
Polémica en Chile por las declaraciones de Pinochet
Hasta los propios hijos del ex presidente se mostraron molestos
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SANTIAGO.- Mientras sus familiares y allegados le cantaban el feliz cumpleaños, el ex dictador Augusto Pinochet fue blanco ayer de duras críticas por sus controvertidas declaraciones televisivas, en las que dijo que se consideraba un "ángel bueno" y culpó a sus subalternos por los excesos durante su prolongada dictadura.
En su 88° aniversario, el ex mandatario, que anteayer dijo que no tiene por qué pedir perdón a nadie por las violaciones de los derechos humanos cometidas durante su gobierno, fue acusado de "cobarde", "patético" y "ángel de la muerte".
"Yo me considero un ángel. Reflexionando y meditando, soy bueno", había dicho Pinochet durante una entrevista con un canal de televisión hispano de Miami dada a conocer anteanoche.
En su propio entorno familiar, dos de sus hijos se mostraron contrarios al rompimiento del mutismo que el ex dictador había mantenido durante los últimos cinco años. "Mi papá está anciano", explicó Marco Antonio Pinochet, que en el último tiempo fue el vocero de su padre. El hijo menor del general retirado dijo que pedir perdón "no le hace mal a nadie".
"No le encuentro sentido a sacar una entrevista y remover odios que ya habían quedado un poquito apaciguados", sostuvo, por su parte, Lucía Pinochet, hija del ex mandatario.
Desde el gobierno, el vocero oficial, Francisco Vidal, expresó que Pinochet es "literalmente el pasado" y que con sus declaraciones dejó en claro que está lejos del "nunca más" a las violaciones de los derechos humanos que ha proclamado la actual jefatura castrense.
El ministro del Interior, José Miguel Insulza, fue más drástico. Desde Lima sostuvo que las declaraciones de Pinochet le parecieron "patéticas".
"Pinochet posee la misma inhumanidad de siempre y continúa con su tozudez de no reconocer los excesos", señaló. Para Insulza es "terrible" que el ex jefe del Ejército se compare con un ángel en medio de la conmoción que causó el domingo la difusión de un informe según el cual los cadáveres de 400 presos políticos fueron lanzados al mar desde aviones militares durante su régimen.
"Cobarde"
Desde las organizaciones de derechos humanos también abundaron los duros calificativos. Pinochet fue llamado "cobarde" por haber hecho responsables a sus subalternos de los excesos cometidos durante su régimen, entre 1973 y 1990.
El hombre que alguna vez se jactó de que no se movía una hoja en Chile sin que él lo supiera negó su responsabilidad en los crímenes.
"Yo jamás maté ni mandé a matar a nadie. Yo primero que todo soy un católico -dijo el general-. En todas las luchas políticas hay excesos y gente que no se controla (...) subalternos que actúan y se quedan callados."
"El sigue siendo tan cobarde como ha sido siempre", dijo la secretaria de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Viviana Díaz.
Para los abogados que han luchado largamente por sentarlo en el banquillo de los acusados, Pinochet confirmó en la entrevista que no está demente, como lo declaró en julio del año pasado la Corte Suprema al sobreseerlo de responsabilidad en los 75 secuestros y asesinatos de la llamada "caravana de la muerte".
El festejo
"El nunca estuvo loco, ésa fue una manera de eludir a la Justicia", dijo la activista defensora de los derechos humanos Pamela Pereira.
"Pinochet es en realidad un ángel de la muerte", sostuvo la presidenta de la organización que agrupa a los familiares de desaparecidos, Lorena Pizarro.
El ex dictador se recluyó ayer en su finca costera de Los Boldos, una de las cinco residencias que posee en distintos puntos del país. Hasta ese lugar llegaron unos 260 familiares y ex colaboradores civiles y militares de su régimen, que compartieron con el ex gobernante un almuerzo campestre.
También llegaron hasta el lugar, 130 kilómetros al sudoeste de Santiago, unas 50 mujeres que, portando fotos del anciano general y banderas chilenas, fueron trasladadas por la Fundación Pinochet para saludarlo.
Las partidarias del ex dictador permanecieron tras las rejas que rodean la residencia, fuertemente custodiada por personal militar.
Pinochet, vestido deportivamente y con un brazo en cabestrillo por una fractura que sufrió hace unas semanas, se acercó a unos 30 metros de las rejas a saludar a sus enfervorizadas simpatizantes. En su breve aparición alzó la mano como saludo y se retiró hacia el interior de su residencia.


