Las muertes se acumulan, pero los objetivos están lejos de cumplirse

Beatriz Lecumberri
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28 de julio de 2014  

JERUSALÉN.- Se cumplen tres semanas de ofensiva militar en Gaza y los logros militares y políticos son limitados del lado palestino y del israelí comparados con el elevado costo en vidas de la operación.

Hasta ahora, más de 1050 palestinos de Gaza murieron en la ofensiva, de los cuales casi 800 eran civiles, incluyendo 215 chicos, según cifras del Centro Palestino para los Derechos Humanos. Además, 43 soldados y tres civiles israelíes perdieron la vida. Ni el movimiento islamista Hamas ni el gobierno israelí quieren escuchar una pregunta que empieza a sonar ya entre los más férreos partidarios de la ofensiva: ¿tantos muertos para qué?

Al lanzar la operación Barrera Protectora, Israel anunció claramente sus objetivos: debilitar los pilares de Hamas, que controla la Franja de Gaza; poner punto final al lanzamiento de cohetes desde la Franja, y destrozar totalmente los túneles por los que los milicianos pretendían infiltrarse en territorio israelí.

Pero 21 días de bombardeos después, y pese a la ofensiva terrestre que se lleva a cabo, no se detuvo ni aniquiló a ningún peso pesado del movimiento islamista, los cohetes siguen cayendo en Israel y la cantidad de túneles existentes bajo la Franja de Gaza sorprendió a la inteligencia israelí, que afirma que sólo se ha podido acabar con un 40% de ellos.

"No sé si podremos acabar con estos túneles terroristas al 100%", admitió el primer ministro Benjamin Netanyahu ayer, en una entrevista con CNN.

"El hecho de que el gobierno israelí dude antes de ordenar un avance de sus soldados hasta las zonas más pobladas de Gaza es comprensible (...) Pero si no se lleva a cabo se creará una situación de statu quo muy problemática, que significará más sangre y no traerá consigo el fin de la batalla. Un alto el fuego en los próximos días sólo será el reflejo de una ausencia de victoria verdadera y el próximo enfrentamiento será sólo cuestión de tiempo", consideró Yuval Diskin, ex responsable del Shin Bet, el servicio de seguridad interior israelí, en una columna publicada en el diario Yediot Aharonot.

Más que debilitar políticamente a Hamas, la ofensiva parece haber logrado el efecto contrario, ya que la popularidad del movimiento islamista aumentó entre los palestinos de Gaza y provocó un movimiento de solidaridad en Cisjordania, donde las protestas se multiplicaron en estos días.

Un sondeo realizado la semana pasada en Cisjordania y Gaza por el instituto Arab World for Research and Development (Awrad) mostró que un 64% de la opinión pública palestina ve con buenos ojos la posición y las condiciones de Hamas para una tregua.

Por ahora, los más de 2000 cohetes lanzados por Hamas no consiguieron hacer verdadero daño a Israel ni cambiar su estrategia, aunque es innegable que la cantidad y el alcance de estos proyectiles sorprendieron al gobierno de Netanyahu. El logro más sonoro del movimiento islamista fue sin duda la suspensión temporal de los vuelos con llegada y salida del aeropuerto de Tel Aviv, pero la medida ya fue revocada.

"Dentro de algunos días, Israel y Hamas se proclamarán vencedores de esta partida, pero ambos salen debilitados y vuelven a la casilla de salida. Será cuestión de tiempo para que todo vuelva a repetirse", explica a la nacion Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria de Madrid.

Pero por ahora la tregua se hace esperar, mientras el balance de víctimas aumenta rápidamente. Si Hamas acepta un alto el fuego sin que ninguna de sus condiciones sea aceptada, comenzando por un alivio del bloqueo que sufre Gaza desde 2007, será admitir que la muerte de más de 1000 palestinos no sirvió de nada.

Pero debilitado y aislado internacionalmente ante el fracaso de la mediación de sus dos únicos aliados, Turquía y Qatar, el movimiento islamista tendrá dificultades para hacerse escuchar si no es por vía del presidente palestino, Mahmoud Abbas, que apoya sus exigencias, pero cuya influencia frente a Israel o Estados Unidos es claramente limitada.

Y en Israel, donde más del 80% de los ciudadanos se opone a una tregua, si Netanyahu acepta un alto el fuego en este momento, saldrá debilitado ante una derecha radical que le exige una operación contundente contra Hamas, aunque esto signifique prolongar la presencia del ejército en Gaza y asumir un mayor número de bajas militares.

"Haremos todo lo que sea necesario para dar seguridad a Israel", garantizó Netanyahu ayer a CNN.

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