No sólo el futuro de Atenas está en juego: también el de Merkel

Alison Smale
Andrew Higgins
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26 de junio de 2015  

BRUSELAS.- Con Grecia sumida en la guerra civil y la sombra del predominio soviético cerniéndose sobre Europa, en 1947, el entonces presidente norteamericano, Harry S. Truman, reclamó "acciones contundentes e inmediatas" y desembolsó cientos de millones de dólares para que Atenas se quedara del lado de Occidente.

No ayudar a Grecia en esa hora crucial, advirtió Truman, podía tener repercusiones que se extenderían "por todo Occidente, así como por Oriente".

Casi 70 años después, el presente parece un eco del pasado. Con profundas divisiones políticas, Grecia ahora está sumida en una terrible depresión, y el presidente ruso, Vladimir Putin, no hace más que avivar el fuego de una nueva confrontación entre Oriente y Occidente.

Pero esta vez el jugador clave es la canciller alemana, Angela Merkel. Como líder de facto de la Unión Europea, Merkel es una voz determinante a la hora de decidir si, en 2015, vale lo que realmente cuesta mantener a Grecia en la nómina de la UE: un rescate financiero de 270.000 millones de dólares, y la cuenta sigue subiendo.

Más allá de las finanzas, el resultado de estas negociaciones tendrá consecuencias perdurables para la unidad y la seguridad europeas, y planteará profundos interrogantes sobre el liderazgo de Merkel y sobre su legado como principal impulsora de cinco años de políticas de austeridad, políticas que, según Grecia, son las culpables de haber empujado el país al precipicio.

Es un momento clave que podría terminar definiendo los casi 10 años de Merkel en el poder, y revelar si su visión a futuro para el bloque regional trasciende la política interna de Alemania y ese apego alemán por las normas, y hasta podría dejar en claro si Berlín está preparada para desempeñar un rol de liderazgo en la escena global.

Algunos expertos financieros dicen que Europa podría absorber el golpe de una salida de Grecia de la eurozona, más allá de las dudas que esa salida despertaría en las naciones acreedoras de Atenas, que se verían forzadas a renunciar a cientos de miles de millones de euros.

Pero los analistas políticos advierten que la salida de Grecia podría poner en marcha un caótico cambio de moneda hacia una dracma agudamente devaluada. El resultado casi instantáneo sería una Grecia inestable y empobrecida, al mando de un gobierno de extrema izquierda que ya es afín a Putin, lo que le daría al mandatario ruso aún más fuerza de brazo para meter cuña y dividir a Europa.

"Rusia aprovecha cada oportunidad que se le presenta para dividir y debilitar a la Unión Europea", dijo el miércoles en una entrevista Rosen Plevneliev, presidente de Bulgaria, país vecino del Norte y aún más pobre que Grecia. "Lo que está ocurriendo en Grecia es tanto económico como geopolítico", señaló.

Merkel seguramente también está preocupada. Alemania "se está viendo obligada a sacarse las anteojeras con las que evalúa esta crisis", dijo Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Extranjeras, con sede en Londres. "Ya no se trata meramente de un tema de reglas de la economía."

Merkel enfrenta actualmente al menos tres crisis en el interior de Europa: la potencial salida de Grecia de la eurozona, el peligro de la secesión de Gran Bretaña de la Unión Europea y la renovada confianza y determinación de Rusia.

Frecuentemente acusada por sus críticos de preferir la táctica a la estrategia, o de abordar la cuestión europea fríamente y sin compromiso emocional, frente a cada uno de esos conflictos Merkel sigue intentando fomentar la unidad de Europa.

Mantener a Grecia en el seno de Europa ha sido una consideración estratégica desde 1947, cuando Truman declaró su compromiso con Grecia y Turquía hasta que se conformara la OTAN, un pensamiento que llegó a conocerse como la "doctrina Truman".

Interrogado sobre el riesgo de que Grecia abandone la eurozona y posiblemente incluso la Unión Europea, el subsecretario general de la OTAN, Alexander R. Vershbow, dijo: "Esto podría tener repercusiones para nosotros. Es preocupante".

Alemania ha insistido siempre en que Grecia y los demás deben ajustarse a las reglas de la UE, y que son justamente las excepciones las que resquebrajan la unidad del bloque. Pero, tal vez para cubrirse políticamente o tal vez como una concesión, Merkel ha dejado el regateo en manos de su ministro de economía, Wolfgang Schäuble.

Merkel también ha enfatizado que la troika de acreedores de Grecia -los demás países de la eurozona, el FMI y el Banco Central Europeo- deben refrendar cualquier acuerdo al que se llegue.

Sin embargo, si Grecia llegara a caerse de la eurozona, el golpe también lo sufriría Merkel, y no sólo en cuanto a su legado, sino también en cuanto a toda una serie de políticas destinadas a impedir el desmembramiento de la unidad europea, tan afanosamente construida desde 1945.

Es más, si no se llega a un acuerdo con Grecia, el liderazgo de Merkel para aplicar sanciones a Rusia y tratar de mantener a Gran Bretaña dentro de la UE también se vería considerablemente afectado.

Emmanuel Macron, ministro de economía de Francia, dejó en claro esta semana durante una entrevista que Merkel no perdía de vista el panorama geopolítico global.

"La canciller es perfectamente consciente de la situación y de las posibles consecuencias de una salida de Grecia, tanto en lo político como en lo económico", aseguró el ministro francés.

Traducción de Jaime Arrambide

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