
Lo bueno, lo malo y lo feo de 14 años de oportunidades perdidas
WASHINGTON.- Ya antes de su muerte, Hugo Chávez se había sumado a Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara en el panteón de líderes latinoamericanos a los que se reconoce al instante en todo el mundo. Y, como Castro y Guevara, Chávez es de lo más polémico. Es objeto de una profunda admiración que se transforma enseguida en veneración apasionada, y de un antagonismo que se convierte con la misma facilidad en odio intenso. Chávez murió el martes pasado después de dos años de tratamientos contra el cáncer.
Es inevitable que su labor sea tan difícil de valorar con objetividad como la de otros dirigentes controvertidos como Mao y Perón. No obstante, aunque los actos de Chávez susciten discusiones sin fin, su legado tiene ciertos aspectos indiscutibles.
Lo bueno. La consecuencia más duradera y positiva es que hizo añicos la pacífica coexistencia de Venezuela con la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. No fue el primer líder político que convirtió a los pobres en el centro del diálogo nacional. Ni el primero que aprovechó el aumento de los ingresos del petróleo para ayudar a esos pobres. Pero ninguno lo había hecho de manera tan agresiva ni con un sentimiento de apuro tan apasionado como Chávez.
Y nadie tuvo tanto éxito como él a la hora de fijar esta prioridad en la mentalidad colectiva. Además, su capacidad de hacer que los pobres sintieran que tenían a uno de los suyos en el poder no tiene precedentes.
Otro aspecto positivo de su legado es que acabó con la indiferencia política y la apatía. El despertar político del país que desencadenó Chávez absorbió a habitantes de las barriadas, trabajadores, estudiantes universitarios, la clase media y, por desgracia, también a los militares. Y aquí es donde comienza su legado negativo.
Lo malo . Tras 14 años en el poder, Chávez no dejó el país con una democracia más fuerte ni una economía más próspera. Chávez y sus partidarios afirmaban que, durante su mandato, se celebraron 15 elecciones nacionales y plebiscitos, y que sus programas sociales fomentaban la participación y la democracia "directa" o "radical". Pero, como explica el profesor norteamericano Scott Mainwaring, para que exista democracia es necesario que haya "elecciones libres y justas, la protección de los derechos políticos y las libertades civiles y el control civil del ejército. El régimen de Chávez no cumple, ni mucho menos, estas características. No existe igualdad de oportunidades electorales, y el respeto a los derechos de la oposición se deterioró gravemente. El ejército está más politizado e interviene más en política que antes de Chávez".
La otra herencia paradójica, y negativa, es una economía que es un desastre. Es paradójica porque su mandato coincidió con una subida de los precios de las materias primas y la presencia de un sistema financiero internacional lleno de dinero en efectivo y dispuesto a prestar a países como Venezuela. Sin embargo, en el momento de su muerte, pocos países sufren unas distorsiones económicas semejantes.
Venezuela posee uno de los mayores déficits fiscales del mundo, la mayor tasa de inflación, el peor ajuste del tipo de cambio, el incremento más rápido de la deuda y una de las mayores caídas de la capacidad productiva, incluso en el crítico sector del petróleo. Además, durante la era de Chávez, el país cayó a los últimos puestos de las listas que miden la competitividad internacional y subió a los primeros puestos entre los países más corruptos del mundo. Este último dato es otra paradoja más de un líder cuyo ascenso al poder se basó en la promesa de eliminar la corrupción y aplastar a la oligarquía. La burguesía bolivariana amasó enormes fortunas gracias a contratos corruptos con el gobierno. Y eso también forma parte de la desgraciada herencia dejada por Chávez.
Lo feo. Chávez deja una sociedad ferozmente polarizada. Aunque siempre existieron divisiones sociales, el estilo político de Chávez hacía demasiado hincapié en alimentar resentimientos. Otra faceta desagradable de su mandato es que Venezuela se convirtió en uno de los países con más asesinatos del mundo. Kabul y Bagdad son más seguras que Caracas. Los organismos internacionales de policía consideran que el país es un refugio de blanqueadores de dinero y traficantes de armas y drogas. Según las Naciones Unidas, Venezuela se ha convertido en el principal proveedor de drogas de Europa.
Ante todo ello, Chávez permaneció callado y pasivo. Su complacencia mientras veía cómo su país caía en una espiral de asesinatos y crímenes es uno de los aspectos más desagradables e imperdonables de sus años de mandato.
La oportunidad perdida. Venezuela dio a Chávez un cheque político en blanco y, gracias al boom petrolero, contó también con un cheque económico en blanco. Pocos pudieron reunir el apoyo popular y los inmensos recursos económicos de los que disfrutó Chávez durante 14 años. Su control total de todas las palancas del poder le permitió hacer lo que quería. Y lo hizo. Modificar el nombre del país, cambiar su bandera, imponer una zona horaria nueva. Lo que no hizo fue dejar el país en mejor situación que cuando llegó a la presidencia.
Chávez merece ser recordado como una oportunidad perdida.
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