Obama, confiado en lograr un acuerdo contra reloj

Tras una reunión con los líderes republicanos y demócratas del Congreso, se mostró "moderadamente optimista"
Rafael Mathus Ruiz
(0)
29 de diciembre de 2012  

NUEVA YORK.- Con un plazo de sólo tres días y el temor a un golpazo a la economía norteamericana, demócratas y republicanos, encabezados por Barack Obama, se embarcaron anoche en un último y desesperado intento por alcanzar un acuerdo que permita eludir los primeros ajustes del "abismo fiscal" antes del próximo martes.

Aunque dijo que era "moderadamente optimista" respecto de la posibilidad de lograr un acuerdo, Obama no ocultó su frustración por las infructuosas idas y venidas que ha dado Washington en las últimas semanas, y que dejaron a Estados Unidos al borde de comenzar a sufrir los efectos de un ajuste fiscal por unos 600.000 millones de dólares, que podría arrojar al país a una nueva recesión.

Descartado un pacto amplio para corregir el déficit fiscal, los líderes de ambos partidos en el Senado intentarán consensuar un plan que por lo menos prolongue beneficios impositivos para la clase media, además de la extensión del seguro de desempleo que cobran unos dos millones de norteamericanos.

"Ahora estamos en el último minuto. El pueblo estadounidense no será paciente con una herida autoinfligida políticamente a nuestra economía", afirmó ayer Obama, en la Casa Blanca, luego de su reunión con los líderes demócrata y republicano en el Senado, Harry Reid y Mitch McConnell; el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, y la líder de la minoría demócrata, Nancy Pelosi.

Allí Obama presentó un abierto desafío a los republicanos: si este último intento fracasa, los demócratas impulsarán en el Congreso un plan para extender los beneficios para los desocupados y las familias con ingresos inferiores a 250.000 dólares, algo que forzaría a los republicanos a ceder o darles la espalda a millones de familias en todo el país.

"Creo que esas propuestas podrían pasar ambas cámaras con mayoría bipartidaria siempre y cuando ambos líderes [republicanos] permitan que se vote", afirmó Obama. "Si los miembros quieren votar no, pueden hacerlo", desafió.

Este nuevo escenario terminó de construirse ayer en la Casa Blanca, en la reunión de Obama con los líderes partidarios del Congreso. El encuentro, al que todos calificaron de "bueno" y "constructivo", duró alrededor de una hora, y sirvió como puntapié para la nueva ronda de negociaciones.

Las muestras de optimismo sorprendieron en las últimas horas de una semana en la cual nada hizo pensar que Washington pudiera superar la parálisis de cada vez que republicanos y demócratas se han sentado a discutir cómo reparar las finanzas públicas.

Obama se hizo eco ayer del malestar que reina ante la incapacidad de los legisladores para evitar caer en tratativas en busca de soluciones de último minuto para la crisis fiscal, algo que ya ocurrió a fines de 2010 y a mediados de 2011, cuando la puja por elevar el techo de la deuda le costó a Estados Unidos la rebaja de la calificación "AAA" de su deuda por parte de la agencia de riesgo Standard & Poor's.

"Tengo que repetirlo: fuera de Washington nadie entiende por qué esto tiene que ser un patrón repetitivo, una y otra vez", dijo Obama.

De concretarse, el ansiado y esquivo acuerdo podría quedar rubricado mañana. Las miradas están puestas ahora en el Senado. Allí, Reid y McConnell intentarán hoy pulir un entendimiento que podría ser sometido a votación en las primeras horas del domingo, y, luego, enviado a la Cámara de Representantes, que ese mismo día volverá a reunirse tras el receso navideño.

"Tuvimos una buena reunión", dijo anoche McConnell, ya en el piso del Senado, durante una sesión. El republicano también se mostró "optimista y esperanzado" en la posibilidad de consensuar un plan con los demócratas.

Uno de los argumentos favorables que se esgrimían anoche es que los senadores republicanos son más moderados que sus pares congresistas. De hecho, los republicanos llegaron a la reunión en la Casa Blanca con las manos vacías luego de que Boehner fracasara en impulsar su propio plan en la Cámara baja del Congreso, bajo control republicano, la semana pasada.

Ese traspié debilitó a la oposición, al dejar al descubierto sus divisiones, algo que le dio margen a Obama para lanzar su última ofensiva. Si esa movida será exitosa o no, se sabrá en las próximas horas.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.