Los nuevos códigos morales del régimen chino: comer civilizadamente y pensar como Xi

El presidente Xi Jinping quiere que los habitantes se conviertan en ciudadanos modelo en todos los aspectos de la vida
El presidente Xi Jinping quiere que los habitantes se conviertan en ciudadanos modelo en todos los aspectos de la vida Fuente: AP
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31 de octubre de 2019  • 15:25

PEKÍN.- Bajo el nombre oficial de "Esquema para la implementación de la construcción moral de los ciudadanos en la nueva era", China acaba de relanzar su código de moralidad , que en realidad bien podría llamarse "El mundo según Xi Jinping ".

China acaba de divulgar sus nuevos lineamientos morales para enseñarle a sus habitantes a convertirse en ciudadanos modelo en todos los aspectos de la vida, con directivas que van desde "defender el honor de China", hasta la forma de "comer civilizadamente", clasificar la basura para su reciclado, y reducir la huella de carbono cuando se está de viaje.

El mensaje de fondo, sin embargo, parece referido al presidente Xi Jinping, que está abocado desde hace tiempo a centralizar el poder y a consolidarse, más allá de cualquier otra cosa, como el hombre fuerte de China. La filosofía política de Xi es la fuerza impulsora detrás de este nuevo código, que curiosamente omite toda referencia a otros líderes cruciales de la historia comunista, como los icónicos Mao Tse-tung y Deng Xiaoping.

El gobierno de Pekín enfrenta actualmente enormes dificultades -la desaceleración económica, la guerra comercial con Estados Unidos, la convulsión social en Hong Kong-, pero para Xi, el nuevo código de moralidad es una forma de marcar los límites de su visión del mundo y de reafirmar su capacidad para dictar las normas que rigen lo público y lo privado.

Todos los ciudadanos, de cualquier edad y condición, deberán seguir las reglas
Todos los ciudadanos, de cualquier edad y condición, deberán seguir las reglas Fuente: AP

Los nuevos lineamientos cubren un amplio rango de instrucciones, desde la forma de "cultivar un comportamiento civilizado y disciplinado en las redes sociales", hasta "la implementación de una forma de vida y de producción amigables con el medio ambiente" y "el pleno desarrollo de los modales y la cortesía", entre otras indicaciones.

En otras cláusulas, se le ruega al pueblo que tenga "fe" en Xi y en el Partido Comunista, la antítesis de la religión, en tiempos en que el gobierno se aboca a una "reeducación" forzada de los musulmanes uigures en campos de confinamiento y a reprimir otros cultos religiosos.

Pero estos códigos ultranacionalistas no son nuevos para el pueblo chino: el nuevo documento viene a reemplazar una versión previa de 2001, y está repleto de la típica retórica y propaganda comunistas. La gran novedad es la forma en que esta nueva versión codifica las enseñanzas de Xi y las convierte en el núcleo de su visión de la moralidad china.

Desafíos

Los nuevos lineamientos se presentaron justo antes de un gran encuentro de los dirigentes del partido en Pekín, y llegan en tiempos en que Xi enfrenta grandes desafíos internos y externos.

En Hong Kong, las protestas no dan tregua -para burlar la prohibición de cubrirse el rostro, los manifestantes usan caretas con la cara de Xi-, y la desaceleración de la economía china se profundizó debido a la guerra comercial con Estados Unidos, dos problemas que desafían la visión política y la legitimidad de Xi.

Como explica Carl Minzner, experto en temas chinos y profesor de la Escuela de Leyes Fordham, en Nueva York, el nuevo código "es totalmente coherente con el giro de Pekín hacia el nativismo y el atrincheramiento político de la última década, un giro que ha ido engullendo un campo tras otro de la actividad humana: las leyes, los medios, la cultura y la educación superior. Todo esto suscita graves interrogantes sobre hasta dónde puede llegar exactamente esta tendencia, que además puede tener serias implicancias para una gran variedad de vínculos académicos, económicos e interpersonales que unen a China con el resto del mundo".

En China, tanto Xi como el Partido Comunista son invocados como fuente de legitimidad de los códigos de moralidad de la nación. Contrariamente, los gobiernos de otros países apelan a la religión para justificar sus leyes morales, lo que a su vez les sirve para mantener regímenes conservadores y represivos, como los casos de Irán y Arabia Saudita.

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

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