
Nació la segunda hija de Letizia y el príncipe Felipe
Se llama Sofía, en honor a la reina
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MADRID.- Fue como si, al llegar al mundo, tuviera cientos de tíos plebeyos: un aplauso estalló entre el hervidero de periodistas que ayer cubría, puertas afuera de la clínica y a cielo abierto, el nacimiento de Sofía, la segunda hija del príncipe de Asturias. Y octava nieta de los reyes de España.
"Estamos felices", dijo Felipe de Borbón, poco después, al comparecer ante las cámaras. Y si hubiese dicho otra cosa, nadie le habría creído: era tan ancha su sonrisa que hasta pareció que, de tanto hincharse, le apretaba el cuello de la camisa.
Todos están bien. Para empezar, la nueva infantita, que pesó 3,310 kilos y midió 50 centímetros, o sea, un poco más flaca pero también, más larga, que Leonor, su hermana mayor. Y para seguir, su madre, la princesa Letizia, que a los 34 años acaba de pasar por su segunda cesárea en apenas uno y medio.
Nació la infanta con nombre de gran reina -Sofía, su abuela- y acaba de destronar a una: su hermana, la graciosa Leonor, de quien ayer todos se preguntaban cuál sería la reacción al verse obligada a hacer sitio en el, hasta ahora, reino particular de su palacio.
¿Qué se sabrá al respecto? Difícil que algo. Los borbones no son de hablar mucho. Y difícilmente se repita aquella confesión, tan natural, de Máxima Zorreguieta, la princesa de Holanda, cuando bautizó a Alexia, su segunda hija.
"Por casa hemos visto muchos celos en estos días", dijo, risueña, en tácita referencia a Amalia, la primogénita, futura reina y, al parecer, algo enfurruñada por aquellos días.
Lo del nombre de la infantita estaba casi cantado. "Sofía" figuraba en casi todas las apuestas; tanto que hasta el príncipe Felipe lo admitió ayer, antes de anunciarlo.
"Nos hacía mucha ilusión que la reina tuviera una nieta con su nombre", añadió luego el heredero, que, cuando habla en público de su madre, dice así, "la reina".
No sorprende, tampoco, porque es conocida la estrecha relación entre madre e hijo, a la sazón, reina y príncipe. Una complicidad de sonrisa y mirada en actos públicos. Un lazo tan fuerte que, hasta antes de casarse, al menos, si algo presidía el palacio de Felipe era un enorme retrato de su madre. Difícil saber si algo ha cambiado en la decoración desde que es marido.
De modo que todo queda en familia: la infantita será la segunda Sofía de la casa y del reino, y segunda hija. "O sea, segundona nata", decían ayer cronistas españoles, con esa aberración por el eufemismo tan habitual por aquí.
Para media España, sin embargo, que la segunda en llegar también haya sido mujer fue un alivio: de haber sido varón, y tal como están las cosas, se hubiese iniciado un debate de aquéllos. Ocurre que en España, el varón precede a la mujer en línea de sucesión al trono. Dicen que eso va a cambiar, pero hasta ahora no ha cambiado.
El padre, presente
El nacimiento se produjo poco antes de las 17 y, según confesó, Felipe estuvo presente durante la intervención. Al cierre de esta edición, sin embargo, no se conocía, todavía, foto alguna de la pequeña. Eso, pese a que cada vez es más frecuente que el real padre saque una instantánea y la difunda, para alegría del reino.
"Se parece a su hermana", atajó el heredero, que no podía dejar de sonreír ni aunque se lo propusiera. Y para más datos, Leonor es rubia, de ojos claros, con enorme capacidad para gesticular y, hasta el momento, lleva el apellido Borbón bien puesto en los generosos mofletes.
Con la noticia del feliz nacimiento, con la alegría del padre y con el brindis, se alcanzaba la cota final de tres semanas de guardia preparto para decenas de periodistas, que hasta dormían en las afueras de la clínica Ruber, para no perderse la cotizada imagen de los príncipes llegando-entrando-saliendo-saludando. También por eso aplaudía la prensa...
Es que la expectativa por un parto real (en el sentido monárquico, no en el otro) llega a extremos. Por caso, la fugaz película que mostraba el raudo paso de la camioneta azul en la que llegaron los príncipes a la clínica fue ayer repetida hasta el cansancio por TV. Y fue toda una hazaña gráfica, tras días de espera.
Esta vez, con todo, la cosa estuvo mejor organizada. Había sandwiches, bebida, una carpa, un escenario y hasta tres baños químicos dispuestos por la Casa Real.
Lo otro que también pasó, aunque no se vio, fue el compromiso previo que se hizo firmar al personal de la clínica de no revelar ninguna "infidencia" a la prensa.
Eso ocurrió, al parecer, hace ya varias semanas, cuando se hicieron las reservas de suite maternal y habitaciones para el real aterrizaje de la cigüeña.



