
Los hoteles de lujo, escenarios de intrigas, espionaje y prostitución
Aumentan las sospechas en Francia sobre las conexiones del Sofitel con los servicios de inteligencia
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PARIS.- A medida que se van desmoronando uno a uno los argumentos de Nafissatou Diallo, la supuesta víctima de Dominique Strauss-Kahn, son cada vez más en Francia quienes fijan la mirada en el funcionamiento interno del hotel Sofitel de Nueva York, donde el camino del ex director del FMI se cruzó con el de esa mucama guineana que consiguió, en apenas media hora, derrumbarle la vida.
"Hay cosas poco claras en el comportamiento de los dirigentes del Sofitel y del grupo Accor [dueño del establecimiento]", señaló el domingo el diputado socialista François Loncle. Sin acusar "absolutamente a nadie", Loncle evocó la hipótesis de "conexiones" entre Accor y "ciertas oficinas [de inteligencia] francesas".
El célebre grupo hotelero francés -con 4200 establecimientos en el mundo- desmintió de inmediato esas acusaciones y advirtió que llevaría ante la justicia a cualquier persona que insistiera en lanzar propósitos "difamatorios y sin fundamento".
Después se supo que, contactados por el director del Sofitel de Nueva York, los responsables de Accor en París previnieron directamente al Palacio del Elíseo una hora después del arresto de Strauss-Kahn. El interlocutor fue Ange Mancini, coordinador de los servicios de inteligencia en la presidencia francesa.
La incomodidad provocada por la aparición de los servicios secretos en el caso llevó, naturalmente, a plantear numerosas preguntas. ¿Qué sucede en esos grandes hoteles, ese mundo de lujo donde cohabitan riquísimos clientes y empleados de modestos salarios? ¿Existen relaciones particulares entre esos alojamientos privilegiados y los agentes de espionaje? ¿La policía o los servicios de seguridad de esos palacios suelen cerrar los ojos sobre ciertas prácticas a fin de obtener informaciones o evitar incidentes diplomáticos?
"Inútil taparse los ojos. Nadie ignora que suceden cosas raras en los grandes hoteles. En todas partes del mundo", afirma el comisario principal Robert Moriàs. "Esos lugares son el paso obligado de traficantes, asesinos, bandidos de alto vuelo, espías, figuras poderosas de la industria y los Estados. ¿Es acaso imaginable que los servicios de inteligencia prescindan de ese terreno privilegiado para obtener información?", conjetura. Naturalmente, la prostitución suele tener su lugar en ese acaudalado y ambiguo mundo.
Según ciertos medios de comunicación norteamericanos, Nafissatou Diallo vendía ocasionalmente sus encantos a ricos clientes del Sofitel. ¿Es posible que sus superiores no lo supieran? ¿Cerraron los ojos, como suele suceder en numerosos de esos establecimientos a través del mundo, mientras el "comercio" en cuestión circula por la conserjería?
En la mayoría de los países, esa práctica está penada por la ley. En Francia, por un caso semejante, un responsable de hotel puede ser asimilado a un proxeneta. Según el Código Penal, es pasible de diez años de prisión y 108.000 dólares de multa. Incluso, puede ser enjuiciada la persona jurídica, es decir la empresa.
Hipótesis
Entre las hipótesis imaginables en el caso Strauss-Kahn está la de una simple transacción acordada. También existe la posibilidad de una manipulación de Nafissatou Diallo, teleguiada por oscuros intereses. "La pueden haber usado de anzuelo. En ese caso, se trata efectivamente de un complot", señala Moriàs.
Para el comisario, la posibilidad no es nada absurda, "teniendo en cuenta que los grandes hoteles suelen ser infiltrados por los servicios de inteligencia", precisa. Sobre todo sabiendo que Strauss-Kahn era esperado en el establecimiento y se conocía su agenda.
Los especialistas consultados insisten en que, cuando un personaje de esa importancia se desplaza, es sistemáticamente objeto de algún tipo de protección. Por eso, dicen, es imposible que los servicios secretos norteamericanos ignoraran la presencia de Strauss-Kahn en Nueva York.
Es verdad que hay muchas personalidades -y el ex director del FMI es una de ellas- que detestan ser acompañados por guardaespaldas en todo momento. "Esto no quiere decir, sin embargo, que no estuviera protegido de algún modo sin saberlo", advierte el comisario Eric Stemmelen, ex jefe del Servicio de Protección de Personalidades en Francia.
Pero incluso cuando la personalidad en cuestión se mueva sin custodia, sería simplemente inadmisible que la seguridad del hotel no haya estado alerta durante la estada en el establecimiento de uno de los diez hombres más poderosos del mundo, posible blanco de terroristas.
Dicho esto, "¿cómo es posible que una mucama entre en su suite mientras él se ducha, sin llamar la atención de nadie?", plantea Stemmelen.
Según Moriàs, para reparar el gigantesco error inicial, los investigadores de la fiscalía neoyorquina estudiarán con lupa cada una de las declaraciones de los empleados y responsables del Sofitel. Ahora que se sabe que todos mintieron sobre los horarios de los hechos (pues Diallo limpió otra habitación antes de hablar de su agresión), será necesario que los colegas de la mucama y, sobre todo, sus empleadores den explicaciones.
"Si quedara demostrado que practicaba descaradamente la prostitución, la pregunta será, ¿por qué entraron en ese juego?", dice el comisario.
"En todo caso -concluye-, creo que las críticas de los diputados socialistas tienen algo de razón: hay algo que no encaja en esta historia."






