
La vida bajo la lluvia de cohetes Kassam
LA NACION recorrió Sderot, la ciudad israelí más afectada por los ataques palestinos
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KIBUTZ ZIKIM, Israel.- Cada vez que suena la alarma contra cohetes, la hija de Edy Azran, de sólo 2 años, sabe qué tiene que hacer: esconderse lo más rápido posible en el refugio de su casa. Y esperar. También lo saben los nietos mellizos de Néstor Feldchteyn. Dos niños de 3 años que, cuando juegan, hablan más de proyectiles que de juguetes.
Azran y Feldchteyn son sólo dos de los cientos de familias judías que viven bajo la amenaza diaria de los cohetes que militantes palestinos lanzan desde la Franja de Gaza sobre el sur de Israel. Una tregua alcanzada el 25 de noviembre pasado entre el presidente palestino, Mahmoud Abbas, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, no logró detener los lanzamientos: desde entonces, por lo menos 40 cohetes de tipo Kassam cayeron en el sur de Israel.
Esta situación llevó ayer a Olmert a advertir que la paciencia de Israel se está agotando y a amenazar con ordenar represalias contra los militantes palestinos, envueltos en estos días, además, en un estallido de violencia interna que podría ser la antesala de una guerra civil y que ha derivado en una tregua que se respeta poco. Ayer, de hecho, otras dos personas murieron en los territorios por enfrentamientos armados entre Hezbollah y Hamas.
El premier israelí dijo ayer que la contención que está mostrando Israel, al no responder a los Kassam palestinos, "no puede durar mucho más". Olmert hizo esta declaración apenas diez minutos después de que un nuevo cohete cayera en la región fronteriza con la Franja de Gaza. En total, fueron seis los proyectiles que impactaron ayer en esta zona. El grupo palestino Jihad Islámica se atribuyó los lanzamientos, y afirmó que habían sido en venganza por la muerte de dos de sus miembros a manos del ejército israelí.
La postura del gobierno ha recibido críticas de parte de miembros del ejército, que piden responder a los ataques palestinos. Fuentes militares citadas por el diario Yediot Aharonot dijeron que "la política de Israel ante el incesante lanzamiento de Kassam puede ser interpretada como un signo de debilidad".
Por lo menos, la mitad de los cohetes lanzados desde el inicio de la tregua cayeron en Sderot, una ciudad de 25.000 habitantes, o en sus alrededores. Ahí es donde vive Azran, de 39 años, con su esposa e hija. "A veces nos sentimos muy impotentes. Estamos bajo una especie de tortura china, como si nos tiraran gotita por gotita", contó Azran a LA NACION. "Nos sentimos como rehenes. Tenemos que enseñarles a los chicos a enfrentar el miedo a los cohetes. Es una forma absurda de criar a un niño", agregó.
Consultado sobre por qué él y su familia siguen viviendo en esta ciudad, Azran dijo que ése era un tema que discutía permanentemente con su esposa. "Pero si abandonamos Sderot, se generará una dinámica por la que terminaremos dejando todo el país", afirmó.
Cerca de allí, en el kibutz Kizim, Feldchteyn, un israelí de origen argentino y abuelo de cuatro nietos, contó que, desde que Israel retiró sus colonias de la Franja de Gaza, a mediados del año pasado, más de 300 cohetes impactaron en la zona donde vive. El último cayó el domingo pasado, un par de horas después de una visita de periodistas al kibutz, de la que participó LA NACION.
El kibutz Zikim, donde viven 400 personas, también está ubicado a cinco kilómetros de la frontera, y desde él se puede ver la Franja de Gaza, así como los restos de las casas de colonos que fueron destruidas tras el retiro israelí.
"Nunca sabés cuándo va a caer un proyectil", dijo Feldchteyn. Según contó, "no hay aviso previo", sino sólo una alarma que suena entre 10 y 20 segundos antes, tiempo que a muchos no les alcanza para llegar a los refugios. "Los niños son los que más sufren. Y también los padres, que tienen que protegerlos."
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, en un puesto militar frente a Beit Hanun -el pueblo de la Franja de Gaza desde donde más se disparan cohetes contra Sderot-, excavadoras de Israel limpiaban el terreno frente a la frontera. Según dijeron militares en el lugar, se trata de una operación necesaria "para que puedan entrar los blindados [en la Franja de Gaza] y para que contraataquen". Una frase que hace prever que el círculo de violencia no se detendrá en esta convulsionada región.






