Las divisiones amenazan la coalición de Bachelet

La conservadora Democracia Cristiana obstaculiza varias de las reformas prometidas por la presidenta
Carlos Vergara
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7 de junio de 2014  

SANTIAGO, Chile.- Aun cuando nadie le prometió un jardín de rosas, la presidenta chilena, Michelle Bachelet , se vio obligada a extremar sus recursos para alinear a las diversas facciones que conforman la coalición oficialista, Nueva Mayoría.

La alianza, una suerte de Concertación 2.0, logró integrar al Partido Comunista y a la izquierda más dura con la conservadora Democracia Cristiana (DC).

Las complicaciones , sin embargo, surgieron desde los propios democristianos, integrantes históricos de la alianza de partidos que desbancaron a la dictadura del general Augusto Pinochet y que hoy no parecen estar completamente alineados con los radicales cambios prometidos por Bachelet.

El primer cruce se debió a la ambiciosa reforma tributaria oficialista, que pretende recaudar unos 8200 millones de dólares por año, con el fin de financiar los nuevos modelos de educación, salud y pensiones, entre otras promesas de campaña.

En este punto, la intransigente postura del ministro de Hacienda, Alberto Arenas, se encontró con la férrea oposición del senador democristiano, Andrés Zaldívar, ex ministro del Interior de Bachelet durante su anterior administración e integrante de la Comisión de Hacienda del Senado, que afirmó que el "corazón" de la reforma tributaria debía ser mejorado.

Específicamente, Zaldívar y la DC tienen dudas sobre el tenor del alza de impuestos a las empresas y la eliminación del sensible Fondo de Utilidad Tributaria (FUT), un mecanismo que de no existir -de acuerdo con el empresariado y la derecha- podría redundar en un brusco freno de los proyectos y las inversiones, ralentizando aún más la desacelerada economía chilena.

La reforma educativa es otro debate que se instaló transversalmente en la sociedad chilena, alcanzando hasta el momento bastante poco consenso respecto de cuáles son las modificaciones necesarias para mejorar la calidad y garantizar el acceso universal.

En ese escenario, mientras el grueso de la Nueva Mayoría aboga por el fin de la educación subvencionada, que representa el 55% del universo chileno y que ha sido calificada como una "herencia neoliberal", el presidente democristiano, Ignacio Walker, ya anunció su rotunda defensa del modelo.

Un tercer capítulo de la poca sintonía que la DC mantiene por estos días con el gobierno fue el anuncio hecho por Bachelet de legislar sobre la despenalización del aborto en tres casos específicos: violación, inviabilidad del feto y riesgo de vida de la madre, discusión que los democristianos consiguieron postergar -por lo menos- hasta el próximo año.

Con todo, tal rapto de autonomía no resultó gratis: el fuego cruzado surgió de su propia coalición, específicamente desde el Partido Socialista, cuyo presidente, el diputado Osvaldo Andrade, calificó a los democristianos como "una piedra en el zapato".

"Al final del día, el problema siempre va a ser la DC", agregó el senador socialista Fulvio Rossi.

La tesis oficialista, según explican fuentes de gobierno a LA NACION, apunta a que los democristianos cayeron en la trampa de una "campaña del terror", supuestamente urdida por el empresariado y la oposición en cuanto a que los cambios impositivos golpearán fuertemente a la clase media, las pymes y el sistema de pensiones.

Guiños de la oposición

A la ya compleja reconfiguración del escenario político chileno se sumó también esta semana el partido opositor Renovación Nacional, cuyo flamante presidente, Cristián Monckeberg, hizo repetidos guiños a la DC para consensuar posturas, tales como su apoyo a la reforma al sistema político binominal.

"Espero que los acuerdos políticos con la DC pasen a acuerdos electorales y después a coaliciones políticas, ya que ellos no están cómodos en un gobierno de izquierda como el que se está llevando adelante", dijo Monckeberg.

Según teóricos, como el abogado constitucionalista Fernando Atria, la dicotomía de la DC respondería a un problema de identidad, en el cual habría quedado atrapada, irónicamente, tras la madurez alcanzada por la izquierda chilena.

El desorden democristiano incluso debió ser contenido por figuras señeras del partido, como el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que hizo anteayer un llamado a alinearse y sacar adelante el programa de gobierno. "La DC nunca fue un partido que va a contener los cambios. Siempre se definió de centroizquierda", explicó.

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