Para los argentinos, un Mundial entre misiles
Los inmigrantes tratan de llevar una vida normal en medio del conflicto
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En el kibutz Zikim, a apenas dos kilómetros de la frontera con Gaza, el argentino Dany Kanash, de 48 años, tiene un deseo muy particular para la noche de hoy, además de que el seleccionado argentino salga campeón. "Espero que los misiles de Hamas no nos obliguen a tener que encerrarnos en el refugio durante el partido, como ocurrió durante el de Brasil-Alemania. Hay veces que la alarma suena hasta cien veces por día. Es enloquecedor."
Los argentinos constituyen más de la mitad de la comunidad de 150.000 latinoamericanos que viven en Israel, y muchos, como Kanash, viajaron hacia allá para vivir en el kibutz un sueño socialista de integración y concordia mundial que estos días se hace trizas con cada misil de Hamas y cada muerto palestino en Gaza.
"Por supuesto que estoy en contra del operativo israelí contra los palestinos", sorprende Kanash con su respuesta. "Estoy convencido de que no es el camino. Pero para la respuesta que yo quisiera dar, como pacifista, se necesita algo que aún no existe del otro lado, un interlocutor que se comprometa a decir «basta», con la misma valentía que tuvo el presidente egipcio Anwar el-Sadat, en 1977, cuando vino a Israel y dijo: «No más derramamiento de sangre »".
Kanash, un porteño del barrio de Flores, se radicó en Israel en 1987 y vive con dos hijas de 15 y 19 años en una granja colectiva de unas 500 personas, dedicada al cultivo de paltas y mango. Para cuando comience el partido hoy, a las 22 hora israelí, en el comedor del kibutz habrá un asado argentino frente a una pantalla de TV gigante. "Pero si la cosa se pone pesada vamos a tener que cancelar todo y encerrarnos en casa o en el refugio", cuenta con resignación.
Por la cercanía del kibutz con Gaza, ni siquiera dentro del refugio está totalmente a salvo. "Hace ocho años explotó un misil a 50 metros de mi casa y por la onda expansiva «volé» contra la pared del refugio. Fue un golpe terrible. No me lo olvidaré jamás".
Otra argentina, Ariana Gidekel, de 82 años, es de los argentinos que emigraron a Israel en la crisis de 2002, aunque en su caso lo hizo porque ya vivían en Israel dos hijos y seis nietos.
Ahora vive en Kfar Saba, a 85 kilómetros de Gaza, y trabaja en OLEI, la organización de latinoamericanos en Israel. A Gidekel la sigue sorprendiendo la reacción de los israelíes durante los ataques.
"La gente en las calles no entra en pánico con las sirenas. En esta ciudad tenemos un minuto para llegar a los refugios antes de un eventual impacto. Pero no hay escenas de histeria ni gritos. Y hay veces que hay varias alarmas diarias", afirma.
En un esfuerzo por seguir con la normalidad, la organización OLEI tenía previsto para anoche ofrecer en sus salones la proyección de la película Corazón de león, con Guillermo Francella.
La venezolana Antonella Martínez, de 35 años, es una "recién llegada" a Israel. Viajó en octubre junto a su esposo y dos hijos de 6 y 10 años. Vive en la ciudad de Ashkelon, a diez kilómetros de Gaza, en un "centro de absorción" donde se recibe a los inmigrantes.
"A algunos les podría parecer que saltamos de la sartén al fuego, viniendo desde Venezuela a Israel -dice Martínez con humor-. Pero no nos arrepentimos en absoluto."
"En Caracas sentíamos que las autoridades hacían todo lo posible por entorpecer la vida al ciudadano común y corriente. Y aquí en cambio el gobierno está empeñado en proteger a la población", dice Martínez.
"Además, en Venezuela vivíamos indefensos frente a la delincuencia. Aquí el gobierno hace todo lo posible por defender a sus ciudadanos, empezando por el sistema antimisiles que destruyó casi todos los cohetes lanzados desde Gaza", agrega.
Martínez ya se acostumbró a ver los misiles palestinos estallando en el cielo. "Es muy impactante ver un cohete que se acerca hacia donde uno está. Pero gracias a Dios, hasta ahora todos fueron interceptados", dice.
"Habrá largos días de combate"
- El gobierno israelí dio ayer un pronóstico ensombrecedor sobre el conflicto y dijo que se prepara para más "largos días de combate". El vocero militar Moti Almoz señaló también que aún hay "muchos" blancos que atacar en Gaza y que el ejército se alista ya para el próximo paso que podría ser una ofensiva terrestre.
- Según los equipos de rescate palestinos, la cifra de víctimas en cinco días de ofensiva aérea israelí ya asciende a 127 muertos y más de 900 heridos.
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