Liberaron al ex dictador egipcio Hosni Mubarak tras seis años en prisión

Hosni Mubarak, en una de sus audiencias judiciales
Hosni Mubarak, en una de sus audiencias judiciales Fuente: AP
El ex presidente volvió a su casa esta mañana; estaba acusado por la muerte de unos 800 manifestantes en la revuelta popular en su contra
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24 de marzo de 2017  • 10:40

EL CAIRO.- El ex presidente egipcio Hosni Mubarak, destituido en una revuelta popular en 2011, salió de prisión hoy después de cumplir casi seis años de cárcel, un tiempo en el que el país pasó por grandes transformaciones, confirmó su abogado.

Mubarak salió esta mañana de un hospital militar en el barrio de Maadi, en el sur de El Cairo, y fue hasta su casa en el vecindario acomodado de Heliopolis en medio de fuertes medidas de seguridad.

"Desayunó con su familia y un grupo de amigos", dijo su abogado, Farid al Deeb, en un diario local.

El pasado 2 de marzo, el Tribunal Supremo egipcio declaró inocente al ex presidente, de 88 años, de ser responsable de la muerte de más de 800 manifestantes durante las protestas que a principios de 2011 acabaron con su régimen después de 30 años.

En un primer proceso por el asesinato de manifestantes, Mubarak fue condenado en 2012 a cadena perpetua. Sin embargo, un tribunal de apelación anuló la condena y ordenó un nuevo juicio.

El proceso de apelación comenzó en noviembre de 2015, pero fue pospuesto en varias ocasiones debido a la mala salud de Mubarak y por motivos de seguridad.

Mubarak ya había cumplido una pena de prisión de tres años a la que había sido condenado en otro juicio por corrupción.

El ex general de la Fuerza Aérea está al parecer muy enfermo y permaneció en un hospital militar de El Cairo durante los procesos en su contra.

Tres décadas de poder

Antes de convertirse en el primer gobernante árabe en prisión, Mubarak gobernó Egipto durante casi 30 años con mano de hierro y era llamado "el último faraón".

Mubarak, quien en la guerra contra Israel de 1973 fue comandante de la Fuerza Aérea, llegó a la cúpula del Estado a través de su carrera militar, al igual que sus antecesores Gamal Abdel Nasser y Anwar el Sadat.

En 1975, Sadat lo nombró vicepresidente. Allí, se ganó el apodo de "la vache qui rit" (la vaca que ríe), al aparecer la mayoría de las veces junto al presidente con una sonrisa tonta dibujada en el rostro. Tras el asesinato de Sadat, el 6 de octubre de 1981, el vicepresidente pasó a ser jefe de Estado. El mismo Mubarak sobrevivió a seis intentos de asesinato.

A nivel interno, tuvo una política zigzagueante. Procedió con mano dura contra extremistas islámicos que actuaron en los años 90 contra intelectuales, turistas extranjeros, cristianos coptos y empleados públicos. Más tarde hizo grandes concesiones a los islamistas menos radicales, cuya influencia aumentó continuamente entre la población.

A sus dos hijos Alaa y Gamal les proporcionó puestos en el partido y lucrativos negocios, pero lo que más le jugó en contra, según creen diplomáticos extranjeros, fue la exagerada ambición de su mujer Suzanne, impulsora de la idea rechazada por muchos egipcios de que su hijo Gamal se convirtiera en su sucesor.

Mubarak, que a los 84 años se seguía tiñendo el pelo de negro intenso, fue obligado por el Ejército a dimitir el 11 de febrero de 2011. Antes, inspirados por la revolución en Túnez, decenas de miles de de egipcios habían salido a la calle para pedir su marcha al grito de "¡Desaparece!". El 11 de febrero de 2011 dejó El Cairo y se marchó a su casa vacacional en Sharm el Sheij. Pero su estancia allí no duró mucho.

Mubarak fue detenido y acusado de corrupción y de responsabilidad en la represión y los disparos a los manifestantes de la plaza Tahrir. Debido a su supuestamente mal estado de salud, se le permitió pasar el periodo de prisión preventiva en un hospital.

Durante 20 años, fue el jefe de Estado más influyente de la región. Solo en sus últimos años le disputó ese lugar el aún más anciano monarca Abdullah de Arabia Saudí, que aprovechó su título de "guardián de los lugares santos" para perfilarse como "personalidad islámica influyente".

En sus visitas a El Cairo, los representantes de gobiernos occidentales solían callar sobre violaciones a los derechos humanos, aunque el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, tras su llegada al poder, intentó en varias ocasiones, sin éxito, convencerlo de la necesidad de implementar reformas políticas.

Agencias AP y DPA

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