
Similitudes y diferencias
Cuando la Argentina y Australia compartían un pronóstico de prosperidad el futuro de ambas naciones entusiasmó a miles de inmigrantes. Hoy sólo Australia mantiene un bienestar generalizado y continúa seduciendo a miles de inmigrantes, entre ellos, argentinos
1 minuto de lectura'
Imagine usted que un siglo atrás dos embarcaciones similares surcaban el planeta, cada una desde otro rincón alejado del hemisferio sur, rumbo a un puerto desconocido llamado bienestar.
Desde hace un puñado de años los habitantes de uno de los barcos creen que han perdido el rumbo y cruzan el planeta para mudarse a la otra nave.
Ahora vemos que en su interior los barcos son distintos, dicen una vez allí.
Esta imagen nos ayuda a trazar los primeros rasgos de esta emigración.
Para los emigrantes, Australia representa una oferta tan atractiva como cargada de dificultades. Es decir, es uno de los lugares más elegidos y más desechados. Quien decida emigrar debe consultar, primero, el precio de los pasajes y aceptar que recibir visitas allí no será fácil. Además, es imprescindible saber inglés y el gobierno revisa con lupa a los nuevos inmigrantes.
En suma, intentarlo es similar a intentar ingresar a una gran empresa. Hay que presentar currículum, certificado de salud, antecedentes, recomendaciones, y luego ver si el perfil se ajusta a lo que la empresa necesita.
El resultado también es serio, intenso y gratificante.
Si Australia lo acepta, usted tiene lugar allí. Casi diría tiene trabajo, futuro.
Entonces lo que parecía sólo un filtro puede ser visto, también, como una ayuda para garantizar la satisfacción de ambas partes.
Hoy hay más de 15.000 argentinos que cambiaron el asadito por la BBQ.
En 1901 había 44. Cincuenta años después ya eran 249 y en 1971 esa cifra se había multiplicado por siete. La inestabilidad política y económica aceleró la emigración y en 1996 eran más de diez mil los argentinos residentes en Australia.
¿Hacia donde van los argentinos?
A Melbourne.
Como Andrea Shujman que emigró hace tres años. "Buscamos más organización y menos corrupción. Mario y yo dejamos parte de nuestra historia en Buenos Aires para llegar a Melbourne sin familia, amigos ni conocidos, sólo con nuestras visas de residencia permanente como Skilled Independent Migrants, nuestro hijo Dan de 4 años, 11 valijas y ganas de empezar de nuevo", dice Andrea a LA NACION LINE. "Aquí nació Axel, estamos trabajando en nuestras profesiones, compramos nuestra propiedad, conocimos amigos y disfrutamos cosas de la sociedad australiana".
Según el Censo australiano de 1996 el 85% de los nacidos en la Argentina obtuvo su certificado de ciudadanía australiana. Ese hecho fue algo más que un trámite para Andrea.
"En enero del 2003 nos dieron los certificados de ciudadanía australiana, la ceremonia fue en un parque público, muy emotiva, compartida con funcionarios de gobierno sin guardaespaldas ni choferes. Una banda de música y la BBQ australiana, típica acá como nuestro asado, estuvieron también presentes. En Melbourne encontramos un respeto especial por el ser humano, el valor de la palabra, no necesitas DNI para tener identidad; se puede confiar en la policía, podes entrar a un banco y no ves gente de seguridad, las casa no tienen rejas, las plazas y playas son espacios públicos que todos cuidan y disfrutan".
Según ese Censo de 1996 la tasa de participación laboral era del 62% entre los australianos y 69% en los argentinos.
Ese año había 10000 argentinos. En los últimos años esa cifra creció un 50%.
Y continúa el éxodo. No es masivo, es un lento goteo difícil de detener.
La mitad e los argentinos residen en el central Estado de New South Wales, pero el gobierno quiere tentar a los nuevos inmigrantes hacia zonas menos habitadas.
A Sydney.
Allí entrevisté a Alberto González, que fue como albañil y hoy ahorra dólares como decorador de interiores. Quiere volver y comprar una casa en Olivos, pero su esposa no quiere ese futuro para sus hijos y por ahora siguen allí. En su casa, en Sydney, le hablan en español a sus hijos, como hace el 77,4% de los argentinos que viven en Australia. Aunque pueden hablar en inglés eligen mantener el castellano como idioma familiar.
Quizás esa sea una forma de sentirse más en casa.
Hoy en Buenos Aires hay otro Alberto González. No solo se llama igual. Además, está esperando su visa para emigrar a Australia y sueña con criar a sus hijos allí.
Su admiración por Australia nació en un viaje que hizo su equipo de hockey en el año 2000. Al llegar pidieron consejos y la persona que los fue a buscar les dijo: Sean puntuales. No mientan, por más pequeña que sea la cosa. Y no hagan chistes o carguen a nadie por su aspecto o lo que fuera de su persona. "Nos dijo tres cosas que muy dentro de mí sabía que tenían que ver con nuestras dificultades como sociedad. Sin olvidar la claridad que luego entre premios y castigos. Quizás resumido en... respeto. Estuve un mes en Hobart, recorrí Melbourne, Sydney y Brisbane. Mi proyecto es vivir en Australia, no por que hayan estafado a mis padres sino por los hijos que espero tener, por la familia que quiero formar, por que quiero hacer un intento serio con mi vida".
La viveza australiana
Sydney ofrece el encanto de una vida moderna rodeada de construcciones antiguas y futuristas. En sus calles se reconoce el crecimiento ordenado de una ciudad que se expande pero no se amontona. Se reconocen, también, las actitudes de las personas que viven en ella. Alegres y ordenados, no buscan evadir controles asfixiantes sino que gozan una calidad de vida construida sobre la base del respeto al otro.
Cuando se respira día a día este clima se advierte claramente que cumplir con la ley beneficia, también, vaya aclaración, al que cumple.
Acostumbrados a que cambien las reglas del juego en la mitad de la partida los emigrados argentinos saben salir de cualquier aprieto. Esa creatividad es muy valorada. Sí. Siempre y cuando no signifique violar las normas.
Desde la embarcación que aún no ha amargado las expectativas de sus constructores nos llega un testimonio en nuestro idioma según el cual en una sociedad que se organiza sobre la base de la ley, para y por la mayoría, ordenada en el respeto al otro, la viveza criolla no solo no es necesaria, sino contraproducente.
Este mensaje nos llega en botellas arrojados al cyberoceano desde el barco que va adelante, rumbo a aquel puerto llamado bienestar.
diegomelamed@yahoo.com.ar
1- 2
Trump aseguró que Australia otorgará asilo a algunas jugadoras de la selección de fútbol iraní
- 3
La elección del hijo de Khamenei como nuevo líder supremo de Irán parece cerrar el camino a un rápido fin de la guerra
4Estados Unidos e Israel bombardearon un importante depósito de petróleo en Teherán: las impactantes imágenes



