
Los militares serbios cumplen con su retirada
En la primera etapa dejaron el Sur; el peligro de los que quedan armados.
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PRISTINA.- Francotiradores, actos terroristas, desfiles de los guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) por el centro de la ciudad, compañías del ejército yugoslavo negándose a partir: ésas eran las imágenes que todo Pristina esperaba para la medianoche, plazo final para el retiro de todas las fuerzas serbias.
"Esta es la última oportunidad para romper la paz y continuar la clase de atrocidades por las que son conocidos", había advertido Nik Hook, oficial de la compañía A-1 Para de paracaidistas británicos que establecieron su cuartel general en la planta baja del edificio donde vive el cronista de La Nación , en el centro de la ciudad.
Pero dos horas después de la medianoche no se escuchaba un sonido en las calles, ni un tiro, ni una sola de las descargas que ladraron a la luna en las tres noches que las tropas de la OTAN pasaron aquí.
Como liberada de su pesadilla, la ciudad se echó a dormir, después de un día de excitación contenida, que espera desatarse hoy con el festejo de la liberación. Según el esquema fijado entre la KFOR y Yugoslavia, todas las fuerzas de este país debían dejar la zona 1 de Kosovo, que básicamente comprende el Sur, y también incluye a Pristina, a la hora cero de hoy.
Pero hay enemigos visibles e invisibles. Por ejemplo, con la policía del Ministerio del Interior (MUP en la jerga local) "la relación es tensa", según admitió el teniente Hook.
Los policías habían desalojado una casa tomada a 200 metros de allí, donde vivía el político albanés Veli Deva hasta que tuvo que marcharse.
Cuando les tocó el turno de irse -reveló el teniente Hook-, los de la MUP cargaron los muebles de Deva en un camión para llevárselos.
Vecinos albaneses relataron que los paracaidistas obligaron a los policías a devolver todos los muebles. Estos protestaron: no todos pertenecían a la casa, dijeron. "¿Acaso los robaron de otros sitios?", respondió el oficial.
Al mediodía, la casa de Deva, sin embargo, luce devastada, con pintadas en que se lee "Serbia", el lema nacionalista "Sólo la unidad salvará a los serbios" y la firma "Tigres", que corresponde a los Tigres de Arkan, paramilitares que cometieron atrocidades en la guerra de Bosnia.
Doscientos metros más arriba, doblando la esquina, miembros de la compañía A-1 Para supervisaban el retiro de la MUP de la zona. Los policías lucían relajados y sonrientes y hablaban fraternalmente con los paracaidistas, que les daban sus armas para que probaran sus miras.
Decían que hacía meses que no veían a sus familias y querían volver a Serbia de una vez. Sólo uno, con sombrero de cowboy, alardeaba de que "Kosovo es Serbia" y que volvería. A las 12.35, a una sola señal, subieron a los autos y carros blindados y se marcharon. Uno de los policías incluso detuvo su auto para regalar su bastón con mango a uno de los británicos.
Los paracaidistas sonreían y saludaban, aunque, por lo bajo, uno de ellos, mientras movía la mano y estiraba la boca, repetía: "Sí, sí, váyanse a la m..., h... de p...".
Cuando el último vehículo policial se fue, los ancianos albaneses del barrio escupieron detrás. Una niña dijo: "Estoy muy feliz". Cien metros más arriba, los paracaidistas tomaron control del cuartel de la policía.
Delante, aún humeaba la hoguera en que los MUP habían quemaron todos los documentos que poseían. El cronista de La Nación rescató un pasaporte semidestruido, cuyas primeras páginas -las que muestran la identidad- habían sido eliminadas. La imagen se repetía en todos los edificios públicos: piras de documentos antes de la partida, soldados reunidos alrededor de sus vehículos blindados.
Las calles del centro, en cambio, ardían de albaneses felices que paseaban después de meses de reclusión. Muchos hacían cola frente al correo y el banco para hablar por teléfono a sus familiares en el exterior. Desde marzo tenían las líneas cortadas y no se animaban a salir para comunicarse.
Militares de civil
Hacia el Norte, por donde tendrían que salir caravanas de uniformados, sólo se veía un par de tanques de la OTAN y albaneses felices, que pedían a los periodistas sus celulares. Era el barrio de Vranjevac, casi exclusivamente albanés, donde tiene su asiento el ELK.
Soldados y policías daban un rodeo y de repente sonó una descarga de un arma automática. La gente se refugió y los soldados se echaron cuerpo a tierra y apuntaron. Un grupo de serbios que salía había disparado al aire: habían ido por allí como provocación.
Pese a todo, el vocero de la KFOR, teniente coronel Robin Clifford, subrayó en su informe diario que no tenía indicación alguna de que la retirada serbia no se cumpliera en los términos previstos: 20 mil hombres de combate yugoslavos menos antes de medianoche.
"Sabemos que muchos policías y militares se negaron a irse y se quedaron con ropa civil", deslizó un oficial británico. Esa será la siguiente tarea: desarmar a los rezagados.
Apenas ayer, dos soldados serbios que cargaban un auto fueron sorprendidos con municiones.
Como ésa, muchas otras sorpresas acechan, bajo el silencio de la que algunos llaman la última noche en Pristina.
Atrocidades
VELIKA-KRUSA (AFP).- Una veintena de cadáveres carbonizados de albano-kosovares fueron encontrados en una casa incendiada, en Velika Krusa (sur de Kosovo), tras la retirada serbia.
Los cadáveres fueron descubiertos por combatientes del ELK, quienes mostraron el lugar a las fuerzas alemanas de la KFOR, ayer.
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