
Recuerdos de un secuestro
Un piloto de Aerolíneas y su experiencia con guerrilleros
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El 20 de octubre de 1973, Pedro Rossi tenía 25 años y era comisario de a bordo de Aerolíneas Argentinas (AA). Ese día, el vuelo Buenos Aires-Santa Fe-Salta, un Boeing 737 con 44 pasajeros y seis tripulantes, fue secuestrado por cuatro personas, uruguayos todos e integrantes, dijeron, del movimiento terrorista Tupamaros. Los delincuentes querían ir a Cuba, pero terminaron, 36 horas después, en la localidad boliviana de Yacuiba.
No hubo muertos. No hubo heridos y Rossi, actualmente comandante de AA y de 53 años, accedió a contar aquellos episodios a LA NACION.
"Descendíamos en Santa Fe cuando nos secuestraron. Le apuntaron al piloto y al copiloto con un arma calibre 22 y a mí me hicieron llevar a los pasajeros al fondo y leer la consigna por el micrófono: querían ir a Cuba."
-¿Cuántos eran?
-Cuatro, dos hombres y dos mujeres. Una de ellas, a la que le decían Negrita, era la que mandaba, la otra chica era medio tontita y los hombres estaban con el comandante, pero nosotros no teníamos contacto.
- ¿Qué dijeron?
-Que el avión estaba secuestrado. Nosotros, después, encontramos entre las pertenencias de ellos un diario El Mercurio, de Chile, que hablaba del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende y supusimos que venían escapando. Sí me acuerdo de que no tenían idea de cómo pilotear un avión. Bueno, el caso es que aterrizamos un rato después en el aeropuerto de Tucumán. Allí apagaron los motores y rato después volvimos a despegar. Yo me puse mal porque me parecía que no había combustible. Finalmente aterrizamos en Yacuiba y no quisieron bajar del avión.
-¿Y qué pasó?
-Allí pude hablar con el comandante, Alberto Gueli, y me confesó que no nos quedaba nada de combustible. Me dijo: "Era esta pista o los cerros". Lo bueno es que los pasajeros estaban tranquilos. Había un ciudadano francés, una mujer con un bebe, el secretario de la Cámara de Diputados de Santa Fe, un diputado del Frejuli, un sindicalista, Adolfo Medina, secretario general de la Unión Ferroviaria, que estaba con la patota sindical, armados hasta los dientes.
-¿Cuál fue el peor momento?
-Cuando esa noche, en Yacuiba, nos tiraron piedras que, al principio, parecían disparos. Fue muy angustiante, pero nos calmamos cuando nos dimos cuenta de que eran piedras. ¿Sabe por qué estábamos en Yacuiba? Porque el jefe de base de Salta alcanzó a avisarle al piloto que la orden de Juan Domingo Perón -presidente de la Nación-, si aterrizábamos en suelo argentino, era balear las ruedas del tren de aterrrizaje y, si no se entregaban, tirar al interior. Finalmente los tipos se entregaron y no hubo heridos.


