación terminó con la elaboración de un texto en el que el futuro suegro real se abstenía de asistir a la ceremonia.

Los novios viajaron de regreso a Holanda. Máxima apareció públicamente y, en un holandés cuya fluidez sorprendió a todos, exculpó a su padre. "Es un hombre bueno que actuó en el gobierno equivocado", dijo, de acuerdo con un guión estudiado. El público la adoró. Ella tenía su propia amargura. Comenzaba a pagar el precio de convertirse en princesa.

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