
Se disolvió la alianza opositora de México
El PAN confía en sí mismo para las elecciones del 2000.
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Era agua y aceite. Un matrimonio por conveniencia. Y murió en las vísperas, víctima de sus contradicciones. Ya no habrá alianza opositora en México o, como quiso llamarse, Alianza por México. Es decir, una alternativa en las elecciones presidenciales de julio del 2000 frente a la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La Alianza por México, formada por ocho partidos, quedó finalmente disuelta como la nieve al sol, por más que contara con el respaldo del 63 por ciento de la gente, a raíz del rechazo del Partido Acción Nacional (PAN), uno de sus socios mayoritarios, a la propuesta de un grupo de 14 notables, llamado Consejo Ciudadano, y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a combinar encuestas con elecciones abiertas para la nominación del candidato presidencial. Una fórmula complicada.
Esa tercera vía, como supo denominarse la cuña entre la tentativa del PAN de privilegiar los sondeos (Vicente Fox tiene el 60 por ciento de popularidad) y la idea fuerza del PRD de promover elecciones primarias (Cuauhtémoc Cárdenas araña el 20 por ciento) naufragó en mares encrespados, dejando un vacío que en un país como México sólo el PRI puede llenar.
En el PAN, sin embargo, confían en que Fox por sí mismo derrote al aparato partidario y gubernamental que dejará el presidente Ernesto Zedillo, intérprete en el PRI del reclamo de las elecciones abiertas sin precedente en las que se enfrentarán, el 7 de noviembre, Francisco Labastida, ex secretario de Gobernación, y Roberto Madrazo, ex gobernador de Tabasco, favoritos entre cuatro precandidatos.
Los dos, distanciados en la superficie por un ping-pong de desplantes, saben que la ruptura en la oposición abre un claro del que obtendrán ganancia de pescadores.
Pases de desencantados
Los desencantados del PAN, por el personalismo de Fox, y del PRD, por el caudillismo de Cárdenas, no harán más que volver al PRI, según conjeturó una fuente partidaria en un diálogo con La Nación . Su razonamiento es que el PRI, en el poder desde 1929, vio nacer y morir a más de una generación de mexicanos.
Tras la ruptura, los reacomodamientos podrían beneficiar a Cárdenas, hoy tercero detrás de Labastida o Madrazo, por el PRI, y Fox, por el PAN.
Será, en principio, un blanqueo de la oposición: la izquierda, el PRD, volverá a la izquierda y la derecha, el PAN, volverá a la derecha.
Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas (presidente entre 1934 y 1940), comenzó a bosquejar un borrador de la alianza con el PAN en 1994, poco antes de su derrota frente a Zedillo, según la revista Proceso. La idea era que Fox, luego gobernador de Guanajuato, ocupara un lugar de preeminencia en el Congreso si el perredista, ya derrotado en 1988 por Carlos Salinas de Gortari, ganaba la presidencia.
La Alianza buscó modelos fuera del país, como su par argentina. Alberto Flamarique, uno de los jefes de campaña de su homónima nacional, dijo a La Nación que, invitado por el National Democratic Institute (brazo internacional del partido de Bill Clinton), dio una charla en el Distrito Federal sobre la experiencia en nuestro país, pero advirtió que, cara y ceca con el Frepaso y la UCR, las diferencias eran notorias entre el PAN y el PRD. También participó un representante de la Concertación, de Chile.
Diferencias notorias
Tan notorias eran las diferencias que, en medio de las negociaciones, Cárdenas tildó de cabeza hueca a Fox y, a su vez, Fox tildó de inepto a Cárdenas. Ya formalizado el quiebre, el presidente del PAN, Diego Fernández de Cevallos, no descartó la posibilidad de que la Alianza sobreviva por medio de coaliciones parciales. "No se va a acabar el mundo", describió. En el PRD, el ánimo rozaba el piso: "El PAN está dándole cristiana sepultura a la Alianza", sentenció su secretario general, Jesús Zambrano.
Voceros de uno y de otro señalaron a La Nación que la estrepitosa derrota de la Alianza frente al PRI en las elecciones del domingo en el Estado de Coahuila no influyeron en la decisión. El PAN, en realidad, temía que el fantasma de un fraude ensombreciera el proceso.
Primaron, en todo caso, los intereses personales sobre los partidarios. "¿Por qué vamos meternos en una alianza que no puede ganar si podemos ganar solos?", se preguntó Rolando García, dirigente del PAN, en un diálogo telefónico con La Nación . ¿Podrán?






