
Obama comienza a construir en Praga su legado nuclear
Peer Meinert Agencia DPA
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WASHINGTON.- El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tuvo que esperar más de un año para conseguir su primer éxito verdadero en política exterior.
Pero para Obama, la firma del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start) con Rusia, en Praga, es tan sólo un primer paso del largo camino hacia un mundo sin armas nucleares.
El presidente, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, podría quedar en los registros de la historia gracias a sus esfuerzos, pero los obstáculos que aún quedan por salvar son inmensos.
No es la primera vez que el Castillos de Praga ha sido el telón de fondo de una importante aparición de Obama. Ha transcurrido un año desde que el presidente estadounidense bosquejó su visión nuclear en el mismo lugar.
"Como única potencia nuclear que ha usado un arma atómica, Estados Unidos tiene la responsabilidad moral de actuar", dijo Obama el 5 de abril de 2009. Hasta los más íntimos aliados de Estados Unidos quedaron sorprendidos: de repente, Obama había vuelto a poner el desarme en la agenda global, planteando el tema del terrorismo nuclear y asumiendo la iniciativa de que Estados Unidos actuaría como líder y guía.
Fue un verdadero golpe de Obama. Rara vez un presidente estadounidense había suscitado tanto entusiasmo en Europa o articulado un tema con tanto refinamiento retórico, al advertir: "En un extraño giro de la historia, la amenaza de una guerra nuclear global casi ha desaparecido, pero el riesgo de un ataque nuclear ha aumentado".
Lo que preocupaba a Obama no era el enfrentamiento con otras naciones, sino la posibilidad de que los terroristas adquirieran un arma nuclear, "la amenaza más inmediata y extrema para la seguridad global", dijo.
Cuando Obama habla de desarme, no sólo se refiere a la reducción de los arsenales nucleares tradicionales, sino también al contrabando de material nuclear dentro de un floreciente mercado negro en el que los fanáticos y extremistas compran armas ilícitas. Obama considera el Start firmado con Rusia un signo de "stop" para los oscuros poderes que quieren poseer armas nucleares.
"El sentido más importante del tratado es deslegitimar las armas nucleares", dijo recientemente a The New York Times Kenneth Luongo, presidente de la Sociedad para la Seguridad Global (PGS),
De hecho, para Obama, la firma del tratado en Praga esta semana es sólo el primer paso hacia el logro de salvaguardas nucleares mucho más amplias. "Se espera que el nuevo tratado Start sea la llave capaz de abrir muchas cerraduras más", escribió Stephen Sestanovich, un experto ruso del Consejo de Relaciones Exteriores, con sede en Estados Unidos.
El acuerdo de desarme revela la mejora de las relaciones entre Washington y Moscú, un hecho que podría ser un factor importante para resolver los desacuerdos nucleares con Irán. Obama sabe perfectamente que sin la mano solidaria de Moscú no tiene posibilidades de aplicar mayor presión sobre Teherán.
La reinvención de Moscú
Con el nuevo tratado, Rusia vuelve a sentirse a la altura de su antiguo enemigo. Dimitri Medvedev no se cansaba de subrayar que el tratado no da prerrogativas a ninguna de las dos partes. La ventaja para Rusia es que Obama está mucho más supeditado a Moscú que viceversa, si es que el norteamericano quiere conseguir que su visión de desarme se convierta en realidad.
El Kremlin, por eso, puede permitirse apuntar a lo que considera el punto débil del tratado: los planes norteamericanos para construir un escudo antimisiles en Europa, que Rusia ve como una amenaza.
Otro hecho crucial para Obama fue la difusión, esta semana, de su estrategia nuclear, que compromete a Estados Unidos a no usar nunca armas nucleares contra países que respeten los tratados de no proliferación nuclear. Para los idealistas, las celebraciones fueron prematuras.
El poder disuasorio del arsenal nuclear seguirá siendo, en el futuro, un componente importante de la defensa norteamericana, y Obama no renunció a la posibilidad de un primer ataque nuclear. La visión del presidente de un mundo sin armas nucleares también podría encontrar resistencia en los círculos de defensa de Estados Unidos, así como en el Senado, que debe aprobar el tratado Start y que cree que Washington no debería abandonar su mayor elemento defensivo.
"No soy ingenuo", dijo Obama, el año pasado. "Este objetivo no se alcanzará rápidamente. Tal vez no se cumpla mientras yo esté vivo."



