Para los jóvenes chinos, muchos títulos, pero pocos empleos

En 2012, siete millones de personas terminaron la universidad, una cifra récord en la historia, pero la demanda de profesionales no aumenta al mismo ritmo
Guillermo Bravo
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24 de noviembre de 2013  

PEKÍN.– Xin Bao está cansada de buscar en Internet; no hay trabajo. Dice que lo único que encuentra son puestos de recepcionista en diferentes actos empresariales. La escogen por su juventud y su gracia, pero es un empleo de fin de semana, y ella busca algo estable.

Con 23 años, terminó su máster en cultura y lengua alemana hace un año y, desde entonces, no consiguió nada que se adapte a sus expectativas. "Si no salís de una de las cinco o seis grandes universidades de China, no sos nadie y competís con muchísima gente con el mismo perfil", dice a LA NACION, y agrega que está pensando dejar el país porque el mercado laboral chino es demasiado difícil.

En su misma situación se encuentran millones de chinos que son parte de una sociedad en la que la oferta de graduados creció más rápido que la demanda de profesionales. En 2012 se graduaron siete millones de universitarios, la cifra más alta en toda la historia de la educación del país.

El sistema universitario chino vivió una explosión a inicios de los 80, cuando China trazó el mapa de liberalización económica y centró su atención en las instituciones educativas que formarían a sus futuros trabajadores. Parte de ese proyecto fue impulsar la educación superior en todo el país, luego de que la mayoría de universidades estuvieran inactivas durante los casi diez años que duró la Revolución Cultural.

El proyecto educativo dio frutos, pues la cifra de graduados de 2012, según el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de China, sextuplica la de 1992, cuando se graduaron 1,2 millones de personas.

Sin embargo, el 16,4% de los graduados de entre 21 y 25 años no consigue trabajo al graduarse, según una encuesta de la Universidad de Chengdu.

La cifra de desempleo entre las personas que completan la educación secundaria es del 4,2% y entre las personas con educación primaria es tan sólo del 2%, reveló esta encuesta. Estos jóvenes profesionales –que rinden un estricto examen para ingresar en la universidad– se encuentran ante un mercado laboral muy exigente y con pocos lugares disponibles.

Sólo en Pekín, el 33,6% de los profesionales no consiguió un puesto acorde con su nivel académico, según un reporte de la Comisión Municipal de Educación de la capital, que resaltó también que la creación de empleos bajó un 15% respecto de 2012. China aún no logró dar el salto de pasar de una mano de obra no especializada a una que impulse la innovación, tecnología e investigación en los diferentes niveles.

Dos modelos de producción

"Parte del problema para estos jóvenes graduados es que no tienen ninguna experiencia de trabajo. Las prácticas, trabajos de verano o trabajos de medio tiempo para estudiantes no son muy comunes en China. Ésta es una gran diferencia con el mercado laboral de Estados Unidos y Europa, donde la mayoría de los estudiantes hacen cualquier tipo de labor antes de solicitar un trabajo «real» después de la graduación", dijo Penélope Prime, directora del Centro de Investigaciones sobre China en la Universidad de Georgia.

Debido a la dificultad para conseguir trabajo en los grandes centros urbanos, muchos graduados de zonas rurales vuelven a sus ciudades o viajan a otras más pequeñas donde la competencia es más baja. "Yo pensaba que mi futuro laboral estaría en Pekín y por eso vine a estudiar aquí, sin embargo, decidí volver a Nanjing porque allí mis primos consiguieron trabajo más rápido que yo aquí", dice Zhong Lei, una joven estudiante de historia que se graduó el año pasado en la Universidad Capital de Pekín.

Con la desaceleración de su economía, que en los últimos años vio un cambio en su capacidad exportadora y modelo industrial, China debió modificar su base económica y encontrar soluciones más internas. Mucho de esto trajo grandes recortes de personal y ajustes salariales, que contrastan con un aumento de la inflación.

A eso se le suma la falta de iniciativa privada que genere empleos. De acuerdo con los últimos datos de la Comisión Estatal de Economía, actualmente hay ocho millones de pymes en todo el país, que generan el 75% de los puestos de trabajo creados en los últimos años.

Sin embargo, las limitaciones para préstamos y las trabas burocráticas no impulsan el crecimiento de la pequeña y mediana industria, por lo que aún no dan abasto para hacerle frente al desempleo juvenil.

Por otro lado, los graduados siguen prefiriendo trabajar para el Estado antes que para una empresa privada. "Los estudiantes chinos cuando se gradúan buscan seguridad y eso es muy difícil en el mundo de hoy. Sin tener experiencia y muchas veces con un nivel de formación bajo, quieren un buen salario y un puesto de por vida sin arriesgar nada. En Estados Unidos es visto como un éxito abrir su propia empresa, mientras que en China es visto con temor y casi un fracaso. El problema del empleo se solucionaría fomentando el talento emprendedor", opinó Chi Jun, sociólogo especializado en el sistema laboral.

Un estudio conjunto de la Universidad de Stanford, la Universidad de Tsinghua y la Universidad Normal de Pekín, reveló que un 22% de los alumnos de Stanford desea comenzar su propia empresa, mientras que en Tsinghua y la Universidad Normal solamente el 3% de los alumnos tiene esa meta.

"No creo que se pueda empezar una empresa propia si no se dispone de un gran capital. Hoy las empresas más importantes del mundo están en todos lados. Sería la lucha de un mosquito contra un gigante", dice Xin Bao.

Otro motivo para elegir las empresas estatales es que muchas de ellas engloban una gran parte de los sectores más importantes para el país, como el energético, las telecomunicaciones o el transporte.

Las reformas introducidas luego del Tercer Plenario del Partido Comunista, hace diez días, proponen un rol "decisivo" del mercado y un papel más importante del sector privado. A esto se suman las modificaciones al sistema bancario y financiero chino, introducidas a mediados de este año, que facilitan los préstamos a emprendedores mientras se les disminuyen los requerimientos impositivos.

En este punto, está en juego la transformación de la economía, el tan mentado pasaje del "fabricado en China" al "creado en China", que viene impulsándose desde hace unos años.

China busca modificar las prácticas de una producción industrial sin valor añadido, que requería mano de obra básica, y pasar a una especializada, evolucionada y que produzca marcas distintivas a nivel mundial.

Empresas como Lenovo, Tencent o Alibaba son pioneras en el mundo y un modelo de lo que China puede hacer. Pero la transición tan sólo empieza y los nuevos graduados sufren al encontrarse entre dos modelos de producción: uno que fue exitoso, pero insostenible, mientras que otro se ve como el futuro, pero apenas está sentando las bases.

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