
Murió Keiko, la orca más famosa del mundo
Fue la estrella de la película "Liberen a Willy" y sus secuelas
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OSLO.- Keiko, la orca que a principios de los noventa protagonizó la película "Liberen a Willy", fue hallada muerta anteayer en las aguas de un fiordo noruego, poniendo fin a las esperanzas de los activistas medioambientales de que este animal de casi once metros de largo y seis toneladas, que pasó la mayor parte de su vida en cautiverio, se adaptara a la vida en libertad.
Según el equipo a cargo de su cuidado en la bahía de Taknes, Noruega, Keiko murió de neumonía. "Mostró algunos síntomas, como sueño y falta de apetito -declaró ayer Dane Richards, uno de sus cuidadores-. Desde hace dos días estaba un poco letárgica y ya no aceptaba los alimentos."
Capturada en 1976 cerca de la costa de Islandia, cuando sólo tenía dos años, fue por más de una década la atracción principal de acuarios y parques de diversiones en Islandia, Canadá y México, hasta que saltó a la fama en 1993 con "Liberen a Willy" y sus dos secuelas, trilogía que narra la lucha de un niño por devolver al mar a una orca cautiva. Entonces, activistas crearon una fundación con el único objeto de lograr su readaptación a la vida salvaje.
"Rescatar a Keiko de una pileta apretada en México y devolverla a las aguas donde nació fue el esfuerzo más espectacular realizado por un animal", dijo ayer David Phillips, presidente de la Fundación Keiko. El programa de readaptación que comenzó en 1993 y que culminó en julio de 2002, cuando esta orca macho fue liberada en Islandia, demandó unos 20 millones de dólares.
En septiembre de 1998, un avión de carga transportó de vuelta a Keiko a los mares de Islandia. En la bahía de Klettsvik, Keiko fue albergada en un recinto flotante donde permaneció hasta julio de 2002, cuando finalmente la liberaron en mar abierto.
Pero en agosto, Keiko fue hallada a casi 1600 kilómetros de Islandia, cerca del poblado de Halsa, en la costa oeste de Noruega, a donde se supone que se habría dirigido en busca de compañía humana.
La comunidad de Halsa no dudó en "adoptar" a Keiko, y miles de turistas comenzaron a visitar su nuevo hogar. A tal punto llegó el acoso que las autoridades protectoras de los animales noruegas debieron imponer una área de protección en torno de Keiko, que fue finalmente reubicada en la bahía de Taknes. Diariamente, hasta este viernes, sus cuidadores se encargaron de arrojarle 40 kilos de arenque, confirmando la incapacidad del animal de adaptarse a una vida que conoció sólo fugazmente a poco de nacer.



