Para los parisinos, la "dama blanca" sigue de pie

Turistas y residentes de la capital contemplaron ayer las consecuencias del voraz incendio que consumió parte de la catedral de Notre Dame
Turistas y residentes de la capital contemplaron ayer las consecuencias del voraz incendio que consumió parte de la catedral de Notre Dame Fuente: AFP - Crédito: Francois Guillot
Los residentes de la capital se consuelan con la resistencia del templo y la titánica tarea de los bomberos para combatir el fuego
Luisa Corradini
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17 de abril de 2019  

PARÍS.- Los parisinos se despertaron ayer ante una terrible visión: bajo un cielo gris y pesado, la "dama blanca" de París había sido despojada de gran parte de su esplendor. Estalló el encaje de sus vitrales. Sus piedras quedaron ennegrecidas. Se derrumbó su flecha, las llamas devoraron su techo y su osamenta de madera, intactos desde el siglo XIII. Pero aunque haya quedado una enorme herida en el corazón de París y de sus habitantes, la catedral de los franceses aún sigue de pie.

Centenares de parisinos y turistas se detenían ayer a lo largo de los muelles y en los puentes del Sena para mirar de lejos sus restos calcinados, plantados en su isla prohibida al acceso por un espeso cordón de policías.

"Me siento más tranquila", confió Aline, de 62 años, responsable de una pequeña empresa de ropa. "Tenía que venir para darme cuenta de la magnitud de los daños. Ahora me voy tranquila. Podremos repararla. Tomará tiempo, pero Notre Dame renacerá", asegura.

A lo largo del muelle Montebello, en la rive gauche (la orilla izquierda) del Sena, centenares de personas deambularon durante todo el día frente a ese sitio sagrado, símbolo de la capital, erigido durante más de dos siglos a partir de 1163.

Aferrada al parapeto del Puente d'Arcole como para darse fuerzas, Simone, de 75 años, que vive en Saint-Paul, muy cerca de ahí, afirma que "es un poco de nuestra propia carne" la que partió, "de nuestra memoria, de nuestra cultura". Reconoce que, hasta este drama, los parisinos pasaban a su lado con indiferencia. "Notre Dame era parte del paisaje. Hoy tratamos de verla. Tanto los creyentes como los que no creen", agrega.

Como la mayoría de los franceses, Simone espera que el siniestro actuará como un electroshock para los servicios públicos, para que por fin adopten una "auténtica política del patrimonio, digna de ese nombre". "Es realmente preocupante. Dejamos degradarse cantidad de monumentos, cristianos o no. Pero también nuestro patrimonio natural. Es necesario que esto sirva para algo", concluye.

Los bomberos lucharon durante 16 horas contra las llamas, provocando una ola de emoción y un flujo de donaciones para financiar una reconstrucción, que el presidente Emmanuel Macron prometió que estará concluida en cinco años.

"El fuego fue sofocado. Ahora comienza la fase de los estudios técnicos", anunció Grabriel Plus, vocero de los bomberos. Expertos y arquitectos de Monumentos de Francia deberán ahora "determinar si la estructura es estable", señaló.

Hasta ayer, los bomberos intentaban preservar los dos campanarios, norte y sur, para estar seguros de que las torres no serían afectadas. En todo caso, cien de los 500 bomberos que intervinieron el lunes siguieron trabajando ayer, para apagar "eventuales focos residuales" y controlar las estructuras.

La noche anterior, en pleno incendio, el vicario general de la diócesis de París, Philippe Marsset, que pudo entrar en la catedral, evocó una escena de "bombardeo", "una visión increíble". "Los vitrales que estallaron", y la aguja que, al caer, "hizo un hueco encima del coro".

"Ayer vi la flecha derrumbarse", recuerda con emoción contenida la hermana Sophie, de la Fraternidad Monástica de Jerusalén, en medio del puente de las Tournelles, rodeada por periodistas llegados del mundo entero.

"Entre la gente, en ese momento había tanto silencio". Después la religiosa sonríe: "Ahora me digo que nuestra catedral fue capaz de resistir. Perdió el techo, pero los sólidos muros siguen de pie".

Agencias AFP Y ANSA

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