
Ola de suicidios "químicos"
Advierten sobre un nuevo método que se ha puesto de moda
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HONG KONG.– En Japón, el suicidio ha sido siempre una forma aceptable de morir. Desde los samuráis que preferían hacerse el hara-kiri antes que ser humillados o derrotados, hasta el ministro de Agricultura que en mayo del año pasado se ahorcó tras ser acusado de corrupción, elegir la propia muerte es visto hasta cierto punto como una salida honrosa.
Pero una nueva racha de suicidios con un método químico que se ha puesto de moda tiene horrorizada a la población y ha causado histeria en la prensa japonesa, que ya habla de una “epidemia” suicida.
Más de 50 personas se quitaron la vida sólo en abril, inhalando gases producidos por sustancias químicas de venta libre cuya receta fue divulgada en Internet. Hubo más víctimas en mayo, entre ellas las de tres hombres y una mujer cuyos cuerpos fueron encontrados dentro de una camioneta alquilada.
Al igual que en otros casos similares, las víctimas no tenían una relación previa y se habían conocido a través de uno de los muchos sitios de Internet en Japón que atraen a potenciales suicidas y propician los encuentros macabros.
Otras víctimas actuaron por su propia cuenta, como una estudiante de 14 años que se encerró en su cuarto y se quitó la vida mezclando las sustancias con gases letales, no sin antes dejar un aviso en la puerta con la advertencia: “No abrir. Gas en producción”.
Cuando la madre volvió a su casa, el gas aún no se había disipado y tuvo que ser hospitalizada. Unos 100 vecinos fueron evacuados de sus casas.
El frenesí desatado por las muertes ha llevado a nuevos llamados al gobierno japonés para que mejorara los programas de atención a la salud mental. Algunos expertos en suicidio creen que no se puede hablar de una epidemia que vaya a tener un impacto significativo en las estadísticas, sino de un método suicida que se ha puesto de moda y que afecta a quienes están al borde de una crisis.
“Hay un factor humano de imitación que es lo que los especialistas llaman “suicidio contagioso”. En Japón hay 125 millones de personas que viven saturadas por los medios masivos; por lo tanto, la información se disemina rápidamente y los más vulnerables se dejan afectar”, explica William Wetherall, investigador en salud mental y miembro de la junta directiva de la Asociación Japonesa para la Prevención del Suicidio.
Wetherall admite que la sociedad en Japón es más comprensiva con el suicidio en comparación con otros países, pero rechaza la noción de que sea un “rasgo cultural” japonés, como se tiende a percibir en el exterior. “El suicidio tiene que se ser explicado en cada caso particular. La gente se mata por sus propias razones”, dijo a LA NACION.
Un problema crónico
En las estadísticas de suicidio de la Organización Mundial de la Salud, Japón ocupa el décimo lugar después de varios países de Europa oriental, como Rusia, Hungría y Lituania. Sin embargo, tiene la tasa más alta entre las naciones desarrolladas: 24 suicidios por cada 100.000 habitantes, contra 13 en Alemania y 11 en Estados Unidos.
La falta de canales para que la población pueda expresar sus problemas ha sido un problema crónico en Japón, donde exteriorizar los sentimientos es visto como una señal de debilidad. “Quienes trabajan en prevención del suicidio recomiendan a la gente que estén alertas a las señales que dan amigos y familiares, pero reducir la frialdad de la sociedad es algo que puede tomar años o incluso generaciones”, dice Wetherall.
El desafío para el gobierno japonés, entonces, es solucionar algo que no puede ser arreglado de la noche a la mañana.
“La gente que se quita la vida siente que no tiene otra alternativa. Las causas pueden ser financieras, emocionales, interpersonales o de salud mental, y por lo general son universales. La diferencia entre un país y otro está en la ayuda disponible y en cuán accesible es esa ayuda para que un individuo sienta que tiene alternativas distintas al suicidio”, dice Jason Chare, director de Tell, un servicio telefónico de asesoramiento psicológico en inglés con sede en Tokio.
Si los japoneses son suicidas, dicen los expertos, lo son no por una predeterminación cultural, sino por falta de una política que valore la salud mental tanto como valora la física.
El suicidio aparece con frecuencia en las páginas de los periódicos japoneses. Los problemas económicos llevaron a tanta gente a matarse hace una década, que la empresa ferroviara japonesa instaló enormes espejos en las plataformas de los trenes para que los suicidas pudieran verse y cambiar de opinión antes de lanzarse a las vías.
Todavía hoy, cuando alguien se suicida tirándose a las vías del tren, su familia es obligada a pagar por la interrupción del servicio y por los costos de limpieza. Los potenciales suicidas han empezado a buscar formas que no traigan traumas adicionales a sus familias, como la creación de monóxido de carbono en estufas portátiles.
A pesar del surgimiento de nuevos métodos, el ahorcamiento sigue siendo la forma más utilizada de quitarse la vida en Japón y uno de los lugares preferidos es el bosque de Aokigahara, escenario de un famoso libro en el que al final una pareja de amantes se suicida.






