
Laura Bush no será como Hillary
1 minuto de lectura'
WASHINGTON.- Cuando tenía cinco años, según les contó a sus amigas, Laura Bush ponía en fila a sus muñecas y simulaba ser su maestra. Años después ordenó su biblioteca según un estricto sistema de clasificación y siempre conservó intacta su colección de viejos libros y a salvo del polvo.
Como primera dama de Texas, según sus amigos y colegas, Laura armó gruesos álbumes de recortes relacionados con actividades oficiales y asuntos personales; elegía sus tarjetas de Navidad en febrero y escribía notas de agradecimiento al día siguiente de un acontecimiento.
Quien le diseña la ropa afirma que Laura acomoda sus zapatos en las cajas originales según el color y ha comenzado a revisar fotografías de su vestuario en una computadora. Su arquitecto señala que no deja nada sin archivar ni pega papeles amarillos con mensajes para recordar lo que hay que hacer.
El ex presidente George Bush, su suegro, la apodó El Peñón de Gibraltar". "De roca pura", fue la frase que resonó como un eco en boca de la ex primera dama, Barbara Bush, su suegra.
Los amigos íntimos de Laura Bush coinciden con esa definición.
"¿Una roca? Totalmente", sostuvo Jan Bullock, viuda del vicegobernador Bob Bullock y amiga personal. "Es constante, valerosa, jamás se derrumba. Cuando le pregunté si pudo dormir durante las cinco semanas en las que las elecciones estuvieron en el aire, me respondió que había dormido perfectamente bien", añadió.
Ahora, la maestra y bibliotecaria de West Texas apasionada por la literatura está por convertirse en la primera dama de los Estados Unidos, una tarea irreprochable, no remunerada e indefinida que viene tanto con el poder, sin un mandato electoral, como con la mirada escrutadora de la opinión pública, sin poder darse el lujo de liberarse de ella.
Laura Bush no quiso ser entrevistada para este artículo, como lo hicieron el ex presidente Bush y su esposa, Barbara. No obstante, en una declaración que preparó respecto de sus metas como primera dama, la señora Bush expresó:"Mi pasión de siempre ha sido enseñarles a los niños la magia de las palabras. Fui maestra de una escuela pública y sé cuán difícil y gratificante es la docencia".
Las entrevistas con sus amigos y colegas indican que Laura Bush ejercerá la función con la misma mezcla de férrea disciplina, sentido del orden, incluso con el temple y la afable calidez que tanto le sirvieron durante su vida. Su mayor admirador es su propio esposo.
"La gente se va a encariñar con Laura", señaló el presidente electo, George W. Bush, en una entrevista en su rancho de Texas. "No se sumará -prosiguió- al juego de Washington de tratar de imponerse a cualquiera. Será práctica, fuerte, con una forma de pensar independiente, inteligente -será lo que es- y encantadora y cordial. Además, una de las grandes virtudes de Laura es saber escuchar. Una de las actividades que tendrá como primera dama será invitar a sus amigas a la Casa Blanca. Las hará viajar desde Texas y la van a pasar fantásticamente."
Obsesión por los detalles
Aunque viste y se arregla de manera muy sobria, a Laura Bush la obsesionan los detalles y se espera que habrá de asegurarse de que incluso los acontecimientos más modestos que se registren en la Casa Blanca se desarrollen de acuerdo con los planes.
"Laura es una mujer extremadamente organizada. Detallista al máximo", advirtió Andrea Ball, la coordinadora del personal que la atiende.
Si bien es reservada en público, según sus amigas y amigos, la señora de Bush posee un magnetismo que utiliza para que las cosas se hagan. Destacan su cutis impecable -Laura usa la línea de productos cosméticos Cover Girl, que se vende en supermercados-, sus ojos del azul más profundo y su encanto irresistible. Respecto de sus ojos, uno de sus amigos dijo: "Cuando te miran parecen decir, insistentemente, que tienes que obedecer a Laura Bush".
Recelosa de los medios de prensa, es de esperar que Laura separe lo que Hillary Rodham Clinton alguna vez llamó una zona de intimidad. La señora de Bush les ha dicho a los periodistas que, si llegara a estar en desacuerdo con su esposo, no se los diría. En enero de 1999 reconoció que tenía reservas respecto de trasladarse al plano nacional, y ante un grupo de periodistas declaró:"Soy reacia. Absolutamente. Se trata de un gran cambio de vida. No me preocupa la seguridad, sino la intimidad".
Laura Bush ha estado muy activa últimamente. Por ejemplo, a principios de diciembre, su madre fue internada en un hospital de Austin, en tanto que una de sus hijas mellizas debió ser operada de apendicitis.
Entre una y otra internación, Laura voló a Dallas para medirse la ropa que usará el día de la asunción, dio la comunión junto con su esposo a los feligreses de la Iglesia Metodista Unida de Tarrytown en Austin, fue anfitriona de una cena de Nochebuena y de un almuerzo el Día de Navidad para la familia y amigos, fue de compras, envolvió regalos, embaló veintenas de cajas con las pertenencias familiares, entrevistó a eventuales colaboradores y supervisó la mudanza hacia el casi completado nuevo casco del rancho.
Como su suegra
"Laura quiere poner la cocina en orden, acomodar los libros", señaló Regan Gammon, una amiga de la infancia, respecto de la nueva casa.
"Se desvive por el aseo y la limpieza. Siempre fue así", añadió.
Durante la campaña electoral, cuando le preguntaron si, como primera dama, se parecería más a su suegra, Barbara Bush, o a Hillary Rodham Clinton, respondió:"Creo que sencillamente seré Laura Bush".
Sin embargo, en la declaración que preparó, expresó que para ella un modelo de primera dama ha sido "mi suegra y amiga, Barbara Bush, por el inmenso amor que siente por sus hijos y nietos, por su naturalidad, y porque no sabe de simulaciones".
Por cierto, Laura ha dejado en claro que no será una primera dama "politizada" que intervenga en las decisiones al estilo de Hillary, una abogada ambiciosa, sin pelos en la lengua, que marginó no sólo a gran parte de los círculos oficiales de Washington sino a muchos norteamericanos con su determinación de ser protagonista en candentes cuestiones.
La señora de Bush ha comentado que cuando habla con su esposo no surge el tema de la política. "Hablamos de nuestros hijos, nuestras mascotas, de las cosas cotidianas que nos suceden. Casi no tocamos la política", dijo en una entrevista.
Como primera dama, continuará con lo hecho en Texas, donde ha sido una adalid de la alfabetización, promovió programas para niños en edad preescolar, y creó la feria anual del libro, a través de la cual se recaudaron cientos de miles de dólares para el sistema bibliotecario estatal.
Pasado mañana, como parte de las celebraciones previas a la asunción, Laura debutará como primera dama, y será la anfitriona de una reunión con 18 escritores norteamericanos.
La señora de Bush además supervisará la mudanza a la Casa Blanca. Hace unos días, cuando los Bush dejaron la mansión de la gobernación de Texas, el presidente electo dijo que su esposa "se encargará en gran medida de decidir adónde poner los muebles".




