Pekín dice basta a la silenciosa liberalización de su cultura

El gobierno lanzó una ofensiva para controlar los contenidos de la TV y de Internet
Sharon Lafraniere
Michael Wines
Edward Wong
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28 de octubre de 2011  

PEKIN.- En este Estado autoritario, la censura política ha tenido desde hace tiempo la mano pesada. Pero durante años, el Partido Comunista toleró una sigilosa liberalización de la cultura popular, al permitir tácitamente casi cualquier cosa, desde burdas imitaciones de programas de búsqueda de talentos, al estilo American Idol , hasta microblogs libres y espontáneos que dejan que la gente se desahogue.

Ahora, por lo que parece, el partido ha dicho "ya basta".

Ya sea porque están asustados por las insurrecciones populares que se producen en todo el mundo, por una inminente transición del liderazgo en el ámbito nacional o por los gustos cada vez más provocativos de sus propios ciudadanos, los dirigentes comunistas están imponiendo nuevos límites a la libertad de los medios y de Internet, que incluyen algunas de las medidas más restrictivas en varios años.

La instancia más notable se produjo el martes pasado, cuando la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión ordenó a 34 emisoras importantes de televisión satelital que se limitaran a tan sólo dos programas de entretenimiento de 90 minutos cada uno por semana y colectivamente a 10 en toda la nación.

También se les ordenó que emitieran dos horas de noticias aprobadas por el Estado cada noche, y desestimar los ratings de público para decidir la programación. El gobierno dijo que las medidas, que entrarán en vigencia el 1° de enero, apuntan a eliminar "el exceso de entretenimiento y las tendencias vulgares".

Las restricciones se producen en momentos en que los líderes del partido pusieron en marcha nuevos frenos a los mensajes breves y los microblogs tipo Twitter, que proliferaron en menos de dos años y se convirtieron en una fuente importante -y difícil de controlar- de denuncias.

Los microbloggers, algunos de los cuales han atraído a millones de seguidores, dejaron al descubierto escándalos y actos ilícitos oficiales, incluido un intento de encubrir un reciente accidente de un tren de alta velocidad, con extraordinaria rapidez y popularidad.

Anteayer, el Comité Central del Partido Comunista convocó en un informe a su reunión anual para la creación de "un sistema de administración de Internet" que regularía estrictamente los sistemas de mensajes instantáneos y las redes sociales, y castigaría a aquellos que difunden "información perjudicial".

Tal vez lo más revelador sea que las autoridades debaten la posibilidad de exigirles a los microbloggers que registren sus cuentas con sus nombres verdaderos y números de documentos de identidad en vez de hacerlo con los seudónimos que actualmente emplean casi todos.

Aunque los bloggers más famosos de China tienden a usar sus nombres verdaderos, exigirle a todo el mundo que lo haga convertiría las denuncias y las críticas al gobierno en algo considerablemente más riesgoso.

"Esas restricciones serían definitivamente perjudiciales para la libertad de expresión", dijo el editor de un microblog que se negó a dar su nombre por temor a las represalias.

Este nuevo enfoque conservador coincide con un cambio planificado del liderazgo del Partido Comunista y del gobierno, un proceso intrincado que durará todo el año próximo. Durante ese período, la tolerancia de la libertad de expresión fuera de los canales oficiales tiende a reducirse, y los burócratas que anhelan un ascenso suelen mostrar sus vetas conservadoras.

El miedo al levantamiento

La represión también se produce luego de los levantamientos populares de Medio Oriente.

Según algunos expertos, también pone de manifiesto la influencia, en la jerarquía gobernante de China, de defensores de la línea dura como Zhou Yongkang, el jefe de seguridad pública que ayudó a desarticular los disturbios provocados por los huigures, un pueblo étnico de la región de Xingjian, en el oeste de China.

La agencia estatal de noticias, Xinhua, informó esta semana que Zhou había llamado a las autoridades a resolver problemas referidos a "la integridad social, la moralidad y el manejo de Internet" y que había pedido la rápida puesta en marcha de leyes y regulaciones sobre el manejo de Internet.

Nadie, fuera del reservado liderazgo chino, conoce la verdadera razón de estas maniobras, más allá de una general e intangible sensación de inquietud referida al grado en que la libre expresión se está arraigando en China.

Los microblogs, o weibos , son tal vez el mejor ejemplo. En el último año, los weibos se han convertido en el foro preferido de los chinos para transmitir noticias y chismes sobre escándalos referidos al gobierno y a la elite. Los dos más grandes, operados por la empresa privada Sina Corporation y Tencent Holdings, cuentan con más de 200 millones de usuarios registrados, cuatro veces más que hace un año.

Ante la inminente censura oficial, sus weibos están llenos de relatos obscenos de los actos oficiales ilícitos, tal como el frenesí -con fotos incluidas- por las orgías sexuales de un funcionario de la provincia de Yunnan en julio pasado. Los reguladores de los weibos han sido duramente amonestados por el gobierno por permitir que ese tipo de escándalos se difundan libremente por Internet.

Song Jianwu, decano de la escuela de periodismo y comunicación de la Universidad de Ciencia Política y Derecho de China, dijo que los líderes chinos aceptaban la necesidad de esas válvulas de escape para la libertad de expresión.

Pero en el caso de los weibos , agregó, "también temen que esa válvula de seguridad pueda convertirse en un artefacto explosivo".

Las restricciones oficiales para la televisión son más turbias. Las reglas ostensiblemente se aplican a CCTV-1, el canal general de programación de Central China Television, pero no a CCTV-3, que se especializa en arte y entretenimiento, según un artículo publicado en la edición en inglés del Global Times, un periódico oficialista.

Traducción de Mirta Rosenberg

CANCELAN EN PEKÍN DOS MUESTRAS DE ARTE

PEKIN (DPA).– El uso de palabras "demasiado sensibles políticamente" llevó a que dos exposiciones de arte en Pekín fueran censuradas, según denunciaron varios artistas. La primera de las muestras se iba a exhibir en el Museo de Arte móvil, y el motivo fue que la obra Anestesia sensible utilizaba el lenguaje de programación Unicode para escribir "príncipes, madres de Tiananmen, las revoluciones de jazmín", palabras bloqueadas en los buscadores del país. El otro evento cancelado fue la exposición del artista Yu Jianrong, experto rural de la Academia China de Ciencias Sociales, que tituló a su obra de fotografía Petición.

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