Mao, cada vez más ignorado en China
Casi no hubo actos oficiales
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PEKIN.- China no contó ayer con celebraciones ni actos oficiales para conmemorar el 30° aniversario de la muerte de Mao Tsé-tung, cuya figura parece difícil de encajar en un país que trata de modernizarse y se acerca cada vez más a prácticas capitalistas.
Sólo hubo breves reseñas en la prensa y en la televisión, con una moderada exaltación de la figura del líder que fundó la República Popular China, en 1949, convertido hoy en personaje de una historia que poco o nada tiene que ver con la que discurre velozmente arrastrada por el rápido crecimiento económico.
El velo informativo también cubrió a cadenas extranjeras de televisión que, como la CNN, vieron cómo su información sobre la histórica figura era silenciada en el interior de China, y los telespectadores eran obligados a contemplar solamente el luto del color negro de la pantalla.
"La nueva cultura de los negocios y el enriquecimiento personal han empujado a Mao y al maoísmo fuera del designio de las ideas relevantes", explicó Richard Baum, profesor de la Universidad de California al diario China Daily .
Otros observadores atribuyen el mutismo oficial a los temores de las autoridades de resucitar el descontento ante las decenas de millones de muertos provocados por la política de Mao, sobre todo durante la Revolución Cultural (que dejó entre uno y dos millones de muertos, en 1966) o el Gran Salto Adelante (con 30 millones de muertos, de 1959 a 1961).
"Esperábamos encontrar una gran celebración, teniendo en cuenta lo que ha significado Mao para la historia de China", explicó Eva Cerezo, una turista española que está pasando la luna de miel en Pekín. "Pero lo único que hemos encontrado de Mao es el retrato de Tiananmen y su momia; parece que no queda mucho más", agregó.
A pesar del mutismo oficial, miles de chinos fueron al mausoleo de Mao, instalado en la plaza Tiananmen de Pekín. En su ciudad natal de Shaoshan (sur), entre 6000 y 8000 visitantes estuvieron en el Museo Mao.
En Tiananmen, llena de turistas, cada mañana, excepto la de los lunes, largas colas de visitantes, la mayoría de ellos ancianos o campesinos, guardan silencio sobrecogidos ante el cuerpo embalsamado del dirigente, que se conserva en el gigantesco mausoleo del centro de la plaza.
Lo mismo sucede en la Puerta de Tiananmen, uno de los pocos lugares que quedan de peregrinación para los nostálgicos del antiguo régimen. Decenas de ancianos, vestidos con el traje y la gorra que antaño puso de moda el dirigente, suben ayudados por sus hijos y nietos las escaleras que conducen al monumento, del que cuelga el gigantesco retrato de Mao, para rendir homenaje al líder.
Es que para los cientos de miles de campesinos pobres, que a menudo son marginados ante los vastos cambios económicos de los años recientes, Mao representa a un gobierno que se preocupaba por su causa.



