
Psicosis por la nube tóxica
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PANCEVO, Yugoslavia.- El terror a una nube tóxica despertó ayer con espanto a la gente de Belgrado. Pero resultó sólo una gruesa columna de humo, útil para acusar una vez más a la OTAN de arruinar la vida yugoslava.
Para el cronista de La Nación , fue dormirse y despertarse con la misma pesadilla. A la noche, un amigo de Sarajevo preguntó por teléfono: "¿Tienen máscara antigás allí? Están bombardeando la planta petroquímica de Pancevo y dicen que puede producir dioxinas como las de Seveso" (Italia), devastada más de 15 años atrás.
Y al despertar, llamadas cruzadas entre periodistas de todo el mundo: la nube tóxica se había alzado desde Pancevo y pendía sobre la vida, no ya de sus 150.000 habitantes, sino de los tres millones y medio de una Belgrado horrorizada.
En la televisión, corresponsales de CNN, Skynews y BBC transmitían imágenes del incendio de la planta petroquímica de Pancevo. Habían sido llevados especialmente en la noche, poco después de los bombardeos, para esparcir la alarma en los países de la OTAN.
Apenas dos días antes, periodistas italianos y argentinos habían sido advertidos por el Ministerio de Ecología y Protección del Medio Ambiente de Serbia que podría ocurrir una "catástrofe ecológica". En una mañana nublada de domingo, el Centro de Prensa convocaba a toda la prensa internacional a presenciarla en directo.
Después de esperar horas una autorización del Ministerio de la Salud -se llegó a decir que todos debían llevar máscaras-, una multitud con cámaras, grabadores y libretas se apelotonó frente a dos ómnibus para disputar a codazo limpio un asiento en el viaje hacia el Infierno.
El cronista de La Nación peleó el scrum con el corresponsal de El Mundo, de España, Julio Fuentes Serrano, ex rugbier del San Carlos durante su adolescencia en la Escuela Argentina Modelo. Arriba, la advertencia: podría haber explosiones, la estancia sería breve y a distancia.
Al cruzar el Danubio, se veía claramente una enorme columna de humo que -luego se sabría- se extendía por unos 15 kilómetros, impulsada por el viento. Los ómnibus militares se detuvieron en Azotara, la fábrica de fertilizantes bombardeada en la noche del sábado, a un kilómetro de la incendiada planta petroquímica y de la destruida refinería.
Tres días de bombas
Adentro, su director, Minarem Dvindo, se mostró "estupefacto" porque en sus 37 años en la fábrica "no esperábamos ver lo que vimos en estos tres días" de bombas. Pero él mismo se desmintió al reconocer que "15 días antes de que los ataques empezaran tomamos medidas para evitar posibles catástrofes". Básicamente: evacuar las 25.000 toneladas de amoníaco depositadas allí.
Slobodan Tosovic, médico experto en contaminación del Instituto de Salud Pública de Belgrado, fue más contundente: "En una noche provocaron una polución equivalente a la de un año". Sin embargo, tuvo que reconocer que el peligro había pasado, gracias al viento.
Hubo -dijo- 50 intoxicados leves en Pancevo. Vías respiratorias y ojos sufrieron más y los periodistas, llevados de paseo por la planta, lo comprobaron personalmente: soportaron unos pocos minutos de una penetrante brisa de plástico quemado, se subieron al ómnibus y se negaron a bajar de nuevo.
Para Tosovic, Grecia, Rumania, Hungría y Austria pagarán las consecuencias de la contaminación global y del petróleo que cayó al Danubio. Enumeró con detalle las sustancias químicas liberadas por la combustión de las bombas, entre ellas el VCM, del que se extrae el muy tóxico y cancerígeno PVC. Dijo que varias de ellas (amoníaco incluido) habían sido utilizadas como armas químicas, con lo que desmintió al director de la planta, que había asegurado que sus productos no podían tener un uso militar.
Mientras se largaba a llover sobre la negra nube que salía de la petroquímica, Dragan Bijelovic, el inspector en jefe del Ministerio de Ecología y Protección del Medio Ambiente de Serbia, repitió el discurso que dos días antes había pronunciado ante periodistas argentinos e italianos. Fue la confirmación de que no había ocurrido la catástrofe que predijo entonces.
Los periodistas volvieron cansados, tosiendo y sin primicias. Los vecinos de Pancevo se quedaron respirando humo y Belgrado acabó el domingo pensando en la posibilidad de un cáncer a largo plazo.


