
Se firmó el acuerdo de paz en Irlanda del Norte
Es el primero y más concreto paso para poner fin a siglos de disputas en el Ulster
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BELFAST.- La paz dejó se ser una utopía en Irlanda del Norte. Un acuerdo que pone las bases para un arreglo duradero a siglos de sectarismo en esta provincia fue concluido ayer, más de 17 horas después de la fecha límite que se había establecido.
Pero mucho antes de lo que hasta el más optimista hubiera imaginado hace sólo un año. Y con alcances nunca antes sospechados, como el del reconocimiento de la autodeterminación de los nordirlandeses por parte de la República de Irlanda, que hasta ayer reclamaba con firmeza la soberanía de sus seis condados.
Siete partidos políticos, dos primeros ministros en ejercicio (el británico Tony Blair y el irlandés Bertie Ahern), un ex senador norteamericano (el presidente de las negociaciones, George Mitchell) y sus segundos, el general canadiense John de Chastelain y el ex jefe de gobierno finlandés Harri Holkeri hicieron falta para resucitar en una tarde histórica de Viernes Santo la esperanza de cerrar la mayor herida que permanecía abierta en el corazón de la Unión Europea.
"Este, sin embargo, es sólo el principio -advirtió un emocionado Tony Blair al final de una maratónica sesión de pulseadas políticas-. Está lejos de ser el final.
Hoy tenemos sólo la sensación de tener el gran premio frente a nuestros ojos. Pero el trabajo para ganar ese premio continúa. Lo que no podemos hacer es dejar que se nos escurra de las manos".
El mandatario británico, que tres días antes debió viajar de urgencia a Belfast para salvar el proceso de paz de lo que parecían ser sus ruinas, dijo ayer que espera que "el peso de la historia pueda finalmente ser levantado de nuestros hombros. Tomará más coraje del que hemos demostrado hasta ahora, pero esto no significa que tiene que haber más dolor".
Su colega irlandés, que debió abandonar el entierro de su madre el jueves para garantizar el avance de las negociaciones, consideró que lo alcanzado "es una victoria para la paz y para la democracia. Políticamente hemos aprovechado esta iniciativa. Le dimos estructura y base. Para hacerla funcionar hace falta el apoyo de todos -subrayó-. Y ese apoyo hay que darlo ahora o nunca".
Idas y venidas
Sus palabras derritieron horas de tensión, especialmente entre aquellos que hasta hace poco se miraban sólo a través de la mira de una ametralladora -como los ex paramilitares protestantes Billy Hutchinson y David Ervine y quien fue durante años el estratego del IRA, Martin McGuinness- y que ahora se encontraban, no sólo sentados codo a codo en la gran sala de reuniones del castillo de Stormont sino también aplaudiendo los argumentos de una misma persona.
Quien vio sólo esta escena tiene derecho a pensar que los avances y retrocesos de los últimos tres días fueron una simple maquinación de la prensa.
A las 17 de ayer, sin embargo, la historia había sido distinta. Con el documento de 69 páginas sobre la mesa para su firma, un malentendido precipitó una rencilla interna en las filas del partido mayoritario, el Unionista del Ulster, que estuvo a punto de tirar todo por la borda.
Una versión había circulado según la cual David Trimble había aceptado, por no leer "la letra chica", que los paramilitares no decomisaran sus armas.
Con cientos de seguidores reclamando su cabeza, el líder unionista corrió a pedir una aclaración. Blair salió a dársela, pero Trimble creyó necesario que alguien cercano al sector nacionalista -pero neutral- también confirmara el punto.
John Hume, el líder del principal partido católico, el Socialista Democrático Laborista, había charlado minutos antes por teléfono con Bill Clinton para invitarlo a visitar la provincia y propuso, por lo tanto, su nombre. Trimble consintió.
Fue así como, sobre la línea de llegada, el jefe de Estado norteamericano se vio involucrado en las negociaciones, dando reaseguros desde el otro lado del Atlántico a la mayoría protestante. Trimble colgó el teléfono móvil anunciando que la "unión (con Gran Bretaña) ha quedado más fortalecida que nunca".
Nuevas instituciones
La superación del último obstáculo permitió la distribución de un documento que establece profundos cambios constitucionales para todas las islas Británicas.
El texto, que se repartirá a cada uno de los hogares irlandeses a partir de pasado mañana y se pondrá a referéndum probablemente el próximo 22 de mayo, establece:
- La aceptación por parte de Irlanda del derecho a la autodeterminación de los nordirlandeses. Para ello se hará una enmienda a los artículos 2 y 3, que reclaman la soberanía de la provincia y esto se pondrá, a su vez, a referéndum.
- La abolición por parte de Gran Bretaña de su Acta de Gobierno de Irlanda del Norte y el establecimiento de un nuevo paquete de leyes que incorporarán el nuevo perfil constitucional del Ulster.
La creación de una asamblea de 108 miembros elegidos por representación proporcional.
- Esta asamblea tendrá poderes para legislar y será dirigida por un ejecutivo de 12 miembros. Su responsabilidad inicial será la instauración de un Consejo Ministerial Norte-Sur para dirigir la cooperación entre Ulster y la República. Para evitar que los unionistas dilaten su formación, se dejó en claro que la asamblea será disuelta si no lo hace en un año.
- La instauración de un Consejo de las Islas del que participarán representantes, no sólo de la República de Irlanda y del Ulster sino también Inglaterra, Escocia y Gales.
Por más que fue diseñado para satisfacer a todas las partes involucradas, queda claro que quien ha quedado con el "hueso" más duro por roer ha sido Sinn Fein.
Su presidente, Gerry Adams, dijo que se tomarán tiempo "para reflexionar", pero sostuvo que permanecen "totalmente comprometidos con el proceso de paz" y hasta "tendió la mano de la amistad" a sus rivales unionistas.
El porqué del milagro
¿Cómo es posible que lo que no pudieron decenas de generaciones se haya logrado ahora en cuestión de meses?
Las razones son múltiples, partiendo del hecho de que se trata, en realidad, del corolario de una serie de denodados esfuerzos iniciados con el simple gesto de una noche de noviembre de 1993, cuando John Hume -el verdadero arquitecto del proceso de paz- se animó a cruzar la vereda para estrechar la mano de Gerry Adams.
La llegada al poder del laborismo con una mayoría poderosa en Londres liberó al gobierno británico de las ataduras de un unionismo que los conservadores defendieron más por necesidad que por convicción. Para Blair, que ya demostró en Escocia y Gales su ímpetu modernista, Irlanda del Norte era, sin embargo, el gran desafío y es por eso que ayer no dudó en afimar que había sido "el día más feliz" de su vida desde la victoria que lo llevó a Downing Street.



