Los jesuitas, soldados y maestros del Papa
La Compañía de Jesús es una de las órdenes religiosas más influyentes en la Iglesia
1 minuto de lectura'
La elección del cardenal Jorge Bergoglio, sacerdote jesuita (SJ), como nuevo líder espiritual de 1200 millones de católicos produjo ayer un cimbronazo institucional sin antecedentes en la Iglesia: la llegada al papado de un hombre de la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más influyentes del mundo.
Fundada por el noble y militar vasco Ignacio de Loyola en 1536, la Compañía fue creada como respuesta no institucional a la reforma protestante que en su veloz avance por Europa en el siglo XVI no paraba de cooptar católicos a su causa.
En tan sólo cuatro años, un estático Vaticano advirtió entonces las virtudes de San Ignacio y la confirmó como orden religiosa el 27 de septiembre de 1540, previa presentación de las constituciones.
La obediencia ciega al papa y la disciplina militar -la mayoría de sus integrantes entonces eran hombres de armas- fueron su sello fundacional "para seguir y cargar la cruz de Jesús" como "soldados" de la Iglesia. Un lema que aún se transmite a diario tanto en sus seminarios como en los colegios que tiene en más de 120 países del mundo.
Pocos meses después de adoptado su denominación formal ( Societas Iesu , Sociedad de Jesús), Loyola recibe la autorización de Pablo III para que comience sus misiones en el mundo entonces conocido.
El ariete utilizado por la Compañía para contener a los rebeldes protestantes no fueron las armas, sino la palabra y la educación: con la fundación de colegios, universidades, seminarios y bibliotecas, forjan su reputación de brillantes educadores, prestigio que en la actualidad se mantiene inalterable.
En América, la educación estuvo acompañada de innovadores sistemas de explotación agraria que asociaba a los pueblos originarios.
Formadora de las elites europeas y cada más cercana a los centros de decisión, la Compañía comenzó a experimentar en el siglo XVII el rechazo de algunos círculos y gobiernos europeos, que los combatían con expulsiones dosificadas. La supresión papal llegó en 1773 y se prolongó durante 40 años.
Durante los siglos XIX y XX restauraron su influencia al punto de que al general de la Compañía (su superior) se lo conoce como el "papa negro" debido a su poder dentro de la Iglesia y al color de su traje.
Sin embargo, tras el Concilio Vaticano II, la orden viviría otra prueba de fuego cuando algunos de sus integrantes, particularmente en América latina, simpatizaron con algunos postulados de la Teología de la Liberación, luego bandera de algunos grupos radicales de izquierda.
En los últimos 40 años, la obediencia al Papa y el silencioso trabajo de sus líderes -entre ellos el de Bergoglio como director del seminario jesuita en la Argentina- protegieron a la orden de posibles desvíos dogmáticos y les devolvieron una renovada influencia en el Vaticano. O, como dicen sus miembros, "ser jesuita es reconocer que uno es pecador y, sin embargo, llamado a ser compañero de Jesús, como lo fue Ignacio".
Por su sede central en Roma, a pocas cuadras de los palacios pontificios, siempre pasaron teólogos, profesores y científicos jesuitas, la mayoría fuentes de consulta del papado. Pero pocos de ellos pasaron a ocupar cargos de poder en el Vaticano. Incluso el nombramiento de obispos o cardenales jesuitas, hasta hace poco, era excepcional.
Desde ayer, las palabras del cardenal Jean-Lous Tauran anunciaron lo impensado. La llegada de un jesuita al trono de San Pedro.
1“Ha entrado en una fase de paranoia”: cuál está siendo la reacción del gobierno de Ortega y Murillo en Nicaragua a la captura de Maduro
- 2
Identificaron a un quinto argentino detenido en Venezuela y advierten que tiene un deterioro psicosocial
3¿Qué falló? Todos los detalles del mortal choque de trenes que tiene en duelo a España
- 4
Tensión por Groenlandia: Macron acusa a EE.UU. de querer “subordinar a Europa” tras la difusión de sus mensajes privados con Trump



