Personalismo e improvisación, el ADN de su diplomacia
WASHINGTON.- La inesperada cita se forjó con un tuit y quedó para la posteridad. Donald Trump hizo historia al dar 20 pasos y convertirse en el primer presidente de Estados Unidos que pisa Corea del Norte. La osada movida resucitó las negociaciones con el régimen de Kim Jong-un y le dio a Trump un momento memorable para las pantallas, algo que busca y atesora como pocos.
Pero además de dejar una foto histórica, el encuentro reafirmó, una vez más, la estrategia personalista, improvisada e imprevisible y proclive a las apuestas de alto riesgo que Trump ha seguido para lidiar con la amenaza nuclear de Pyongyang. Rasgos del ADN de la diplomacia trumpista.
Todo empezó con una invitación de Trump a través de Twitter, que mutó en un apretón de manos y una escena histórica, filmada y fotografiada desde todos los ángulos posibles, construida sobre la marcha.
Al final, la tercera reunión entre Trump y Kim cerró sin logros sustanciales, y un solo avance concreto: llevar todo de vuelta a donde había quedado. Un paso adelante, después de haber dado uno hacia atrás. Para los críticos de Trump, fue teatro puro, y una nueva legitimación a una dictadura brutal.
"La política exterior no es televisión reality, es realidad", machacó Ben Rhodes, uno de los arquitectos de la política exterior de Barack Obama.
Las imágenes dominaron las noticias todo el día.
"Si da un paso adelante, será el primer presidente de Estados Unidos en cruzar la frontera", le dijo Kim a Trump, frente a frente, separados por la línea de cemento que divide el norte del sur en la Zona Desmilitarizada. Demasiada tentación para Trump. "Estaría muy orgulloso de hacerlo", le respondió, antes de dar el paso, y darle unas palmadas a Kim en la espalda. La Casa Blanca difundió el video en las redes.
La audaz jugada de Trump reanimó las negociaciones entre Washington y Pyongyang, luego de que la última cumbre, en Hanoi, terminó en un fracaso. Trump también se lleva de su gira por Asia el reinicio de las conversaciones comerciales con China. Pero en ambos frentes persisten los mismos problemas, obstáculos y diferencias para llegar a la meta final. En eso, nada ha cambiado.
La cita apenas se confirmó la tarde anterior. Ambos le sacaron el jugo. Kim, quien se mostró sorprendido por la invitación, llevó a un presidente de Estados Unidos a suelo norcoreano, y volvió a destacar la "excelente relación" entre ambos. Sus fotógrafos y camarógrafos corrieron de un lado a otro para registrar cada segundo para la maquinaría propagandística del régimen. Una nueva dosis de validación.
Trump no ocultó su alivio: la prensa, afirmó, lo hubiera hecho quedar "muy mal" si Kim lo hubiera dejado plantado.
"Nos hiciste ver bien a los dos, y te lo agradezco", reconoció Trump, sentado al lado de Kim. También admitió que ni siquiera sabía, al caminar hacia la frontera, si Kim iba a invitarlo a cruzar. Lo hizo, y Trump cruzó, un alto gesto que entregó sin pedir aparentemente nada a cambio. Luego dijo que fue "un honor" que lo llenó de orgullo. "Estaba listo para hacerlo", afirmó. "Y quiero agradecerte. Ha sido genial. Ha sido genial", celebró.
La cita tuvo su dosis de caos, en medio de la inevitable improvisación ante la falta de planificación de los detalles que suele tener la preparación de una cumbre. "¡Córranse! ¡Muévanse!", gritaron los fotógrafos de los medios a los de Kim durante la caminata. La nueva vocera de Trump, Stephanie Grisham, quedó moretoneada luego de forcejear con los guardaespaldas de Kim para permitir el ingreso de los periodistas de la Casa Blanca a la reunión en la Casa de la Libertad. El Servicio Secreto debió intervenir, según la prensa.
Washington y Pyongyang intentarán ahora encaminar las negociaciones. Ya hay "un buen punto de partida", dijo el secretario de Estado, Mike Pompeo, al hablar después con la prensa. No supo decir con quién negociará ni cuándo. "En algún momento de julio, probablemente en las próximas dos o tres semanas", ensayó. Tampoco está definido un lugar para una reunión, admitió. Trump, dijo, había abierto otra oportunidad.
"¿No fue una apuesta, la forma en la qué lo hizo?", preguntó un periodista.
"Funcionó", respondió Pompeo, entre risas.


